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lunes, 9 de marzo de 2009

Participación de Paco Ignacio Taibo II

Participación de Paco Ignacio Taibo II, en el cierre de campaña de Tomás Pliego



http://www.youtube.com/watch?v=E_d_YqibaDc

Aqui Lo que quieres mostrar Aqui Lo que quieres ocultar(se mostrará al dar click en el botón"leer mas")

jueves, 26 de febrero de 2009

Historia de las Normales Rurales: un documental de Contralínea

En los últimos días las normales han dado una resistencia en varios estados del país. La derecha gobernante ha buscado por todos lados destruir esta formación y en complicidad con Elba Esther Gordillo, quieren desaparecer esta formación magisterial.

Difundan, cuestionen pero no dejen de verlo.

Primer video



Segundo video

martes, 24 de febrero de 2009

Un día de protestas

Bueno uno de los temas que más a generado encono sin duda son las obras de la delegación Miguel Hidalgo, donde gobierna Gabriela Cuevas, quien ha demostrado no solo su incapacidad para escuchar a los vecinos, sino que ha impuesto su ley. Hoy los vecinos se inconforman y en su comparecencia en la Asamblea Legislativa, demandan su remoción.

Aquí las imagenes:



Los transportistas Vs las alzas del Gordo Carstens

Después de meses en donde lo único que aumento en este periodo donde todo baja, fue el precio del diesel. A varios meses de aplicar el mismo procedimiento hoy nos encontramos con un precio que excede la capacidad de los consumidores (gran parte de los transportes pesados de carga se mueven por este energético).

Esto rompe con la de por si díficil situación económica y al romperla vienen las protestas. AMLO a denunciado la necesidad de bajar este y otros precios, pero ante la cerrazón solo queda la movilización

Aquí el video:

miércoles, 28 de enero de 2009

Por nuestra felicidad


Nos han robado la felicidad durante mucho tiempo, hemos sido testigos de como los cabecillas, los mafiosos, nos quitan el derecho de soñar. Porque esa palabra de nueve letritas es un derecho prohibido que no se pronuncia en México.

Los soñadores, los que se atreven a gritarlo a los cuatro vientos, son juzgados de locos, de hipocritas, de no querer y ponerle "piedritas" al "progreso de la nación". Pero no, nosotros somos los que amamos al país, lo defendemos, en pocas palabras, damos la vida por el.

Así que la lucha apenas comienza, nosotros nos embarcamos en un viaje buscando nuestros valores, nuestros principios, la verdadera felicidad. "La vida es demasiado corta para que la ensuciemos dejándonos dominar por lo superfluo, por lo que no tiene valor".

Consulta más fotografias en: Mirando al México de hoy

domingo, 30 de noviembre de 2008

Protesta por la promulgación de la reformas en materia energética

El viernes 28 de noviembre aparecieron publicadas las 7 reformas en materia de energía en el Diario Oficial de la Federación; el 28 de Octubre a fuera de San Lázaro la Resistencia Civil Pacifica se comprometió con el Presidente Legítimo Andrés Manuel a movilizarle el día que el usurpador Felipe Calderón promulgara las reformas petroleras y así se hizo. Los coordinadores de brigadas iniciaron la convocatoria desde las primeras horas del viernes, para realizar un “mitin relámpago” enfrente de Palacio Nacional a las 5:00 pm.

El mitin fue encabezado por Jesusa Rodríguez que quién con un megáfono y desde un banquito amenizó la tarde con consignas y recordando que no debemos perder de vista los contratos que se celebren en materia energética ya que estas reformas dejaban abiertas algunas rendijas a la privatización, la resistencia civil pacífica estará atenta. A pesar de que no se consiguió “el camioncito o el templete móvil”- como se le conoce- por falta de recursos y de que el acceso era difícil a la Plaza de la Constitución algunos miles asistieron a este llamado mostrando la fuerza y la capacidad de organización de la resistencia; También estuvieron al micrófono Ricardo Ruíz y Gerardo Fernández Noroña que en un principio no quería dirigir palabra alguna a los asistentes pero ante la insistencia de estos, el ya ex militante del PRD dirigió algunas palabras agradeciendo el apoyo brindado ante su salida del partido. Entre los asistentes estuvieron las diputadas Leticia Quezada y Aleida Alavez , el Secretario General del PRD DF Manuel Oropeza y varios elementos de la Policía Federal, policía capitalina y del Estado Mayor Presidencial.




jueves, 30 de octubre de 2008

Entre las horas de resistencia

Entre las horas de la resistencia

Desde las cuatro de la tarde del miércoles 22 de octubre la gente comenzó a llegar. Se reunía en el célebre Hemiciclo a Juárez. Con gritos de apoyo, aplausos y un intenso ondeo de las banderas, cantaba las canciones, aquellas viejas canciones ya clásicas de la revolución mexicana.

Se acercaba la hora y de las gargantas de las adelitas salían las consignas: “no tenemos miedo, tenemos valor, por eso luchamos con López Obrador”. Desde otro punto de la avenida Juárez retumbaban gritos que exclamaban, que decían: “Este es el pueblo de López Obrador, cuál es el tuyo espurio Calderón”.

La gente leía los carteles que otros llevaban, miraba el gran colorido de las banderas y pancartas que se aglomeraban desde los distintos puntos de un Hemiciclo en su máximo esplendor.

Eran las cuatro con cincuenta minutos, el tiempo transcurría sin detenerse. La gente festejaba, estaba lista para todo lo que pudiera ocurrir, pues sabía que era un momento histórico para el país. Los intelectuales ya estaban preparados. La estatua de uno de los mejores presidentes de México, Benito Juárez García, observaba a su pueblo. Ahí en ese preciso lugar de la avenida, las personas se concentraban, se alistaban para volver a reunirse con su líder, con su gente, con su país.

Entre la multitud se presentarón los poblanos y desde algún lugar salió una voz: “Le hubieran traído un regalito a Calderón”. María Rojo saludaba a la gente y desde la brigada de los estudiantes de la UNAM se escuchaba un mambo con un sabor muy resistente “AMLO, que chido es AMLO, AMLO, que chido es es es”.

El reloj continuaba su marcha, las nubes seguían su camino. La gente, esa gente observaba atenta hacia el templete, en el cual estaban listos brigadistas, diputados, senadores, intelectuales y AMLO que subía rápidamente entre los gritos y las consignas de apoyo. Ascendía con un rostro triste, pues momentos después pidió un minuto de silencio por el diplomático y secretario del Gobierno Legítimo Gustavo Iruegas que había fallecido horas antes de la asamblea. Ese minuto intenso y doloroso, ese minuto de gran tristeza, de sollozos entre la gente y grandes lamentos por el que se fue, por el compañero caído en esta batalla que sigue, que continúa.

La algarabía estaba a todo lo que daba. La asamblea continuó en marcha, como el reloj que seguía contando los minutos y las horas, horas intensas de la resistencia. El recuento: el Embajador Navarrete y el Senador Pablo Gómez hablaron los pendientes de la reforma debatida, se lograron cosas, pero no todo. Andrés Manuel planteó a la gente votar y tomar una decisión sobre el futuro del movimiento: 1) continuar con la resistencia o 2) conformase con la reforma energética avalada y fungir como una lupa ciudadana.

La gente votó, corrió, aceleró el paso. Manifestó su decisión en un voto. Un sufragio que a comparación del 2006, sería democrático y justo. Efectivamente así sucedió, después de algunas horas, se dieron a conocer los resultados: la gente decidió que la resistencia continuaría y se convocó para el jueves a las 7 de la mañana en el mismo lugar.











Y
al siguiente día, después de una noche intensa, las y los brigadistas se concentraron nuevamente en el Hemiciclo a Juárez. Las mujeres estaban más que listas, felices y dispuestas en continuar. El cielo estaba entre el azul y el blanco. Benito Juárez, representado en una estatua y flanqueado por dos ángeles miraba atentamente a la gente lista para proseguir con la resistencia. Y así, marcharon desde la avenida Juárez, dando vuelta por Eje central para después perderse por las múltiples calles que están alrededor de la vieja casona de Xicoténcalt.

Las mujeres igual que los hombres se colocaron en sus posiciones. Cubrieron las calles históricas del centro del corazón del país. Esa ciudad mounstrosa, esa ciudad de los más de ocho millones de habitantes, esa ciudad de gente consciente y pensante. La gente, se plantó, no se movió. El primer enfrentamiento: República de Cuba y Eje Central, en donde la PFP quiso romper el cerco, la gente no se movió. A pesar de los golpes recibidos, se plantó ahí, no se movió y evitó el paso de los camiones que transportaban a los senadores, quienes en punto de las once de la mañana, tenían una cita con la historia, pues aprobarían la reforma energética.

Si, aprobaron la reforma energética, pero no en el edificio de Xiconténcatl, sino en el de Reforma. Lo hicieron a pesar de la gente, que les recordó una y otra vez que estaban equivocados, que eran unos traidores, que no amaban a su país y que jugaban con el futuro de millones de mexicanos. Y no pudieron sesionar en el senado, en el verdadero senado, ese que tiene al verdadero caballito que por momentos estuvo secuestrado como el otro caballito, el de Sebastian que también ese mismo día se encontraba encerrado, atrincherado por decenas de granaderos. Sí, los granaderos que también forman parte del pueblo y que serán afectados aunque en ese momento se encontraran cuidando la integridad de la minoría rapaz, la de unos cuantos que decidían en contra de la voluntad de una gran parte del pueblo organizado.








El domingo 26 de Octubre en punto de las once de la mañana era la nueva cita para reencontrarse con la historia. El pavimento cercano al monumento a la revolución comenzó a cimbrarse. Las personas empezaron a llegar, caminando a paso veloz, desde niños hasta ancianos se concentraron ahí en ese edificio celebre donde se encuentran los restos de personajes que entregaron cuerpo y alma por este país. Personajes como Lázaro Cárdenas del Río que sin duda alguna estaría orgulloso del movimiento que encabeza junto a miles de mexicanos Andrés Manuel López Obrador. El “peje” como lo llaman sus simpatizantes estaba preparado junto a los que en ese momento se congregaban en un día caluroso, lleno de vendedores de paletas, que hicieron su gran Agosto en Octubre.

Ante una plaza inmensa, llena de gente, López Obrador comenzó su discurso. La gente bajó las banderas que en ese momento desplegaban como siempre su colorido y que por el nivel del viento se ondeaban triunfantes entre las cabezas de niños, niñas, jóvenes, adultos y ancianos. AMLO Fue el único que habló, pues tenía muchas cosas que decirle a su pueblo. Quería contarle lo que sucedería, hacerle un recuento de la lucha. Hablo, hablo y no paro de hablar. Tenía el discurso entre sus manos y lo dejo. Se salio de su alocución y como si fuera charla de café, prosiguió la conversación entre familia.

Platicó acerca de los logros de no permitir la privatización expuesta por Felipe Calderón, reconoció a los técnicos e intelectuales y destacó el porque de la campaña en su contra: “Por eso la rabia en contra nuestra. No permitimos el engaño. Se les está cayendo su numerito. Decían que no había privatización, pero no tardaron mucho en enseñar el cobre”.

El mitin continuaba, la gente respondía, era parte del encuentro. Obrador seguía, no dejaba de hablar, su ímpetu era impresionante y la gente, esa gente nunca perdió la atención. El calor de los rayos del sol pegaba en lo más hondo de la multitud. Las banderas se convertían en sombrillas y el comerciante de paletas no dejaba de hacer su Agosto. La gente nunca se fue, espero a pesar de la incandescencia del sol y cuando Andrés Manuel declaró en contra de los medios especialmente de Televisa, un señor con camisa amarilla en representación de la concurrencia grito: “Nosotros vamos contigo Andrés Manuel, nosotros te acompañamos”.

Así entre gritos, aplausos, canciones, marchas y consignas, la resistencia civil pacifica se llevo acabo. Fue una semana intensa, de las que se recordaran por muchos años, pues la gente salió a manifestarse, a dar señales de vida, pues en un país como México es muy difícil que los medios de comunicación le den importancia a miles de mexicanos, que por mucho tiempo salen a las calles para ser escuchados y son vistos como simples fantasmas, nunca aparecen en la tele, no cumplen con los requisitos. No son
“gente bonita”, rubia, blanca y con manicure reciente, tampoco no cumplen con el requisito más importante de todos: son seres pensantes, son seres en contra de sus intereses, los intereses de unos cuántos.

Texto: Zorro Tapatío

Corrección: ::Candelaria:: ::Alejandra::









sábado, 25 de octubre de 2008

Así defendemos el petróleo




Video tomado después del altercado sufrido por brigadistas con la PFP en la calle de Cuba y Eje Central.

viernes, 11 de julio de 2008

CONFERENCIA: "RESISTENCIA CÍVIL ORÍGENES Y PRESENTE"


Amigas y amigos del Círculo de Estudios del Centro Histórico, los invitamos a la conferencia: "RESISTENCIA CÍVIL ORÍGENES Y PRESENTE" que presentará el MTRO. JESÚS RAMÍREZ CUEVAS (Asesor del Gobierno Legítimo) el día viernes 11 de Julio, a las 19:00 horas en la Calle de Tacuba 53 a media cuadra del Metro Allende.

Entrada Libre

Los Círculos de Estudio son los espacios en donde la ciudadanía y el pensamiento especializado se dan la mano, estos espacios son posibles solamente si tú estás ahí. ¡Te esperamos!

martes, 1 de julio de 2008

Ni perdón ni olvido , 2 de Julio no se olvida

La Resistencia Civil Pacífica convoca a todos sus integrantes, a los convencionistas, brigadistas y a los hombres y mujeres libres de México, a participar en los actos que se llevarán a cabo los días 1º y 2 de Julio, con motivo de cumplirse 2 años del Fraude electoral de 2006.

· Martes 1º de Julio: "Ni perdón ni olvido", Como cada día primero de mes la RCP asistirá a recordarle al presidente usurpador, que para él no habrá ni perdón ni olvido por haberse robado la presidencia de la República.

En esta ocasión se invita a que los participantes lleven, además de sus pancartas, escrito en hojas algún pensamiento, frase o reclamo personal que le quieran hacer a quien usurpa la presidencia de la República, éstas serán depositadas en urnas que se le harán llegar al pelele.

La cita es 1º de julio a las 10:45 A.M. EN PUNTO, afuera de la estación "Constituyentes" de la línea 7 del Metro de la Ciudad de México.


· Miércoles 2 de Julio: "Clausura simbólica de Palacio Nacional", Porque no debemos olvidar el gran atraco que sufrimos los mexicanos con el robo de la presidencia en 2006 (hace 2 años), el 2 de Julio no se olvida.

La cita es 2 de julio a las 13:00 hrs.(una de la tarde) EN PUNTO, en el Zócalo de la Ciudad de México, frente a la Puerta central de Palacio Nacional.



viernes, 2 de mayo de 2008

Conferencia sobre resistencia civil



Invitamos al público en general a la conferencia La resistencia civil: metodología, que dictará el doctor en ciencia política Armando Rendón Corona, este viernes 2 de mayo a las 19 horas en Tacuba 53. (A unos pasos del Metro Allende) Círculo de Estudios Tacuba, Centro Histórico Brigada 21 En Defensa del Petróleo. Isabel García

jueves, 1 de mayo de 2008

Pietro Ameglio en Mujeres de Fuego 2a Parte


ESCUCHA ESTE JUEVES 01 DE MAYO LA SEGUNDA PARTE DE LA ENTREVISTA CON EL MAESTRO PIETRO AMEGLIO
EN "Mujeres de Fuego" DONDE HABLA SOBRE LA ACCION NO VIOLENTA Y LA RESISTENCIA CIVIL PACÍFICA : LAS ADELITAS Y LA DEFENSA DEL PETRÓLEO
sintoniza www.radioamlo.org

Pietro Ameglio Patella es maestro en Historia Contemporánea. Asimismo ha coordinado los proyectos de Investigación y Exposiciones “Racismo y cultura” (1996); “Gandhi: encuentros con la verdad” (junto con el Instituto de Cultura de Morelos, 1998); “La paz tras el cerco” (junto con varias ONG’s nacionales, 2000). Es miembro fundador del Servicio Paz y Justicia-México (1997), y del equipo de Investigación Social del Colectivo Gandhiano “Pensar en voz alta” acerca de la “Conflictividad Social en México desde 1994”. Ha participado en campañas, acciones, mesas redondas, foros, congresos de historia, educación en Humanidades, construcción de conocimiento, noviolencia activa y construcción de la paz con justicia, nacionales e internacionales (México, Bosnia, Ecuador, España, Estados Unidos). Ha realizado en México y el extranjero talleres, conferencias y cursos sobre la noviolencia activa, la educación para la paz, el gandhismo, la conflictividad social en México, el constructivismo y el trabajo investigativo con bases de datos. Es autor del libro Gandhi y la desobediencia civil. México hoy (Plaza y Valdés, 2002); es articulista de la La Jornada-Morelos.

lunes, 14 de abril de 2008

Noticias desde Chihuahua

Noticias ciudad Juárez

Por chihuahua resiste


11 de abril 2008
Ciudad Juárez, Chihuahua.-Alrededor de unas 100 personas integrantes del movimiento Resissste, del Barzón de Chihuahua, y del Frente Estatal Contra la Represión se manifestaron en el exterior de la Delegación Estatal de la PGR y marcharon hasta la Plaza de Armas, en protesta contra la Reforma energética, la del ISSSTE y la presencia del Ejército Mexicano en las calles de Juárez. La manifestación comenzó alrededor de las 17:00 horas del jueves, con gritos de : " Si Zapata viviera que chinga les pusiera y con nosotros estuviera", los inconformes ondearon pancartas con leyendas en contra de la Reforma Energética, las reforma ya aplicada al ISSSTE, y la actuación de soldados del Ejército Mexicano en esta frontera.

El profesor Juan Valenzuela Mares, del Frente Estatal Contra la Represión, apuntó que se trata de una manifestación legítima que no es patrocinada por ningún grupo criminal y que es en defensa del patrimonio de los mexicanos, en alusión a PEMEX, y los derechos de las personas. En el evento se repartieron volantes con la leyenda "Movimiento Nacional en Defensa del Petróleo", en el que acusan: "Las mentiras de Calderón, Muriño y Jesús Reyes Heroles referente al PEMEX, es porque en dos años más Venezuela, país que surte a los Estados Unidos de petróleo, terminará los contratos con Chevron y Halliburton, cuyo principal accionista es George Bush, y que por eso quieren entregar el patrimonio nacional y hacer su negocio redondo".

La protesta duró alrededor de media hora y de ahí el contingente partió caminando hacia el parque Borunda en donde más personas se concentraron para marchar y concluir en la Plaza de Armas.


Estos son los videos de la jornada de protestas en ciudad Juárez. De esto es lo que la prensa nacional y la local no quiere que se entere el pueblo de México

Protestas en ciudad Juárez frente a las instalaciones de la PGR. El
10 de abril 2008.



http://www.youtube.com/watch?v=VqnlV0fub6Y

Protestas en ciudad Juárez en el inicio de la resistencia video de
la marcha del 10 de abril 2008.



http://www.youtube.com/watch?v=We_90Epv8JA

Protestas en ciudad Juárez en el inicio de la resistencia los
juarences rompen el silencio.

Populi voz en la plaza de armas.



http://www.youtube.com/watch?v=n0LUBIlPy2M





http://www.youtube.com/watch?v=0Q39_OWbJLU




http://www.youtube.com/watch?v=QQ7fMGeTnFA




http://www.youtube.com/watch?v=MNw0grxEiwc



http://www.youtube.com/watch?v=581LPH3nTfI



Ciudad Juárez, Chihuahua.-

Simpatizantes del movimiento RESISSSTE se plantaron por espacio de una hora y media en Oficinas de Gobierno del Estado, pidieron hablar con el director de Educación y Cultura Guillermo Narro, para darle pruebas de las represiones de que han sido objeto, pero ni él o alguna autoridad educativa los atendió.

Por la tarde, una protesta similar, la llevaron hasta la Procuraduría General de la República.

Al momento de arribar a las instalaciones de la dependencia, un grupo representativo se dirigió hasta el lugar donde se encuentra ubicada la Secretaría de Educación, para pedir hablar con el
funcionario educativo.

La secretaria de él les dijo que no se encontraba, motivo por el cual optaron por descender a la planta baja y ahí realizar todo lo que tenían planeado.

Manuel Gallegos uno de los voceros del movimiento, comentó que llevaban pruebas tangibles de las constantes represiones de las que han sido objeto por parte de diversas autoridades para orillarlos a desistir de su objetivo.

Al no ser atendidos, van a tener que hacer públicas esta serie de pruebas, que en su momento solo pudieron haber quedado entre ellos y el profesor Guillermo Narro.

En ellas, mencionan a los maestros que de forma irregular han logrado colocarse en puestos mejores a los que anteriormente tenían, agresiones a ellos mismos, entre otras cosas más de las cuales se habrá de enterar por los medios de comunicación.

Lo que las autoridades quieren, es ellos acepten el bono que aparentemente es de beneficioso en cuestión económica, pero no es así.

Otra de las cosas que quieren también acepten es el décimo transitorio, donde aparentemente estarían como antes de aprobarse la reforma a la ley del ISSSTE, pero no es así.


Video de movimiento resiste.




http://www.youtube.com/watch?v=p7ulE1mwHwo


A las cinco de la tarde de Juaritos se congregaron varias organizaciones sociales en la esquina de las Av. Lincoln y Hnos. Escobar, frente a las oficinas de la PGR El 10 de abril es el aniversario del asesinato del gran Emiliano Zapata y el inicio de la resistencia pacifica por parte de los representantes del gobierno legitimo en ciudad Juárez Ese fue el motivo de la congregación y acorde con lo que representa el General, los gritos de denuncia y las exigencias de justicia se dejaron oír.

Casi no hay injusticias en Juaritos para denunciar. Lomas de Poleo. La militarización de Juaritos. La detención de Cipriana Jurado. La privatización de PEMEX. El gobierno espurio. El Resissste. El Barzón. Y tantas otras.

Llegaron tres tanquetas de soldados y la manifestación se encendió. Los militares nos querían matar con las miradas y nosotros nos los queríamos comer a gritos. Los medios de comunicación también fueron fotografiados al igual que los manifestantes.


viernes, 29 de febrero de 2008

Desobediencia Civil: Henry David Thoreau

En estos dias he escuchado que algunas personas comienzan a hablar de Desobediencia Civil, pero al parecer tienen un concepto equivocado del término. Subo de nuevo todos los escritos que están en este blog sobre el tema y sobre los conceptos de Resistencia Civil Pacífica, para que se lean de nuevo y no se cometan errores al querer poner en práctica estas herramientas que tenemos para protestar en contra del gobierno usurpador. Tenemos que recordar que la Resistencia es Civil y es Pacífica, PACÍFICA y que la Desobediencia Civil tiene sus reglas y que nosotros la concebimos también como pacífica.


por Henry David Thoreau
Traducido por Hernando Jiménez


Return to Thoreau Reader - Civil Disobedience in English


Creo de todo corazón en el lema “El mejor gobierno es el que tiene que gobernar menos”, y me gustaría verlo hacerse efectivo más rápida y sistemáticamente. Bien llevado, finalmente resulta en algo en lo que también creo: “El mejor gobierno es el que no tiene que gobernar en absoluto”. Y cuando los pueblos estén preparados para ello, ése será el tipo de gobierno que tengan. En el mejor de los casos, el gobierno no es más que una conveniencia, pero en su mayoría los gobiernos son inconvenientes y todos han resultado serlo en algún momento. Las objeciones que se han hecho a la existencia de un ejército permanente, que son varias y de peso, y que merecen mantenerse, pueden también por fin esgrimirse en contra del gobierno. El ejército permanente es sólo el brazo del gobierno establecido. El gobierno en sí, que es únicamente el modo escogido por el pueblo para ejecutar su voluntad, está igualmente sujeto al abuso y la corrupción antes de que el pueblo pueda actuar a través suyo. Somos testigos de la actual guerra con Méjico, obra de unos pocos individuos comparativamente, que utilizan como herramienta al gobierno actual; en principio, el pueblo no habría aprobado esta medida. El gobierno de los Estados Unidos ¿qué es sino una tradición, bien reciente por cierto, que lucha por proyectarse intacta hacia la posteridad, pero perdiendo a cada instante algo de su integridad? No tiene la vitalidad y fuerza de un solo hombre: porque un solo hombre puede doblegarlo a su antojo. Es una especie de fusil de madera para el mismo pueblo, pero no es por ello menos necesario para ese pueblo, que igualmente requiere de algún aparato complicado que satisfaga su propia idea de gobierno. Los gobiernos demuestran, entonces, cuán exitoso es imponérsele a los hombres y aún, hacerse ellos mismos sus propias imposiciones para su beneficio. Es excelente, tenemos que aceptarlo. Sin embargo, este gobierno nunca adelantó una empresa, excepto por la algarabía con la que sacó el cuerpo. No mantiene al país libre. No deja al Oeste establecido. No educa. El carácter inherente al pueblo americano es el responsable de todo lo que se ha logrado, y hubiera hecho mucho más si el gobierno no le hubiera puesto zancadilla, como ha ocurrido tantas veces. Porque el gobierno es una estratagema por la cual los hombres intentan dejarse en paz los unos a los otros y llega al máximo de conveniencia cuando los gobernados son dejados en paz.
Si el mercado y el comercio no estuvieran hechos de caucho, jamás lograrían salvar los obstáculos que los legisladores les atraviesan en forma sistemática. Y si uno fuera a juzgar a esos señores sólo por el efecto de sus acciones, y no en parte por sus intenciones, merecerían ser castigados como a los malhechores que atraviesan troncos sobre los rieles del ferrocarril.
Pero, para hablar en forma práctica y como ciudadano, a diferencia de aquellos que se llaman “antigobiernistas”, yo pido, no como “antigobiernista” sino como ciudadano, y de inmediato, un mejor gobierno. Permítasele a cada individuo dar a conocer el tipo de gobierno que lo impulsaría a respetarlo y eso ya sería un paso ganado para obtener ese respeto. Después de todo, la razón práctica por la cual, una vez que el poder está en manos del pueblo, se le permite a una mayoría, y por un período largo de tiempo, regir, no es porque esa mayoría esté tal vez en lo correcto, ni porque le parezca justo a la minoría, sino porque físicamente son los más fuertes. Pero un gobierno en el que la mayoría rige en todos los casos no se puede basar en la justicia, aún en cuanto ésta es entendida por los hombres. ¿No puede haber un gobierno en el que las mayorías no decidan de manera virtual lo correcto y lo incorrecto – sino a conciencia?, ¿en el que las mayorías decidan sólo los problemas para los cuales la regulación de la conveniencia sea aplicable? ¿Tiene el ciudadano en algún momento, o en últimas, que entregarle su conciencia al legislador? ¿Para qué entonces la conciencia individual? Creo que antes que súbditos tenemos que ser hombres. No es deseable cultivar respeto por la ley más de por lo que es correcto. La única obligación a la que tengo derecho de asumir es a la de hacer siempre lo que creo correcto. Se dice muchas veces, y es cierto, que una corporación no tiene conciencia; pero una corporación de personas conscientes es una corporación con conciencia. La ley nunca hizo al hombre un ápice más justo, y a causa del respeto por ella, aún el hombre bien dispuesto se convierte a diario en el agente de la injusticia. Resultado corriente y natural de un indebido respeto por la ley es el ver filas de soldados, coronel, capitán, sargento, polvoreros, etc., marchando en formación admirable sobre colinas y cañadas rumbo a la guerra, contra su voluntad, alás!, contra su sentido común y sus conciencias, lo que hace la marcha más ardua y produce un pálpito en el corazón. No les cabe duda de que la tarea por cumplir es infame; todos están inclinados hacia la paz. Pero, qué son? Son hombres acaso? O pequeños fuertes y polvorines al servicio de algún inescrupuloso que detenta el poder? Visiten un patio de la Armada y observen un marino, el hombre que el gobierno americano puede hacer, o mejor en lo que lo puede convertir con sus artes nigrománticas – una mera sombra y reminiscencia de humanidad, un desarraigado puesto de lado y firmes, y, se diría, enterrado ya bajo las armas con acompañamiento fúnebre...aunque puede ser que

“No se oyó ni un tambor, ni la salva de adiós escuchamos, cuando el cuerpo del héroe y su honor en la tumba en silencio enterramos”.

La masa de hombres sirve pues al Estado, no como hombres sino como máquinas, con sus cuerpos. Son el ejército erguido, la milicia, los carceleros, los alguaciles, posse comitatus, etc. En la mayoría de los casos no hay ningún ejercicio libre en su juicio o en su sentido moral; ellos mismos se ponen a voluntad al nivel de la madera, la tierra, las piedras; y los hombres de madera pueden tal vez ser diseñados para que sirvan bien a un propósito. Tales hombres no merecen más respeto que el hombre de paja o un bulto de tierra. Valen lo mismo que los caballos y los perros. Aunque aún en esta condición, por lo general son estimados como buenos ciudadanos. Otros – como la mayoría de los legisladores, los políticos, abogados, clérigos y oficinistas – sirven al Estado con la cabeza, y como rara vez hacen distinciones morales, están dispuestos, sin proponérselo, a ponerle una vela a Dios y otra al Diablo. Unos pocos, como héroes, patriotas, mártires, reformadores en el gran sentido, y hombres – sirven al Estado a conciencia, y en general le oponen resistencia. Casi siempre son tratados como enemigos. El hombre sabio será útil sólo como hombre, y no aceptará ser “arcilla” o “abrir un hueco para escapar del viento”, sino que dejará ese oficio a sus cenizas.

“Soy nacido muy alto para ser convertido en propiedad, para ser segundo en el control o útil servidor e instrumento de ningún Estado soberano del mundo”.

El que se entrega por completo a sus congéneres les parece a ellos inútil y egoísta; pero aquel que se les entrega parcialmente es considerado benefactor y filántropo.
¿Cómo le conviene a una persona comportarse frente al gobierno americano de hoy? Le respondo que no puede, sin caer en desgracia, ser asociado con éste. Yo no puedo, ni por un instante, reconocer una organización política que como gobierno mío es también gobierno de los esclavos. Todos los hombres reconocen el derecho a la revolución; es decir, el derecho a negarse a la obediencia y poner resistencia al gobierno cuando éste es tirano o su ineficiencia es mayor e insoportable. Pero muchos dicen que ese no es el caso ahora. Pero era el caso, creo, en la Revolución de 1775. Si alguien viene a decirme que aquel era un mal gobierno porque gravaba ciertas mercancías extranjeras que llegaban a sus puertos, seguramente no haría yo mucho caso del asunto, puesto que me basto sin ellas. Toda máquina produce una fricción, y ésta probablemente no es suficiente para contrarrestar el mal. En todo caso, es un gran mal hacer gran bulla al respecto. Pero cuando la fricción se apodera de la máquina y la opresión y el robo se organizan, les digo, no mantengamos tal máquina por más tiempo. En otras palabras, cuando una sexta parte de la población de una nación que ha tomado como propio ser el refugio de la libertad está esclavizada, y todo un país está injustamente subyugado y conquistado por un ejército extranjero y sujeto a la ley militar, no creo que sea demasiado pronto para que los honestos se rebelen y hagan revolución. Lo que hace más urgente esta obligación es que el país así dominado no es el nuestro y lo único que nos queda es el ejército invasor.
Paley, conocida autoridad con muchos otros en asuntos morales, en su capítulo sobre “Obligación a la obediencia al Gobierno Civil”, resuelve toda obligación moral a la conveniencia y continúa diciendo que “en cuanto el interés de toda la sociedad lo requiera, es decir, en cuanto al gobierno establecido no se pueda oponer resistencia o cambiar sin inconveniencia pública, es la voluntad de Dios...que el gobierno establecido sea obedecido...y no más. Al admitir este principio, la justicia de cada caso específico de resistencia se reduce al computo de la cantidad de peligro y afrenta, por un lado, y a la probabilidad y costo de remediarlo, por el otro”. De esto, dice, cada persona juzgará por sí misma. Pero parece que Paley nunca contempló aquellos casos en los que la ley de conveniencia no es aplicable, en los que un pueblo, tanto como un individuo, debe ejercer justicia, cueste lo que cueste. Si injustamente le he arrebatado una tabla a un hombre que se está ahogando, debo devolvérsela aunque yo me ahogue. Esto, según Paley, no sería conveniente. Pero aquel que salve su vida en tal forma, la perderá. Este pueblo tiene que dejar de tener esclavos y de hacerle la guerra a Méjico, aunque le cueste su propia existencia como pueblo.
En sus prácticas, las naciones están de acuerdo con Paley, pero cree alguien que Massachusetts está haciendo lo correcto en la crisis actual?

“Una puta por Estado, recamado de plata, que le lleven la cola, pero que deja la huella de su alma en la mugre”.

En la práctica, quienes se oponen a una reforma en Massachusetts no son cien políticos del Sur, sino cien mil comerciantes y granjeros del Norte, quienes están más interesados en el comercio y la agricultura que en la humanidad, y no están preparados para hacer justicia a los esclavos y a Méjico, cueste lo que cueste. Yo no lucho con adversarios lejanos, sino en contra de quienes, aquí mismo en casa, cooperan y licitan por los que están lejos, y sin los cuales estos últimos serían inofensivos. Estamos acostumbrados a decir que las masas no están preparadas; pero las mejoras son lentas, porque los pocos no son ni materialmente más sabios ni mejores que los muchos. No es tan importante que muchos sean tan buenos como usted, como que haya alguna bondad absoluta en alguna parte, porque ella será la levadura para todo el conjunto. Hay miles de personas que se oponen a la esclavitud y la guerra, pero sin embargo no hacen nada para terminarlas; hay quienes, considerándose hijos de Washington y Franklin, se sientan con las manos en los bolsillos, y dicen que no saben qué hacer, y no hacen nada; hay quienes, anteponen el asunto del libre comercio al de la libertad y leen muy calmados las cotizaciones junto con los últimos informes sobre Méjico, después de la cena, y hasta se quedan dormidos sobre ellos. ¿Cuál es la cotización para un hombre honesto y patriota hoy? Ellos se lo preguntan, tienen remordimientos y hasta redactan un memorial, pero no hacen nada con convicción y efecto. Esperan, muy bien dispuestos, a que otros le pongan remedio al mal, para que ya no les remuerda. Cuando mucho, depositan un voto barato, con un débil patrocinio y deseo de feliz viaje a lo correcto, en cuanto a ellos respecta. Hay novecientos noventa y nueve patronos de la virtud por un hombre virtuoso. Pero es más fácil negociar con el dueño real de alguna cosa que con su guardián temporal. Toda votación es un tipo de juego como las damas o el backgammon, con un ligero tinte moral, un jueguito entre lo correcto y lo incorrecto con preguntas morales, acompañado, naturalmente, de apuestas. El carácter de los votantes no entra en juego. Deposito mi voto, por si acaso, pues lo creo correcto, pero no estoy comprometido en forma vital con que esa corrección prevalezca. Se lo dejo a la mayoría. La obligación de mi voto, por lo tanto, nunca excede la conveniencia. Aún votar por lo correcto no es hacer nada por ello. Es simplemente expresar bien débilmente ante los demás un deseo de que eso (lo correcto) prevalezca. El hombre sabio no deja el bien a la merced del chance, ni desea que prevalezca por el poder de la mayoría. Hay poca virtud en la acción de las masas. Cuando la mayoría finalmente vote por la abolición de la esclavitud, será porque ya es indiferente a ella, o por que queda poca esclavitud para ser abolida con su voto. Entonces ellos mismos serán los únicos esclavos. Sólo acelera con su voto la abolición de la esclavitud quien afirma por medio de él su propia libertad.
Me entero de una convención a reunirse en Baltimore, o en alguna otra parte, para escoger un candidato a la Presidencia, convención formada principalmente por editores y políticos de profesión; pero me pregunto, ¿qué representa para una persona independiente, inteligente y respetable la decisión que allí se tome? ¿No tenemos, sin embargo, la ventaja de la sabiduría y la honestidad? ¿No contamos con algunos votos independientes? ¿No hay muchas personas en este país que no asisten a convenciones? Pero no: encuentro que el llamado hombre respetable ha sido arrastrado de su posición, y se desespera de su país, cuando su país tiene más razones para desesperarse de él. En el acto, adopta a uno de los candidatos seleccionados, como el único disponible, probando que él mismo está disponible para cualquier propósito del demagogo. Su voto no tiene más valor que el de cualquier extranjero sin principios o nacional a sueldo, que haya sido comprado. ¡Loa al hombre que es hombre!, o, como dice un vecino “es hueso difícil de roer”. Nuestras estadísticas están erradas: la población es presentada exageradamente grande. ¿Cuántos habitantes hay por milla cuadrada en este país? Escasamente uno. Es que los Estados Unidos no ofrecen aliciente para que las gentes se establezcan aquí? El norteamericano ha degenerado en el Tipo Simpático – conocido por el desarrollo de su órgano de sociabilidad, por la falta manifiesta de intelecto y por una seguridad desenfadada, cuya primera y más importante preocupación al llegar a este mundo, es ver que los hospicios estén en buenas condiciones, y antes de que haya estrenado su atuendo viril, empieza a recolectar fondos para sostener a las viudas y huérfanos que puedan aparecer, y quien, en últimas, se aventura a vivir solo de la ayuda de la Mutual de Seguros, que le ha prometido enterrarlo decentemente.
De hecho, no es obligación de un individuo dedicarse a la erradicación del mal, aún del más enorme; bien puede tener otras inquietudes que lo ocupen. Pero es su obligación al menos lavarse las manos de ese mal, y si no le dedica mayor pensamiento, tampoco debe darle su apoyo en la práctica. Si yo me dedico a otras empresas y contemplaciones, debo ante todo ver que no las emprenda montado sobre los hombros de otro. Debo desmontarme primero para que él pueda adelantar sus contemplaciones también. Vean qué gran inconsistencia se tolera. Les he oído decir a algunos de mis paisanos: “Me gustaría que me ordenaran ir a ayudar a extinguir una insurrección de esclavos o a marchar a Méjico, ya vería si voy”. Y, sin embargo, cada uno de ellos ha contribuido, directamente con su obediencia, e indirectamente con su dinero, suministrando un sustituto. El soldado que rehusa servir en una guerra injusta es aplaudido por aquellos que no rehusan sostener al gobierno injusto que hace la guerra; es aplaudido por aquellos cuyos actos y autoridad ese gobierno no tiene en cuenta ni valora en nada. Como si el Estado estuviera tan arrepentido que contratara a uno para que lo azotara mientras peca, pero no para dejar de pecar. Así, bajo el rótulo del Orden y Gobierno Civil se nos hace a todos rendir homenaje y sostener nuestra propia maldad. Después del primer sonrojo de pecado se pasa a la indiferencia y de lo inmoral se llega a lo amoral, lo que resulta necesario para esa vida que nos hemos forjado. El error más amplio y permanente necesita de la más desinteresada virtud para sostenerse. Los nobles son quienes más comúnmente incurren en el ligero reproche que se le hace a la virtud del patriotismo. Aquellos, quienes a la vez que desaprueban el carácter y las medidas de un gobierno, le entregan su respaldo, son sin duda sus más conscientes soportes y con frecuencia el obstáculo más serio a la reforma.
Algunos le están pidiendo al Estado disolver la Unión para desconocer las solicitudes del Presidente. Por qué no la disuelven ellos mismos – la unión entre ellos y el Estado – y se niegan a pagar su cuota al Tesoro? No están ellos en la misma relación con el Estado que éste con la Unión? Y no son las mismas razones que han impedido al Estado oponerse a la Unión las que les impiden a ellos oponerse al Estado? ¿Cómo puede una persona estar satisfecha con sólo mantener una opinión y al mismo tiempo disfrutarlo? ¿Hay alguna satisfacción en ello, si su opinión es la de que está siendo agraviado? Si a usted lo engañan así sea en un solo dólar, usted no queda satisfecho con saber que lo engañaron, con decirlo, ni aún con pedir que se le restituya lo que le pertenece; sino que usted se empeña de manera efectiva en recuperar la suma completa y en ver que no se le vuelva a engañar jamás. La acción por principio, la percepción y el desarrollo de lo correcto, cambian las cosas y las relaciones; es algo esencialmente revolucionario y no concuerda con nada de lo que fue. No solo dividió Estados e Iglesias, divide a las familias; ay!, divide al individuo, separando en él lo diabólico de lo divino.
Existen leyes injustas: ¿debemos estar contentos de cumplirlas, trabajar para enmendarlas, y obedecerlas hasta cuando lo hayamos logrado, o debemos incumplirlas desde el principio? Las personas, bajo un gobierno como el actual, creen por lo general que deben esperar hasta haber convencido a la mayoría para cambiarlas. Creen que si oponen resistencia, el remedio sería peor que la enfermedad. Pero es culpa del gobierno que el remedio sea peor que la enfermedad. Es él quien lo hace peor. ¿ Por qué no está más apto para prever y hacer una reforma? ¿ Por qué no valora a su minoría sabia? ¿Por qué grita y se resiste antes de ser herido? ¿Por qué no estimula a sus ciudadanos a que analicen sus faltas y lo hagan mejor de lo que él lo haría con ellos? ¿Por qué siempre crucifica a Cristo, excomulga a Copérnico y a Lutero y declara rebeldes a Washington y a Franklin? Uno pensaría que una negación deliberada y práctica de su autoridad fue la única ofensa jamás contemplada por su gobierno, o si no, por qué no ha asignado un castigo definitivo, proporcionado y apropiado? Si un hombre que no tiene propiedad se niega sólo una vez a rentar nueve chelines al Estado, es puesto en prisión por un término ilimitado por ley que yo conozca, y confinado a la discreción de aquellos que lo pusieron allí; pero si le roba noventa veces nueve chelines al Estado, es pronto puesto de nuevo en libertad.

(2)

Si la injusticia es parte de la fricción necesaria de la máquina del gobierno, vaya y venga, tal vez la fricción se suavice – ciertamente la máquina se desgasta. Si la injusticia tiene un resorte, una polea, un cable, una manivela exclusivamente para sí, quizá usted pueda considerar si el remedio no es peor que la enfermedad; pero si es de tal naturaleza que le exige a usted ser el agente de injusticia para otro, entonces yo le digo, incumpla la ley. Deje que su vida sea la contra fricción que pare la máquina. Lo que tengo que hacer es ver, de cualquier forma, que yo no me presto al mal que condeno. En cuanto a adoptar las maneras que el Estado ha entregado para remediar el mal, yo no sé nada de tales maneras. Toman mucho tiempo, y la vida se habrá acabado para entonces. Tengo otras cosas que hacer. Yo vine a este mundo no propiamente a convertirlo en un buen sitio para vivir, sino a vivir en él, ya sea bueno o malo. Una persona no tiene que hacerlo todo, sino algo; y puesto que no puede hacerlo todo, no es necesario que ande haciendo peticiones al gobernador o al legislador más de lo que ellos me las tienen que hacer a mí. ¿Y si ellos no oyen mi petición, qué tengo que hacer? En este caso el Estado no tiene respuesta: su propia Constitución es el mal. Esto puede parecer fuerte, terco y no conciliatorio, pero es tratar con la mayor amabilidad y consideración al único espíritu que puede agradecerlo o merecerlo. Así que todo es cambio para mejorar, como el nacimiento y la muerte, que convulsionan el cuerpo. No dudo en afirmar que aquellos que se llaman abolicionistas debería retirar inmediatamente su apoyo personal y económico al gobierno de Massachusetts, y no esperar a constituir una mayoría de uno que les otorgue el derecho de prevalecer. Creo que es suficiente con tener a Dios de su lado, sin esperar a ese otro uno. Más aún, cualquier hombre más correcto que sus vecinos constituye de por sí una mayoría de uno.
Yo me entrevisto con el gobierno americano, o su representante, el gobierno del Estado, directamente, cara a cara, una vez al año – nada más – en la persona de su recaudador de impuestos; esta es la única forma en la que una persona de mi posición puede encontrarse con ese Estado. Y entonces él dice bien claro: Reconózcame; y la manera más sencilla, la más efectiva, en el actual curso de los hechos, la manera indispensable de tratar con él en su cara, de expresarle uno su poca satisfacción y poco amor por él es negarlo. Mi vecino civil, el recaudador, es el hombre de carne y hueso con quien tengo que tratar – porque, después de todo, es con hombres y no con papeles con quienes yo peleo, y él ha escogido voluntariamente ser un agente del gobierno. ¿Cómo hará para saber bien lo que él es y lo que tiene que hacer como funcionario del gobierno, o como hombre, cuando se vea obligado a considerar si a mí – su vecino - a quien respeta como buen vecino - me trata como tal, o como a un loco que altera la paz, e igualmente resolver cómo puede sobreponerse a esa obstrucción a la buena voluntad, sin que lo asalten pensamientos más rudos y contundentes, o sin adoptar un vocabulario acorde con su acción? Yo sí lo sé muy bien: si mil, o cien o diez hombres – a quienes puedo nombrar – si sólo diez hombres honestos – alás! si un hombre HONESTO, en este Estado de Massachusetts, dejara de tener esclavos, realmente se retirara de esa cosociedad y fuera encerrado por ello en la cárcel del Condado, eso sería la abolición de la esclavitud en América. Porque lo que importa no es qué tan pequeño pueda ser el comienzo: lo que se hace una vez bien, se hace para siempre. Pero preferimos hablar de ello: a lo que digamos, reducimos nuestra misión. La reforma cuenta con muchos informes periodísticos a su servicio, pero ni con un solo hombre.
Si mi estimado vecino, el embajador del Estado, que dedicará sus días a tratar el asunto de los derechos humanos en la Cámara del Consejo, en vez de ser amenazado con las prisiones de Carolina, fuera a sentarse como prisionero de Massachusetts, ese Estado que está tan ansioso por endilgarle el pecado de la esclavitud a su hermana, aunque hasta el momento solo se ha basado en un acto de inhospitalidad para pelear con ella, no desestimaría considerar el tema en la legislatura del próximo invierno.
Bajo un gobierno que encarcela injustamente, el verdadero lugar para un hombre justo está en la cárcel. El lugar apropiado hoy, el único sitio que Massachusetts ha provisto para sus espíritus más libres y menos desalentados está en sus prisiones: está en ser encerrados y excluidos del Estado por acción de éste, así como ellos mismos se han puesto fuera de él, movidos por sus propios principios. Es allí donde los deben encontrar el esclavo fugitivo, el prisionero mejicano puesto en libertad bajo palabra y el indio que vino a interceder por las faltas imputadas a su raza. Es allí, en ese suelo separado, pero más libre y honorable, donde el Estado coloca a los que no están con él, sino en su contra, donde el hombre libre puede habitar con honor. Si alguien piensa que su influjo se pierde allí, y que su voz ya no llega al oído del Estado, que él mismo no es visto como el enemigo dentro de sus muros, no sabe qué tanto la verdad es más fuerte que el error, ni qué tanto puede elocuente y efectivamente combatir la injusticia quien la ha experimentado en su propia persona. Deposite su voto completo, no sólo una tira de papel, sino todo su influjo. Una minoría es impotente, ni siquiera es una minoría, mientras se amolde a las mayorías; pero se vuelve insostenible cuando obstaculiza con todo su peso. Si la alternativa es mantener a todos los justos presos o renunciar a la esclavitud y la guerra, el Estado no dudará en escoger. Si mil ciudadanos no pagaran sus impuestos este año, esa no sería una medida violenta y sangrienta, como sí lo sería pagarlos, habilitando al Estado para que ejerza violencia y derrame sangre inocente. Esta es, de hecho, la definición de una revolución pacífica, si es que tal revolución es posible. Si el recaudador, o cualquier otro funcionario – como ya ha sucedido - me pregunta: “y entonces qué hago? ”, mi respuesta es: “si usted de verdad quiere hacer algo, renuncie al puesto”. Cuando el súbdito se ha negado a someterse y el funcionario renuncia a su cargo, la revolución se ha logrado. ¿Y no hay también derramamiento de sangre cuando se hiere la conciencia? Por esta sangre brotan la hombría y la inmortalidad de un ser humano y esa sangre fluye hacia una muerte eterna. Veo esa sangre fluyendo ahora.
Hasta ahora, he considerado el encarcelamiento del transgresor más que la confiscación de sus bienes – aunque ambos sirven el mismo propósito – porque aquellos que se sostienen en la corrección más pura, y en consecuencia son más peligrosos para el Estado corrupto, generalmente no han dedicado mucho tiempo a acumular propiedades. A ellos, el Estado comparativamente les presta poco servicio, y un pequeño impuesto es costumbre que parezca exorbitante, particularmente si se les obliga a pagarlo con trabajo de sus propias manos. Si hubiese alguien que viviera completamente sin el uso del dinero, el Estado mismo dudaría en exigírselo. Pero el rico – sin hacer comparaciones odiosas – está siempre vendido a la institución que lo hace rico. En estricto sentido, a más dinero menos virtud, porque el dinero se interpone entre la persona y sus objetivos y los obtiene para él; ciertamente, no fue gran virtud obtenerlo. El dinero pone de lado muchas preguntas que de otra manera la persona se vería obligada a responder, mientras que la nueva pregunta es difícil pero superflua: cómo gastarlo! Así, le han quitado a la persona su piso moral. Las oportunidades de vivir se disminuyen en proporción al aumento de los llamados “medios de subsistencia”. Lo mejor que una persona puede hacer por su cultura cuando es rica, es realizar los esquemas que se propuso cuando era pobre. Cristo respondía a los súbditos de Heródes según su condición. “Mostradme vuestro dinero del tributo”, les decía, y uno sacó un centavo del bolsillo, “si usáis dinero acuñado con la imagen del César, y que él ha hecho corriente y valioso, es decir, sois un hombre del Estado y disfrutáis a gusto de las ventajas del gobierno del César, entonces retribuid con algo de lo que le pertenece cuando él os lo pide. Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”, y no los dejaba más sabios en cuanto cuál era para cuál, porque ellos no querían saber.
Cuando yo converso con el más libre de mis vecinos, me doy cuenta de que cualquier cosa que mi interlocutor diga sobre la magnitud y seriedad de un asunto, lo mismo que su preocupación por la tranquilidad pública, me la presenta sujeta a la protección del Gobierno vigente y más bien se espanta de las consecuencias que la desobediencia les pueda acarrear a su propiedad y a sus familias. Por mi parte, no quiero ni pensar que alguna vez dependa de la protección del Estado. Pero si yo niego la autoridad del Estado cuando éste me presenta la cuenta de los impuestos, pronto se llevarán y gastarán mis propiedades y me acosarán a mí y a mis hijos indefinidamente. Esto es doloroso. Esto hace imposible a la persona vivir honestamente y al tiempo con comodidad en lo que a exterioridades respecta. No vale la pena acumular propiedades que de seguro se volverán a ir. Hay que alquilar o invadir cualquier predio, cultivar una pequeña cosecha y comérsela pronto. Hay que vivir dentro de sí mismo y depender de uno mismo, siempre arremangado y listo a arrancar, sin tener muchos asuntos pendientes. Un hombre puede volverse rico en Turquía, si es en todo aspecto un buen súbdito del gobierno turco. Confucio dijo: “Si un Estado es gobernado por los principios de la razón, la pobreza y la miseria son objeto de vergüenza; si el Estado no es gobernado por los principios de la razón, la riqueza y los honores son objeto de vergüenza”. No: hasta cuando se me extienda la protección de Massachusetts hasta un puerto en el Sur, donde mi libertad esté en peligro, o hasta cuando me dedique a aumentar mi patrimonio aquí con industriosidad pacífica, me puedo dar el lujo de rehusar la sumisión a Massachusetts, y a su derecho sobre mi propiedad y mi vida. En todo caso, me sale más barato sufrir el castigo por desobediencia al Estado que obedecer. Me sentiría que yo mismo valdría menos.
Hace unos años, el Estado me llamó a favor de la Iglesia y me conminó a pagar una suma para el mantenimiento de un clérigo, cuyos sermones mi padre escuchaba, pero yo no. “Pague”, se me dijo, “o será encerrado en la cárcel”. Yo me negué a pagar. Desagraciadamente, otra persona consideró apropiado hacerlo por mí. Yo no entendía por qué el maestro de escuela tenía que pagar impuesto para sostener al cura, y no el cura para sostener al maestro, así yo no fuera maestro del Estado, sino que me sostenía por suscripción propia. Yo no veía por qué el Liceo no podía presentar su cuenta de impuestos y hacer que el Estado respaldara su petición lo mismo que la de la Iglesia. Sin embargo, a petición de los Concejales, fui condescendiente como para hacer la siguiente declaración por escrito: “Sírvanse enterarse de que yo, Henry Thoreau, no deseo ser considerado miembro de ninguna sociedad a la cual yo mismo no me haya unido”. El Estado, habiéndose enterado de que yo no quería ser considerado miembro de esa iglesia, nunca me ha vuelto a hacer tal exigencia, aunque decía que tenía que acogerse a su presunción en ese momento. Si hubiese sabido los nombres, me habría retirado de todas las sociedades a las que nunca me inscribí, pero no supe dónde encontrar la lista completa.
Hace seis años que no pago el impuesto de empadronamiento. Me apresaron una vez por eso, por una noche. Y mientras meditaba sobre el grosor de los muros de piedra, de dos o tres pies de ancho, de la puerta de madera y hierro de un pie de espesor, y de las rejas de hierro por las que se colaba la luz, no pude evitar aterrarme de la tontería de aquella institución que me trataba como si yo no fuera más sino carne, sangre y huesos que encerrar. Concluí finalmente que ésta era la mayor utilidad que el Estado podía sacar de mí y que nunca pensó en beneficiarse de alguna manera con mis servicios. Pensé que si había un muro de piedra entre mis conciudadanos y yo, había uno mucho más difícil de trepar o atravesar antes de que ellos pudieran llegar a ser tan libres como yo. Nunca me sentí encerrado, y los muros semejaban un gran desperdicio de piedra y argamasa. Sentí que yo era el único de mis conciudadanos que había pagado el impuesto. Ciertamente no sabían cómo tratarme; pero se comportaban como tipos maleducados. En cada amenaza y en cada lisonja se pifiaban, porque creían que lo que yo más quería era estar del otro lado del muro. Yo no podía sino sonreír de ver con qué laboriosidad cerraban la puerta a mis meditaciones, lo que los dejaba de nuevo sin oposición ni obstáculo, y esas meditaciones eran realmente lo único peligroso que allí había. Como no me podían atrapar, resolvieron castigar mi cuerpo, como niños, que si no pueden llegar a la persona a la que tienen tirria, le maltratan el perro. Observé que el Estado era ingenioso sólo a medias, que era tímido. Como una viuda en medio de su platería, y que no diferenciaba sus amigos de sus enemigos, y así perdí lo que me quedaba de respeto por él y le tuve lástima.
El Estado, pues, nunca confronta a conciencia la razón de una persona, intelectual o moralmente, sino sólo su cuerpo, sus sentidos. No está equipado con un ingenio superior o una honestidad superior, sino con fuerza superior. Yo no nací para ser forzado. Respiro a mi manera. Ya veremos quien es el más fuerte. ¿Qué fuerza tiene una multitud? Sólo me pueden forzar los que obedecen una ley más alta que yo. Quieren forzarme a que me vuelva como ellos. No escucho a quienes han sido forzados por las masas a vivir así o asá. ¿Qué vida es ésa? Cuando un gobierno me dice, “la bolsa o la vida”, por qué tengo que correr a darle mi plata? Pueden estar en apuros y no saber qué hacer: lo siento mucho. Ellos verán qué hacen. Que hagan como yo. No vale la pena lloriquear por eso. Yo no soy responsable de que la maquinaria de la sociedad funcione. No soy hijo del ingeniero. Sólo veo que cuando una bellota y una castaña caen juntas, la una no se queda inerte para hacerle campo a la otra, ambas obedecen sus propias leyes y germinan y crecen y florecen lo mejor que pueden, hasta que una, quizás, eclipsa y destruye a la otra. Si una planta no puede vivir de acuerdo a la naturaleza, se muere; lo mismo el hombre.
La noche en la prisión fue novedosa e interesante. Cuando entré, los prisioneros, en mangas de camisa, gozaban de una charla y del aire de la noche. Pero el carcelero dijo: “Vamos muchachos, es hora de encerrarlos”, entonces se dispersaron, y oí el ruido de sus pasos de regreso a la vacuidad de sus compartimentos. El carcelero me presentó a mi compañero como “un tipo de primera y un hombre inteligente”. Cuando cerraron la puerta, me indicó dónde colgar mi sombrero y me contó cómo arreglaba sus asuntos allí. Los cuartos eran blanqueados una vez al mes, y éste, al menos, era el más blanco; el amoblado de forma muy sencilla y seguramente el más pulcro del pueblo. Naturalmente quería saber de dónde venía yo, qué me había traído. Cuando le hube contado, yo también le pregunté por qué estaba allí, bajo la presunción de que era un hombre honesto, y claro que lo era. “Bien”, dijo, “me acusan de quemar un granero, pero nunca lo hice”. Por lo que pude descubrir, él probablemente se había acostado borracho, fumando pipa, y el granero se incendió. Gozaba de la reputación de ser inteligente; había estado allí cerca de tres meses esperando el juicio, y tendría que esperar otro tanto, pero estaba domesticado y contento, puesto que recibía alimentación gratis y se consideraba bien tratado. Él miraba por una ventana y yo por la otra. Observé que si uno se quedaba allí por largo tiempo su actividad central se reducía a mirar por la ventana. Pronto leí todas las huellas que allí quedaban y examiné por donde se habían escapado los antiguos prisioneros, donde habían segueteado una reja y oí la historia de varios inquilinos de aquella celda; descubrí que aún allí había historias y habladurías que nunca circulaban más allá de los muros de la prisión. Seguramente ésta es la única casa del pueblo donde se escriben versos, que luego se imprimen en hojas que no se publican. Pude ver una larga lista de jóvenes que habían intentado escapar, quienes se vengaron cantando sus versos.

(3)

Yo le sonsaqué a mi compañero todo lo que pude, movido por el temor de no volver a verlo; luego me indicó cuál era mi cama y me dejó apagar la vela.
Tendido allí por una noche fue como viajar a un país remoto que nunca había esperado visitar. Me pareció que no había escuchado antes el llamado de las campanas del reloj del pueblo ni el sonido nocturno de la aldea, puesto que dormíamos con las ventanas abiertas, que daban a la parte interna de las rejas. Fue ver mi pueblo natal a la luz del Medioevo y nuestro Concord convertido en un Rin, que pasaba con sus caballos y castillos. Oí las voces de antiguos burgueses por las calles. Fui el espectador y oyente involuntario de todo lo dicho y hecho en la posada vecina: una nueva y extraña experiencia. Fue una visión más cercana de mi pueblo. Me metí dentro. Nunca antes había visto sus instituciones. Ésta es una de sus instituciones características porque éste es un Condado. Empecé a comprender lo que son sus habitantes.
Por la mañana, nos pasaron el desayuno por un hueco de la puerta por donde cabían jarros de lata y una cuchara metálica. Cuando vinieron por los platos, fui tan bisoño como para devolver el pan que había dejado, pero mi camarada lo agarró y dijo que debía reservarlo para el almuerzo o la comida. Pronto lo dejaron salir a segar heno en un campo vecino, a donde iba todos los días sin regresar hasta el medio día; así que me dijo adiós y que dudaba de que me volviera a ver.
Cuando salí de prisión – porque alguien se atravesó y pagó el impuesto – no percibí que hubiera habido grandes cambios en el exterior, como los que encuentra el que entra joven y sale viejo; y sin embargo, un cambio se presentó ante mis ojos – el pueblo, el Estado, el país eran más grandes de lo que el mero tiempo podía afectarlos. Vi más claro el Estado en el que vivía. Vi hasta qué punto se podía tener como buenos amigos y vecinos a las personas entre quienes había vivido. Su amistad era ante todo para los buenos tiempos. Vi que básicamente no se proponían hacer el bien, que eran de otra raza distinta a la mía por sus prejuicios y supersticiones . Como los chinos y los malayos, que en sus sacrificios por la humanidad no se arriesgan ni siquiera en sus propiedades. Vi que, después de todo, no eran tan nobles, sino que trataban al ladrón como éste los había tratado, y confiaban que por cierto cumplimiento externo y algunas oraciones, y por seguir una senda particularmente derecha e inútil salvarían sus almas. Puede que esto sea juzgarlos un tanto duro, pero muchos de ellos ni siquiera son conscientes de que en su pueblo exista una institución como la cárcel.
Una antigua costumbre del pueblo, cuando el deudor pobre salía de la cárcel, era ir a saludarlo, mirándolo por entre los dedos, que representaban los barrotes de la cárcel; “¿Cómo le va?”. Mis vecinos no me dieron ese saludo; sólo me miraban y luego se miraban, como si yo hubiera vuelto de un largo viaje. A mí me tomaron prisionero mientras iba donde el zapatero a recoger un zapato remontado. Cuando me soltaron por la mañana procedí a terminar el mandado y después de ponerme el zapato me uní a un grupo de recogedores de arándano, que se mostraron impacientes por ponerse bajo mi conducción. El caballo pronto fue bien cargado y en media hora estuvimos en medio de un campo de arándanos en lo alto de una colina, a dos millas de distancia, y el Estado ya no se veía por ninguna parte.
Esta es la historia completa de “Mis Prisiones”.
Nunca me he negado a pagar el impuesto de rodamiento, porque quiero ser tan buen vecino como mal súbdito, y en cuanto a subvencionar escuelas, aquí estoy dando mi contribución para educar a mis compatriotas. No es por un punto en especial de la cuenta de impuestos que me niego a pagarla. Simplemente deseo rehusar la sumisión al Estado, retirarme y permanecer retirado de manera efectiva. No me interesa seguirle la pista a mi dólar, si puedo, hasta que ese dólar le compre un rifle a un hombre para que le dispare a otro – el dólar es inocente – pero sí me interesa seguirle la pista a los efectos de mi sumisión.
De hecho, le declaro la guerra al Estado, a mi manera, aunque lo utilice y me aproveche de él en cuanto pueda, como es usual en tales casos.
Si otros, por simpatía con el Estado, pagan el impuesto que a mí me piden, hacen lo mismo que cuando pagaron el suyo, es decir, apoyan la injusticia más de lo que el Estado les exige. Si pagan el impuesto por una solidaridad equivocada con la persona a la que se le ha cobrado, para salvarle sus propiedades o evitarle que termine en la cárcel, es porque no han medido con inteligencia hasta dónde dejan interferir sus sentimientos personales con el bien público.
Esta es mi posición en el momento. Pero uno no puede estar demasiado a la defensiva en este caso, no sea que sus acciones se parcialicen por la obstinación o la demasiada preocupación por la opinión de los demás. Hay que dejar a cada quien hacer sólo lo que le pertenece a él y a su momento.
A vece me digo, bueno, esta gente es bien intencionada, sólo son ignorantes, obrarían mejor si supieran cómo: Por qué poner a los vecinos en la dificultad de tratarlo a uno en una forma en que no están inclinados a hacerlo? Pero recapacito: esa no es razón para que yo actúe como ellos o permita que otros sufran un dolor mayor y diferente. Y luego, vuelvo y me digo, cuando millones de hombres, sin agresividad, sin mala intención, sin sentimientos personales de ningún tipo, piden solo unas monedas, sin la posibilidad, tal es su manera de ser, de retractarse o alterar su exigencia, y sin la posibilidad, por parte de quien recibe la petición, de apelar a otros millones de personas, por qué exponerse a esta fuerza bruta sobrecogedora? No nos oponemos al frío y al hambre, a los vientos y a las olas con tanta obstinación. Nos entregamos sumisos a mil necesidades similares. Usted no pone las manos al fuego. Pero también en la medida en que yo no veo esto como una fuerza bruta total sino como una fuerza humana en parte, y considero que yo tengo que ver con esos millones como lo tengo con millones de hombres, y no como brutos o cosas inanimadas, veo que esa apelación es posible, en primer lugar y de forma instantánea, de ellos a su Creador y, en segundo lugar, de ellos a sí mismos. Pero si deliberadamente pongo las manos al fuego, no hay apelación al fuego, ni al Creador del fuego, y sólo yo tengo que culparme por ello. Si pudiera convencerme de que tengo algún derecho a estar satisfecho con los hombres como son, y tratarlos de acuerdo a eso, y no según mis expectativas y exigencias de lo que ellos y yo debemos ser, entonces, como un musulmán y fatalista, trabajaría por conformarme con las cosas tal y como están, y con decir que eso es la voluntad de Dios. Y, sobre todo, está la diferencia entre oponerse a esto o a una fuerza bruta y natural, y es que yo puedo oponerme a esto con algún efecto, pero no puedo esperar como Orfeo cambiar la naturaleza de las rocas, los árboles o las bestias.
No deseo pelear con ningún hombre o nación. No quiero pararme en pelos, hacer diferencias sutiles, o creerme mejor que los demás. Hasta busco, podría decir, casi una excusa para ajustarme a las leyes de la tierra. Estoy más que listo para amoldarme a ellas. Ciertamente tengo razones para catalogarme de este modo; y cada año, cuando el recaudador llega, estoy dispuesto a revisar las actas y la posición de los gobiernos nacional y federal, y el espíritu de la gente para aceptar el conformismo.

“Tenemos que querer a nuestro país como a nuestros padres. Debemos respetar los efectos y enseñar al alma asuntos de conciencia y religión, y no el deseo de dominio o beneficio”.

Creo que el Estado pronto podrá quitarme esta carga de encima y entonces ya no seré mejor patriota que mis conciudadanos. Vista desde un mirador más bajo, la Constitución, con todas sus faltas, es muy buena; la ley y las Cortes muy respetables; aún este Estado y este gobierno americano son, en muchos aspectos admirables; y hay algunas cosas, que tantos otros han descrito, por las que agradecer; pero analizadas desde una perspectiva superior y aún desde la más alta, ¿quién dice lo que son o que vale la pena considerarlas o siquiera pensarlas?
Con todo, el gobierno no me preocupa mucho, y pienso en él lo menos que puedo. No es mucho el tiempo que vivo bajo el gobierno, aún en este mundo. Si un hombre piensa libremente, sueña, imagina libremente, nunca estará por mucho tiempo de acuerdo con lo que no es como con lo que es, así que no puede ser interrumpido por gobernantes o reformadores obtusos.
Sé que muchas personas no piensan como yo, pero aquellos cuyas vidas, por obra de su profesión, están dedicadas al estudio de materias afines no me satisfacen casi en nada. Estadistas y legisladores, que están siempre de acuerdo dentro de la institución, nunca la ven clara y desnuda. Hablan de la sociedad en movimiento, pero no tienen lugar de descanso sin ella. Pueden ser hombres de cierta experiencia y discernimiento, y sin duda han inventado sistemas ingeniosos y útiles, que les agradecemos, pero todo su ingenio y utilidad reposa en límites estrechos. Olvidan que el mundo no está gobernado por los programas y la ventaja personal. Webster nunca se le enfrenta al gobierno, así que no puede hablar de él con autoridad. Sus palabras son sabiduría para aquellos legisladores que no contemplan reformas esenciales en el gobierno actual; pero para los pensadores y para aquellos que legislan para todo tiempo, Webster no acierta una. Conozco a aquellos cuya serena y sabia especulación sobre este tema pronto les hará ver la estrechez del pensamiento y el pupilaje de Webster.
Con todo, comparado con los ordinarios alcances de muchos reformadores, y la aún más ordinaria sabiduría y elocuencia de los políticos en general, las de Webster son las casi únicas palabras razonables y valiosas, y le agradecemos al Cielo por él. Comparativamente, es siempre fuerte, original y sobre todo, práctico. Sin embargo, su cualidad no es la sabiduría sino la prudencia. La verdad de los abogados no es la Verdad, sino la consistencia o una conveniencia consistente. La Verdad está siempre en armonía consigo misma y no está interesada en revelar la justicia que pueda concordar con el mal obrar. Webster merece ser llamado, como lo ha sido, el Defensor de la Constitución. No se le pueden dar otros golpes distintos a los defensivos. No es un líder sino un seguidor. Sus líderes son los hombres de 1787. “Yo nunca he hecho un esfuerzo”, dice, “y nunca propongo hacer un esfuerzo, nunca he apoyado un esfuerzo y no tengo intención de apoyarlo para interferir el acuerdo inicial por el cual los diversos estados formaron la Unión”, y respecto de la aprobación que la Constitución otorgó a la esclavitud: “Puesto que era parte del paquete inicial...déjenla ahí”. A pesar de su agudeza y capacidad, Webster es incapaz de aislar un hecho de sus meras relaciones políticas, y verlo como se le presenta al intelecto – por ejemplo, qué incumbe a un hombre hacer aquí en América hoy respecto de la esclavitud – sino que se aventura, o es llevado a dar una respuesta desesperada a lo siguiente, pretendiendo hablar de forma absoluta y como individuo particular – de lo cual qué nuevo y singular se puede sacar a favor de la obligación social? “La forma”, dice, “ como los gobiernos de los Estados donde existe la esclavitud la regulen, está a su propia consideración, bajo la responsabilidad de sus constituyentes, según las leyes generales de la propiedad, humanidad y justicia y según Dios. Las asociaciones formadas en otra parte, salidas de sentimientos humanitarios, o por cualquier otra causa, no tienen nada que ver con ello. Nunca han recibido motivación de parte mía, y nunca la tendrán.” (Estos apartes han sido insertados, puesto que la conferencia fue leída. H.D.T.)
Aquellos que no conocen una fuente más pura de verdad, que no han buscado el manantial más arriba, se apoyan, y lo hacen sabiamente, en la Biblia y en la Constitución, y beben de ellas con reverencia y humanidad; pero aquellos que observan de donde esa verdad vierte gota a gota a este lago o a aquel estanque se amarran los calzones y siguen su peregrinaje hacia el nacedero.
No ha aparecido en América el genio legislador. Son raros en la historia del mundo. Hay oradores, políticos, y hombres elocuentes por miles; pero aún no ha abierto la boca el que tiene que formular las preguntas más molestas. Nos gusta la elocuencia en sí misma y no por la verdad que contenga o por cualquier acto heroico que inspire. Nuestros legisladores no han aprendido todavía el valor comparativo del libre cambio y la libertad, la unión y la rectitud hacia la nación. No tienen genio ni talento para hacerse preguntas humildes sobre impuestos y finanzas, comercio, manufactura y agricultura. Si se nos dejara sólo a la ingeniosa oratoria de nuestros legisladores del Congreso para guiarnos, sin la corrección de la experiencia niveladora y las quejas efectivas del pueblo, América no podría mantener su rango entre las naciones. Mil ochocientos años, aunque quizás yo no tenga derecho a decirlo, lleva escrito el Nuevo Testamento; y sin embargo, dónde está el legislador que tiene la sabiduría y el talento práctico para valerse de la luz que aquel irradia sobre la ciencia de la legislación.
La autoridad del gobierno – porque yo gustosamente obedeceré a aquellos que pueden actuar mejor que yo, y en muchas cosas hasta a aquellos que ni saben ni pueden actuar tan bien – es una autoridad impura: porque para ser estrictamente justa tiene que ser aprobada por el gobernado. No puede tener derecho absoluto sobre mi persona y propiedad sino en cuanto yo se lo conceda. El paso de la monarquía absoluta a una limitada, de la monarquía limitada a la democracia, es el progreso hacia el verdadero respeto al individuo. Hasta el filósofo chino fue lo suficientemente sabio para ver en el individuo la base del imperio. ¿Es la democracia que conocemos la última mejora posible de gobierno? ¿No es posible adelantar un paso en el reconocimiento y la organización de los derechos del hombre? Jamás existirá un Estado realmente libre e iluminado hasta cuando ese Estado reconozca al individuo como un poder más alto e independiente, del cual se deriva su propio poder y autoridad y lo trate de acuerdo a ello. Me complace imaginar un Estado que finalmente pueda darse el lujo de ser justo con todos, y que trate al individuo con respecto; más aún, que no llegue a pensar que es inconsistente con su propia tranquilidad si unos cuantos viven separados de él, no mezclándose con él, sin abrazarlo, pero cumpliendo con su obligación de vecinos y compañeros. Un Estado que produjera este fruto y lo entregase tan pronto estuviese maduro abriría el camino para otro Estado, aún más perfecto y glorioso, que yo he soñado también, pero que aún no he visto por ninguna parte.

Traducido por Hernando Jiménez de la copia en inglés realizada por Sameer Parekh – zana@ddsw1.MCS.COM – 1-12-91
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