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martes, 19 de febrero de 2008

Algunos Ejemplos

De Machetearte

Sobre la Privatización de PEMEX

Por Iván H.

A últimas fechas hemos escuchado mucho discurso (pero poca acción) en el tema referente a la posible privatización que el gobierno federal (con el apoyo de una propuesta de reforma energética en una mano y en la otra el consenso en mayoría del pleno de la cámara de diputados) busca para PEMEX. Dada esta situación, los grupos de poder y las altas cúpulas de nuestro país han emitido sus pronunciamientos (nuevamente, mucho discurso pero poca acción) algunos a favor, algunos en contra, de lo que representaría este golpe a la economía de nuestro país.

Algunos de ellos, los que andan buscando la privatización, pretenden marearnos con palabras que no hablan mas que de los intereses personales que buscan obtener mediante la entrada e inversión del capital privado en el que quizá es el más grande negocio de la era presidencial panista. Mucha lana, poca conciencia histórica y más terrible aún, poca inteligencia, es lo que se pone a tela de juicio con cada uno de los discursos que los miembros de la bancada panista suelta en una franca diarrea verbal de choros y fastidiosas declaraciones sobre un hecho que seguramente habrá de perjudicar a todos.

Y es que al parecer, nadie se da cuenta de que lo que se propone al invertir capital privado en una paraestatal tan grande e importante como lo es PEMEX (la última de esa magnitud), es que el dinero invertido buscará obtener sus propias ganancias. No es tan difícil de entender.

Veámoslo así, con un ejemplo burdo: PEMEX al año invierte 1000 pesos y recibe 100 pesos de ganancias. Si el monto de la inversión fuera cubierto en un 100% por el Estado mexicano, el 100% de las ganancias se quedarían para PEMEX y de ese porcentaje de ganancias es de donde se obtiene el dinero que representa cerca del 40% del PIB de la economía nacional, mismo que es utilizado por el gobierno para ser distribuido en las grandes necesidades de nuestro (ya de por si fregado) país. Ahora bien, si le entro con 200 pesos a la inversión, estoy siendo partícipe del 20% del capital que se está invirtiendo (del cual espero obtener ganancia, porque si no ya no es negocio) y, por lo tanto, cuando venga el balance de las cuentas, del 100% hay que reducirle el 20% que representan las ganancias de mi inversión. De este modo, PEMEX se queda con 80% (80 pesos) y el 20% restante (20 pesos) es para el inversionista. Luego entonces, evidentemente 80 pesos ya no son el 100% de las ganancias, sino que está reduciéndose el porcentaje, lo cual puede llevar a dos escenarios: 1) que la industria petrolera se vea afectada de igual forma con o sin la entrada del capital privado y que tengamos el riesgo de colapsar la economía nacional puesto que PEMEX aporta casi la mitad del dinero que existe en nuestro país, mismo que será repartido entre los nuevos socios, quienes obtendrán sus ganancias, pero le quitan una buena tajada al pastelote; y 2) que el impacto por estas cantidades que se están alejando del presupuesto del gobierno se busquen recuperar mediante la creación de nuevos impuestos que lleven al traste no sólo a la economía del país, sino que aparte de todo, creen muchos más millones de pobres que no tendrán los recursos necesarios para sobrevivir.

Entonces señores de los poderes de esta gran nación, ¿a qué estamos jugando? ¿a ver quien se hace más rico? La desigualdad y la pobreza siguen y seguirán siendo el pan nuestro de cada día. Las palabras no alimentan a las personas (al menos no en el sentido físico). Los hechos no hacen más que despertar a un pueblo que cada día está más consciente de la realidad (afortunadamente). Expliquen bien qué es lo que quieren hacer, sin miedos ni tapujos. Total, a estas alturas, ¿a quién se le hace raro que la entrada del capital privado no es privatización? ¿a quién le quieren ver la cara? Emitan sus discursos de palabras huecas, pero estén conscientes que el pueblo ya no es tan tonto como para seguir creyendo sus mentiras y nos hemos dado cuenta de que el gran negocio que se traen entre manos es la venta de lo poco que le queda a este país.

miércoles, 30 de mayo de 2007

De Machetearte

Televisa Tiembla ante Fin de Dictadura en TV Venezolana


Por Lila Sarai

¿A qué le teme Televisa? A que la gente comience a luchar por la liberación de los medios de comunicación y que éstos sean otorgados al pueblo y para el pueblo.

Un ejemplo claro se presenta el domingo 27 de mayo, cuando termina la concesión del canal RCTV (Radio Caracas Televisión) de Venezuela, donde Marcel Granier y la familia Phelps (quienes hasta este día cuentan con la concesión del canal), se han enriquecido con la gestión de dicho medio. Este acto va a dar paso a la implantación de medios de comunicación de servicio público.

Esto personifica un peligro no sólo para los medios privados de este país sino que representa un ejemplo de sublevación para los pueblos de América por lo que los medios de comunicación nacionales e internacionales, regidos por el régimen neoliberal, han iniciado una campaña pro-satanización de la decisión de no renovar la concesión acusando este hecho de atentar contra la libertad de expresión. Ahí está la clave.

La concesión de RCTV se termina el domingo y el gobierno Venezolano simplemente no está otorgando la renovación de dicha concesión (lo cuál se encuentra dentro de sus facultades), lo que no quiere decir que esté quitándole sus derechos ya que dicho gobierno puede distribuir las concesiones de manera que queden equitativamente distribuidas y que sean de uso público.

Luego entonces, se inicia una batalla mediática por lograr la desinformación y “agarrarse de los receptores cómodos” en un modelo informativo que no deja lugar para ideas que se replanteen el neoliberalismo o el mercado dentro de los medios de comunicación.

La televisión y otros medios de comunicación se han convertido en un espacio de manipulación y de adquisición de ganancias a costa del dolor ajeno, de concesiones gubernamentales y de “darla circo al pueblo” sin importar si es o no la voz de éste.

El imperio siempre va a tratar de velar este derecho y lo consigue dando concesiones a empresas que sirvan a sus fines. Como ejemplo tenemos la llamada Ley Televisa, la cual no sólo da más poder al duopolio Televisa-TV Azteca, sino que prácticamente bloquea toda posibilidad de creación de nuevas estaciones y el cierre de otras tantas si no cumplen “ciertos requisitos”.

Con estas acciones se están condenando a los medios públicos ya que ésta ley deja bajo criterio de las autoridades el otorgar nuevas concesiones a radios y televisoras



que se sometan a un esquema que indica como ganador aquél que más dinero ofrezca.

¿Qué debemos hacer?,

Si nos remontamos al inicio de los medios de comunicación, la mayoría de éstos nacen en el seno de la sociedad y la expresión popular, es decir, cumplían la necesidad de comunicar los sucesos de la sociedad. La televisión empezó siendo testigo de acontecimientos sociales importantes y de cierto interés popular.

Posteriormente, al ir adquiriendo mayor fuerza y popularidad entre la sociedad, se empezaron a buscar nuevas formas de hacer “efectivo” ese medio hasta que se empezó a comprender que no sólo era un medio más sino una caja de poder, para manejar la información a favor o en contra de ciertas situaciones.

Con esto, Televisa toma como estandarte los conceptos (tergiversados por supuesto) de libertad de expresión y de prensa para convertirlos en el control de quién y qué se puede difundir.

El problema está en que dicho modelo se encuentra tan arraigado que muchas personas no ven materializado su derecho (real) a la libre expresión y a la libre adquisición de la información porque no ven la posibilidad de acceder a la utilización de los medios de comunicación, los cuales hasta ahora son prácticamente inalcanzables.

Entonces, es necesario que el pueblo haga a los medios y no los medios hagan al pueblo. Que la gente construya sus propios canales de comunicación que respondan a sus necesidades y que aseguren la verdadera libertad de expresión, la cuál no sólo garantice información veraz y crítica sino que permita el desenvolvimiento de la sociedad que lo maneja para servir a su desarrollo y a su crecimiento.

Mientras tanto hay que apoyar la decisión del gobierno soberano de Venezuela, rechazar las manipulaciones de Televisa e irse preparando para reconquistar el derecho a ejercer de manera democrática y popular los medios de comunicación masiva, ahora en manos de particulares venales como los Azcárraga y los Salinas Pliego.