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domingo, 17 de agosto de 2008

Jorge Gómez Naredo :: El cinismo de los de arriba ::

JORGE GÓMEZ NAREDO

El cinismo de los de arriba

Mucho cinismo, demasiado cinismo, un montón de cinismo. El gobernador, los jefes de los partidos políticos y la elite del empresariado jalisciense hablan en nombre de la sociedad, del pueblo, de la gente, del bien del estado: juntos defendiendo lo que beneficiará a la entidad. Pero todo es cinismo, demasiado cinismo, un montón de cinismo.

Emilio González Márquez decidió presentar ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación una controversia constitucional contra la reforma electoral del estado de Jalisco. Y lo hizo, dijo, por el bien de la sociedad, porque él “escucha los reclamos ciudadanos que exigen un manejo eficiente del gasto, y porque debemos hacer que esta administración pública se oriente, cada vez más, a criterios y reglas de austeridad”. Eso mencionó, eso argumentó, eso concluyó. Pero la realidad lo desmiente. El gobierno que encabeza se ha caracterizado por infinidad de pifias y por el despilfarro de los recursos públicos: pingues donaciones a Televisa, TV Azteca y a la Arquidiócesis de Guadalajara, gatos excesivos, sueldos millonarios para la alta burocracia, viajes al extranjero, etcétera. ¿Dónde está la austeridad? Mucho cinismo, demasiado cinismo, un montón de cinismo.

González Márquez ni escucha ni ve “los reclamos ciudadanos”. Ahí están los pobladores de Temacapulín que dicen no a la construcción de la presa El Zapotillo, que reclaman y reclaman y nunca son escuchados. También diversas organizaciones ciudadanas han mostrado su inconformidad hacia las actitudes autoritarias del gobernador, y éste: calla, no escucha. ¿Dónde queda, pues, la sensibilidad hacia “los reclamos ciudadanos”? ¿No será que el gobernador entiende como ciudadanía sólo y exclusivamente a unos cuantos empresarios?

Los partidos políticos están en crisis, de ello no cabe duda. Se supone que fungen como vías por los cuales la gente puede acceder a diversos cargos de representación popular, pero esto no pasa. Se alejan cada día más de los piensos ciudadanos, de lo que quiere y desea el pueblo. Esta crisis, sin embargo, no les impide buscar mayores recursos económicos y defenderlos con tesón y ahínco, ese mismo tesón y ese mismo ahínco que les falta cuando se trata de defender los intereses supremos del pueblo. Los líderes de los partidos políticos se dicen cercanos a la gente: hablan y hablan y en sus discursos ensalzan a la gente, la representan, tienen un compromiso con ella. Mucho cinismo, demasiado cinismo, un montón de cinismo.

Los miembros de la elite empresarial jalisciense también se dicen representantes de la sociedad. Ellos son los ciudadanos, ellos luchan por las causas justas y ellos tienen el derecho a ser escuchados y siempre tomados en cuenta por las autoridades. Hablan de democracia y de justicia, de honestidad y de lucha contra la corrupción. Se inconforman contra la ley electoral que aumenta el presupuesto a los partidos políticos, pero no mencionan palabra alguna cuando se sabe que ellos, los honestos entre los más honestos, reciben como “subsidios” borbotones de dinero de las arcas públicas.

Pablo Lemus, líder de la Coparmex Jalisco, al conocer la decisión de González Márquez de interponer una controversia constitucional contra la ley electoral del estado, declaró: “El señor gobernador ha decidido jugar en la cancha de los ciudadanos y no de los partidos políticos. El gobernador se dio cuenta de las graves afectaciones que tenía esta reforma electoral, que a todas luces va en contra del espíritu democrático de la reforma electoral federal, al tener graves afectaciones en el presupuesto estatal, dando mayores recursos para los partidos políticos, [lo] que definitivamente descuidaría los proyectos productivos y sociales del estado”. Sí, ellos, la elite empresarial, un bastión en la defensa de la democracia. Ellos, que no observaron ninguna irregularidad en el proceso electoral fraudulento de 2006 y que cada tres años invierten dinero en candidatos para, cuando éstos accedan al poder, tengan un trato preferencial (digamos, de gente bien, de gente VIP). Ellos, los demócratas. Mucho cinismo, demasiado cinismo, un montón de cinismo.

La elite jalisciense (la empresarial y la política) está en guerra. Pero una guerra interna, entre ellos mismos. Todos se dicen representantes de la sociedad, todos argumentan actuar por el bien de la gente, del pueblo. Sin embargo, nunca le preguntan a la sociedad su parecer: qué piensa, qué quiere, qué desea. Claramente, los de arriba demuestran mucho cinismo, demasiado cinismo, un montón de cinismo.

jorge_naredo@yahoo.com

domingo, 3 de agosto de 2008

Jorge Gómez Naredo -Opinión-

ORGE GÓMEZ NAREDO

El empresariado: los nuevos luchadores sociales

Ahora resulta que uno de los sectores políticamente más retrógrados de Jalisco se ha convertido en el adalid de las causas justas y progresistas de la sociedad, en el defensor de la ciudadanía. Sí, los empresarios, que siempre buscan mayores beneficios económicos y luchan denodadamente por su “derecho” a mantener en la miseria a sus trabajadores, han puesto un hasta aquí al gobernador. José María Andrés Villalobos, presidente de la Cámara Nacional de Comercio de Guadalajara (Canaco), ha dicho: “No somos políticos ni tenemos pretensiones, por lo que hacemos un llamado a la sociedad para hacer un alto. No podemos caer en una dictadura del Poder Legislativo, es todavía mucho más grave, porque son actualmente 40 dictadores que lanzan la piedra y esconden la mano y no tenemos a quién hacer responsable”. Vaya, la sociedad entera debería estar agradecida. Por fin, los empresarios se han convertido en nuestros salvadores: los esperados Mesías de traje y corbata han llegado a estas tierras.

¿Qué dijo la Canaco en 2004, cuando la policía, bajo órdenes de Francisco Ramírez Acuña, golpeó, humilló y encarceló a cientos de jóvenes que solamente se manifestaron por un mundo más justo?, ¿cuál fue la reacción de la Canaco cuando, en Jalisco y en todo México, se organizó un fraude electoral (es decir, cuando se violentaron los avances democráticos en el país) para impedir que Andrés Manuel López Obrador llegara a la Presidencia de la República?, ¿dónde ha estado la Canaco en las luchas ciudadanas contra la construcción de la presa de Arcediano, un proyecto que llenará las tuberías de las casas tapatías con agua putrefacta y peligrosa para la salud?, ¿acompañó la Canaco a los ciudadanos que salieron a las calles para impedir que el gobernador continuara regalando dinero público a la Iglesia católica?, ¿acaso la Canaco se ha unido a los vecinos del parque Morelos que luchan por el derecho de vivir donde han vivido siempre, de habitar las casas que siempre han habitado?, ¿los miembros de la Canaco han asistido y apoyado a los pobladores de Temacapulín, pueblo que, además de ser pobre, ha cometido el peligroso delito de fundarse cerca de donde se construirá la presa de El Zapotillo?, ¿dónde está la Canaco en la lucha que millones de mexicanos están dando para impedir la privatización de Pemex? Pero ya, ahora, pronto, están trabajando por defender los derechos de la sociedad, la cual, entera, debería estar agradecida. Por fin, los empresarios se han convertido en nuestros salvadores: los esperados Mesías de traje y corbata han llegado a estas tierras.

Javier Gutiérrez Treviño estuvo anteayer en la conferencia de prensa donde los empresarios jaliscienses amenazaron con dejar de invertir en la entidad si no se daba marcha atrás a la reforma electoral. Quizá Gutiérrez Treviño sea el icono de esos empresarios comprometidos con la sociedad, sensibles a las causas más nobles del pueblo. Por ejemplo, cuando el niño Miguel Angel López Rocha murió intoxicado por fuertes cantidad de arsénico que ingirió de las aguas del río Santiago, negó que éstas estuvieran contaminadas y dijo que él se tomaría un “buche” del pestilente río para demostrarlo. También se ha preocupado siempre por el pensar de la sociedad y ha dado consejos, muchos consejos. A los del parque Morelos les dijo: no insistan en sus demandas, porque les va a pasar como “aquellos ‘amigos’ de los machetes con el aeropuerto, que quisieron presionar tanto al gobierno que al último se quedaron sin miel y sin jícara”. Sí, ahí está, nítida, clara y diáfana la estrecha relación de este grupo con el pueblo. La sociedad entera debería estar agradecida. Por fin, los empresarios se han convertido en nuestros salvadores: los esperados Mesías de traje y corbata han llegado a estas tierras.

La reforma electoral aprobada en el Congreso local, sin duda, es un exceso respecto al incremento del financiamiento a los partidos políticos. De eso no cabe la menor duda. Pero también no incentiva la participación ciudadana a pesar de crear el Instituto Electoral y de Participación Ciudadana. Aquí los empresarios no dicen nada, callan, hacen silencio. Pero estas nimiedades no les impiden convertirse ahora en los nuevos adalides de la ciudadanía. En palabras de Pablo Lemus, de la Coparmex: “Hay dos caminos, el de un régimen de partidos o [uno] de ciudadanos”. Es decir, los ciudadanos son ellos y la ciudadanía dirá lo que ellos digan. Esa es su concepción, su manera de ver el mundo. Ellos, que no miran al pueblo y cuando lo miran, lo hacen con desprecio; ellos, que siempre buscan no incrementar los salarios de sus trabajadores; ellos, que piensan que por tener el capital todos les deben rendir pleitesía; ellos, que amenazan con irse con su dinero (y dejar sin trabajo a muchos jaliscienses) porque han iniciado una lucha contra el gobernador y el Poder Legislativo; ellos, que se creen dueños de México, ahora se han transformado en los caudillos de la democracia. Por eso, no cabe duda, la sociedad entera debería estar agradecida. Por fin, los empresarios se han convertido en nuestros salvadores: los esperados Mesías de traje y corbata han llegado a estas tierras.

jorge_naredo@yahoo.com