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domingo, 7 de septiembre de 2008

Jorge Gómez Naredo ::Observaciones sobre el conflicto en la UdeG::

JORGE GÓMEZ NAREDO

Observaciones sobre el conflicto en la UdeG

La crisis amainó. Sí, la Universidad de Guadalajara parece regresar a la “normalidad”. El combate entre los dos grupos que se disputan el control de la máxima casa de estudios parece haber llegado a su fin. Carlos Briseño Torres perdió. O pronto perderá. O es muy difícil que gane. Muchos análisis se han hecho acerca de lo que se ha vivido estas últimas semanas en la UdeG. Unos se han realizado desde la óptica briseñista, otros, desde la padillista. Algunos más, sin tener filia ni fobia hacia los grupos en disputa. Valdría la pena, sin embargo, realizar algunas observaciones.

a) El enfrentamiento que devino en una crisis para la Universidad de Guadalajara no sucedió en la base, es decir, en el estudiantado, en el profesorado o en los administrativos de a pie: fue en la elite que lleva ya dos décadas dirigiendo la máxima casa de estudios de Jalisco; por ende, no arraigó en la comunidad universitaria. Es decir, la amplia mayoría de los universitarios no se decantaron por ninguno de los grupos en disputa, ya que éstos pertenecen a la elite y esa elite ha estado la mayoría de las veces alejada de la comunidad.

b) Carlos Briseño Torres siempre perteneció al Grupo Universidad. En sí, llegó a la rectoría gracias a ser uno de los hombres más leales a Raúl Padilla. Cuando se separó de éste, careció de calidad moral para atacarlo. Enarboló banderas como transparencia, democracia, legalidad y dignidad, ciertamente justas, pero en su persona había una contradicción: él, que siempre había sido parte de ese grupo, de repente se transformaba y cambiaba rápidamente la política autoritaria y las prácticas despóticas por discursos de pluralidad y democracia. Muchos no creyeron en Briseño ni en su súbita metamorfosis. Además, el grupo contrario utilizó esta contradicción para denostarlo. Y lo logró.

c) La mayoría de los estudiantes no hizo suyas las causas de Briseño ni de Padilla. Y tampoco se interesó en lo que sucedía en su universidad. Es decir, existe apatía por lo político-universitario: miles de alumnos ni se enteraron del conflicto. Parte de esta indiferencia se debió a la FEU, organización que dice representar a todo el alumnado de la UdeG pero no abona a la participación política estudiantil libre, plural y democrática. Al contrario, busca la cooptación de los jóvenes de la máxima casa de estudios de Jalisco.

d) Los académicos de la UdeG permanecieron en su mayoría callados durante todo el proceso conflictivo. La pugna interna del llamado Grupo Universidad fue, sin duda, una gran oportunidad para que los profesores e investigadores alzaran su voz, dieran su opinión y discutieran ideas sobre lo que está bien y mal en la Universidad. Pero no hubo intentos, o fueron mínimos. Parece ser que la comunidad académica tiene miedo de participar políticamente. Algunas notas periodísticas lo resaltaron: sí hay inconformidad con el estado de cosas, sí hay críticas hacia los padillistas y briseñistas (que hasta hace algunos meses eran lo mismo), pero no se alza la voz por el pánico a perder posiciones y puestos de trabajo.

e) El conflicto al interior de la UdeG (o de la elite que la domina) demostró que se precisa un cambio en la Ley Orgánica y en el Estatuto General de la máxima casa de estudios. La controvertida destitución de Briseño Torres indica que las leyes no son claras y que eso da motivo a procesos tan mal llevados y cuestionados como el que se vivió en el Consejo General Universitario (CGU) hace ya más de una semana.

f) Parece ser que la Universidad es un reflejo de la sociedad: no existe una verdadera representatividad. Los consejeros que se dieron cita en el Paraninfo de la UdeG el día en que se destituyó a Briseño, aunque formalmente representan a toda la institución, suelen tener poco contacto con la comunidad universitaria. Ahí estaba, por ejemplo, Samuel Romero Valle, que ni en el CGU ni en el Congreso estatal mantiene una relación con sus representados.

g) Para realizar un cambio en la UdeG se necesita un análisis que vaya más allá de rencores, disputas entre las elites y posiciones viscerales. No se puede negar, por ejemplo, la hegemonía de un grupo como es el encabezado por Raúl Padilla, su corporativismo, la falta de transparencia en el ejercicio de recursos públicos, su autoritarismo y un largo etcétera. Tampoco, sin embargo, se deben omitir ciertos logros que ha tenido durante los últimos años, como la FIL. Para llevar a cabo un cambio del actual estado de cosas, se precisa analizar detenidamente qué ha sucedido en la UdeG los últimos años y pensar cómo modificar lo que está mal y cómo potenciar lo que está bien.

h) El sistema por el cual se gobierna la UdeG requiere un cambio radical. Existe un problema en la representatividad. Igualmente, hay varios procesos de elección (como el nombramiento de rectores de centro, jefes de división y departamento, etcétera) que deberían ser votados por académicos, estudiantes y administrativos. Para que se llegue a una verdadera democracia en la Universidad se necesita una transformación en la forma de elegir a las autoridades. Solamente así, con cambios de fondo, se podrá decir que la UdeG es libre, plural y demócrata. Y se precisa que estas reformas se den pronto. Urgen, pues.

jorge_naredo@yahoo.com

domingo, 31 de agosto de 2008

Jorge Gómez Naredo :: La Universidad de Guadalajara: crisis sin democracia ::

foto: Cesar Huerta


La Universidad de Guadalajara: crisis sin democracia

El embrollo: lo legal y lo no legal

Ayer, la Universidad de Guadalajara amaneció en crisis y con dos rectores. El viernes pasado, el Consejo General Universitario (CGU) destituyó a Carlos Briseño Torres como rector general y en su lugar eligió a Marco Antonio Cortés Guajardo. Los consejeros universitarios que llevaron a cabo estas acciones argumentaron que Briseño Torres había cometido “faltas graves”. Según la Ley Orgánica de la UdeG, en su artículo 31, fracción VIII, el CGU tiene la facultad de “elegir al rector general, autorizar sus licencias, aceptar su renuncia y destituirlo por falta grave, en los términos establecidos por el Estatuto General”. En la polémica sesión, Carlos Briseño, en su calidad de presidente del CGU, decidió concluir la reunión por falta de acuerdo para el orden del día; sin embargo, la mayoría de los consejeros decidió lo contrario. Alfredo Peña, secretario general de la UdeG, continuó la sesión como presidente del CGU y se acordó la destitución de Briseño Torres y del vicerrector Gabriel Torres Espinoza.

¿Es posible continuar una sesión cuando el presidente del CGU la dio por concluida en contra de la mayoría de los consejeros? El Estatuto General de la Universidad de Guadalajara (un documento que aclara puntos de la Ley Orgánica) no especifica si es legal o no que el presidente del Consejo dé por finalizada una sesión si no se aprueba el orden del día. Determina que un dictamen puede ser suspendido por falta de quórum, por desórdenes, por acuerdo de dos terceras partes de los consejeros, por moción suspensiva y por receso. Pero esto es solamente para un dictamen, no para una discusión sobre el orden del día. Así pues, existe un problema: ¿fue legal o no que Briseño haya suspendido la sesión? La respuesta no es clara.

Ahora bien, ni la Ley Orgánica ni el Estatuto General de la UdeG establecen cómo (el proceso formal) y bajo qué argumentos el CGU puede destituir al rector. Tampoco indica qué se debe entender por “falta grave”. Así pues, ambos bandos (los briseñistas y los anti-briseñistas) pueden jugar con las leyes, manejarlas e interpretarlas a su antojo. Pero no hay certidumbre acerca de la legalidad: por eso hoy la Universidad tiene dos rectores y los argumentos de ambos pueden ser válidos y pueden ser, al mismo tiempo, inválidos. Un desgarriate, pues.

Lo que ha sido y es

Para nadie es una misterio lo que ha sucedido en la UdeG en las últimas dos décadas. Un grupo se ha consolidado y detenta la mayoría de los puestos de alto nivel. El líder máximo de ese grupo es Raúl Padilla López. Uno de sus hombres más cercanos hasta hace poco tiempo era Carlos Briseño Torres. Este grupo denominado “Universidad” se ha movido entre lo “positivo” y lo “negativo”. Por un lado ha formado eventos culturales tan importantes como la Feria Internacional del Libro, que es reconocida a nivel mundial y, por el otro, ha organizado un sistema corporativo que impide a otros grupos políticos tener peso dentro de la UdeG; es decir, niega pluralidad y libertad de participación al interior de la casa de estudios.

Lo social, lo político y lo universitario

Una comunidad universitaria está conformada por los cuerpos académicos, los estudiantes, los ex alumnos, las autoridades, los administrativos y todos los demás trabajadores de la institución: desde el intendente más humilde hasta el rector. Las universidades públicas son patrimonio de la sociedad, porque es ahí donde se educa a la población, donde se produce y de donde se divulga el conocimiento. Las universidades deben ser autónomas y los conflictos a los que se enfrenten precisan ser solucionados por la misma comunidad universitaria.

La participación política dentro de las universidades públicas necesita ser una constante, pues a través de ella se enseña: la democracia no puede quedar excluida de estas instituciones educativas. Por eso resulta lamentable que en la UdeG la participación política sea poca: estudiantes, académicos y trabajadores poseen mínimos espacios para desarrollar su participación política-universitaria. Quizás no los han conquistado; quizás les han sido robados; quizás no les interesen.

La elite que actualmente domina la UdeG y que en muchas ocasiones toma decisiones que van en contra de los intereses de los universitarios y de la misma Universidad, existe porque la comunidad universitaria no ha luchado por la pluralidad y la democracia dentro de la casa de estudios. El estudiantado es fácilmente manipulable. El viernes pasado, cientos de alumnos de preparatorias y centros universitarios llegaron a la rectoría para gritar y apoyar, para “echar desmadre”, pero no para participar políticamente de manera libre e informada: no sabían por qué estaban ahí. La participación de la comunidad universitaria en los asuntos que le conciernen (y también en los de su entorno sociopolítico) es imprescindible. Y ahora no se ve, o se ve débil, o muy disminuida.

La UdeG no puede estar secuestrada por una elite ni entrar en crisis por una escisión en esa misma elite. La comunidad universitaria debe reivindicar su participación política, su derecho a decidir, a tener voz y a no ser discriminada por su forma de pensar. La cuestión no es eliminar a un grupo político hegemónico para que llegue otro grupo político hegemónico. Lo principal es que existan muchos grupos en libertad de opinar, de elegir y de decidir: en pocas palabras, una verdadera democracia. Por eso hoy lo importante no es quién quede, quién sea el legítimo rector; lo importante es que sea la comunidad universitaria la que decida el futuro de la institución. Una institución, vale la pena recordar, siempre asediada por la derecha y los grupos oligárquicos, los cuales no soportan que el pueblo se eduque, piense, reflexione y critique, es decir, que el pueblo sea libre.

jorge_naredo@yahoo.com

domingo, 9 de marzo de 2008

Mario Di Constanzo en el CUCSH


Por este medio me permito informarles que la plática del Secretario de la Hacienda Pública, Mario di Constanzo, será el próximo



MARTES 11 DE MARZO, A LAS 10 DE LA MAÑANA, EN EL

AUDITORIO ADALBERTO NAVARRO, DEL CENTRO

UNIVERSITARIO DE CIENCIAS SOCIALES Y HUMANIDADES

DE LA UNIVERSIDAD DE GUADALAJARA.

Esta conferencia es organizada por estudiantes del citado Centro Universitario, pero es abierta a todos aquellos que quieran y puedan asistir. El tema es El petròleo como parte de la riqueza nacional.

Les pido a todos que pasen la voz, difundan esta invitaciòn entres sus contactos y hagan un esfuerzo por asistir (ya que es horario laboral), y que tomen nota del cambio de horario.

Muchas gracias

José G. Zamarripa de la Peña


::Democracia Ya, Patria Para Todos. Apoyando al Peje en 2008::