jueves, 18 de noviembre de 2010
jueves, 11 de noviembre de 2010
miércoles, 20 de octubre de 2010
domingo, 10 de octubre de 2010
Paco Ignacio Taibo II "El Estado de la Nación" Feria alternativa para leer en libertad
Marti Batres y Diego Valadés Tertulia El Estado de la Nación 2
Manuel Oropeza y Hector Díaz Polanco Tertulia El Estado de la Nación 3
Sanjuana Martínez Tertulia El Estado de la Nación 4
Paco Ignacio Taibo II y Marti Batres Tertulia El Estado de la Nación 5
Manuel Oropeza y Hector Díaz Polanco Tertulia El Estado de la Nación 7
Marti Batres y Sanjuana Martínez Tertulia El Estado de la Nación 8
viernes, 8 de octubre de 2010
domingo, 3 de octubre de 2010
Marcha del #2deOctubrenoseolvida y discurso de Fernando Amezcua #SME
Marcha a 42 años de la masacre de Tlatelolco el 2 de octubre no se olvida
Fernando Amezcua del SME discurso 2 de octubre no se olvida Zócalo
sábado, 2 de octubre de 2010
Consejo Nacional de Huelga
AL PUEBLO
El Consejo Nacional de Huelga convoca a todos los obreros, campesinos,
maestros, estudiantes y pueblo en general, a la
GRAN MARCHA DEL SILENCIO
en apoyo a los seis puntos de nuestro pliego petitorio:
1. Libertad de todos los presos políticos.
2. Derogación del artículo 145 del Código Penal Federal.
3. Desaparición del cuerpo de granaderos.
4. Destitución de los jefes policiacos Luis Cueto, Raúl Mendiolea y A. Frías.
5. Indemnización a los familiares de todos los muertos y heridos desde el inicio del conflicto.
6. Deslindamiento de responsabilidades de los funcionarios culpables de los hechos sangrientos.
En la que exigiremos la solución inmediata y definitiva por parte del Poder Ejecutivo a nuestras demandas.
Reiteramos que nuestro Movimiento es independiente de la celebración de los XIX Juegos Olímpicos
y de las fiestas cívicas conmemorativas de nuestra Independencia, y que no es en absoluto intención de este Consejo obstruir su desarrollo en lo más mínimo. Reafirmamos, además, que toda negociación tendiente a resolver este conflicto debe ser pública.
La marcha partirá a las 16 horas del día de hoy, viernes 13, del Museo Nacional de Antropología e Historia, para culminar con un gran mitin en la Plaza de la Constitución. Ha llegado el día en que nuestro silencio será más elocuente que las palabras que ayer callaron las bayonetas.
Desplegado en El Día, 13 de septiembre de 1968
domingo, 19 de septiembre de 2010
jueves, 2 de septiembre de 2010
Levanta polémica cartón del águila mexicana acribillada
miércoles, 1 de septiembre de 2010
EL CAMION QUE TRASLADABA A 56 MIGRANTES MUERTOS AL D. F. ATROPELLO A 4 VIADANTES
viernes, 30 de julio de 2010
Más de la Conferencia de los huelguistas del SME: Cayetano, Miguel y Compañeras
Miguel Ángel Ibarra Conferencia huelguistas de hambre SME
Testimonio de las compañeras huelguistas en conferencia SME
jueves, 29 de julio de 2010
Conferencia huelguistas de hambre del SME: Cayetano y Ricardo Pérez
Cayetano Cabrera conferencia huelguistas de hambre SME 29-07-10
jueves, 22 de julio de 2010
jueves, 8 de julio de 2010
Videos de la Asamblea del SME Martín Esparza y Noroña
Fernández Noroña dirige unas palabras a la Asamblea del SME
Gerardo Fernández Noroña entrevista Radio AMLO asamblea del SME
domingo, 4 de julio de 2010
jueves, 1 de julio de 2010
martes, 29 de junio de 2010
Denuncia CFE destroza arboles en Antonio Caso
A la altura de antonio caso entre rosas moreno y circuito interior; CFE destroza árboles de esta ciudad que lo que le faltan son áreas verdes. Captamos las imagenes cuando arrancan con una camioneta una rama de por lo menos 15 metros de largo.
lunes, 28 de junio de 2010
Crónica desde una isla de terror. Gerardo Albarrán de Alba.
VALLE HERMOSO, TAMPS., 28 de junio (Proceso).- El silencio es más hondo que una tumba. Cualquiera sabe lo que pasa, pero nadie dice nada. Pueblos enteros tomados durante días por el cártel del Golfo o por Los Zetas; casas y negocios quemados y saqueados; ataques relámpago a instalaciones policiacas o casas de seguridad; combates que duran toda la noche y matanzas a plena luz del día que no dejan otra huella que muros y vehículos acribillados, sangre en las aceras, porque las víctimas más tardan en morir que en desaparecer sus cadáveres; amenazas por doquier contra quienes no se conforman a la primera; secuestros, asaltos y cobro de cuotas a quien se deje, y todos se dejan para llegar a mañana como se pueda. La vida controlada en las comunidades disputadas mediante retenes y volantas en las calles y avenidas principales, lo mismo si rondan el medio millón de habitantes, como Reynosa y Matamoros, que si no llegan a 5 mil, como Burgos.
Que no, que aquí no pasa nada, son hechos aislados, corean el gobernador y la mayoría de los presidentes municipales, al costo de sembrar sospechas sobre ellos mismos. La gente ejerce el derecho de réplica en internet. Los llamados de auxilio se acumulan, se prodigan los reproches. La impunidad indigna. Los testimonios saben a congoja. Es el desamparo.
El convoy de más de 100 camionetas rotuladas CDG (Cártel del Golfo) y X M3 (Metro 3) llegó temprano a Valle Hermoso el miércoles 24 de febrero. El pueblo estuvo ocupado durante tres días de enfrentamientos a toda hora. Nomás chillaban los coches por las corretizas que pegaban. Nadie nos auxilió, ni el Ejército vino por más que lo llamaron. Hubo como 60 muertos. La historia se repitió el 6 de junio. Se fueron derecho a la preventiva y otros a la ministerial. Fue una matazón. Se llevaron a varios policías. Las entradas y salidas fueron bloqueadas, luego de varios días de rumores y tensión.
La violencia en el estado arreció a partir del primer asalto a Valle Hermoso, el mismo día en que una juez en Houston, Texas, sentenció a Osiel Cárdenas a un cuarto de siglo de prisión. Al día siguiente, en Ciudad Victoria se vaciaron las escuelas y las calles por los rumores de balaceras. El 11 de marzo lanzaron granadas y acribillaron las oficinas de la Policía Ministerial del Estado y de la Policía Preventiva. Hace apenas tres semanas, el 11 de junio, militares mataron a dos personas frente a la casa del procurador de Justicia, aunque la primera versión que se esparció por las calles es que el crimen ocurrió dentro.
Ni el gobierno se salva. Son varios los alcaldes abofeteados por los narcos, los altos funcionarios estatales despojados de sus aparatosos vehículos, los empleados federales impedidos de cumplir sus tareas. Ellos cobran la luz, el predial, el agua; se convirtieron en proveedores de servicios públicos. El gobierno del estado y los municipios sólo administran el desastre y trabajan con lo que les dejan, mientras se cuidan la espalda. ¿Ya notaron que el gobernador mandó pintar todas las unidades? Ahora son blancas, con logos grandes del gobierno del estado en el techo, para que no los confundan. Sólo así pueden salir a carretera seguros sin que los tiroteen desde los helicópteros de La Maña.
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La cotidianidad se mide en los calibres empleados y las granadas detonadas, el número de bajas, las horas de terror. Ser testigo da para meses de episodios que se adaptan al interlocutor en turno, siempre en el círculo más cercano, porque entre desconocidos no se pasa de una charla incidental. Con la prensa amordazada, policías coludidas o sometidas, y autoridades políticas indolentes o en plena fuga, el rumor alcanza la categoría de leyenda urbana. Si algo llega a salvar la censura, las versiones oficiales minimizan todo y los periódicos y noticiarios locales se avienen.
Nadie sabe cuándo le va a tocar, pero todos entienden que será un día de estos, mientras llevan a los hijos a la escuela o hacen las compras de la semana o se aventuran por caminos y veredas para cualquier diligencia ineludible. El imaginario se debate entre las ganas de creer que se puede seguir como si nada y el rezo interno porque no sea hoy, porque no sea a mí ni a los míos.
Desfigurada la normalidad, el miedo llena los vacíos y apela al sentido común como manual de sobrevivencia. Ver y callar, o mejor no ver para no tener que decir nada. La violencia no deja espacio para el autoengaño; la cantidad de historias es abrumadora: Nuevo Laredo, Nueva Ciudad Guerrero, Mier, Camargo, Comales, Díaz Ordaz, Reynosa, Río Bravo, Matamoros, Ciudad Valle Hermoso, San Fernando, Soto la Marina, Mante, González, Altamira, Ciudad Madero, Tampico y la capital, Ciudad Victoria, registran más de medio centenar de choques y masacres en los últimos seis meses. Son los que se notan. Aquí la muerte no toma asueto.
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Imposible mimetizarse en cualquiera de estos pueblos, donde todos se conocen. Nadie que sea un extraño lo puede disimular, y menos aquí, entre paredes tres veces descascaradas a balazos y el asesinato del que muy probablemente habría sido el siguiente alcalde de Valle Hermoso, una tras otra entre febrero y junio. El visitante despierta a su paso una mezcla de curiosidad y sentido de alerta entre los lugareños que lo estudian de soslayo.
Las personas comunes no resisten alusión a la tragedia, menos una pregunta directa. Desvían la mirada y bajan la voz para cambiar de tema. Con suerte, después de un rato de nimiedades, la desconfianza en el forastero se agrieta y las historias fluyen como catarsis, pero sin nombres; fechas y lugares, apenas aproximados. Nada que identifique a las víctimas ni a quien ha dejado de ser prudente en un momento de desahogo.
En Ciudad Victoria, funcionarios públicos, políticos, académicos, periodistas o personajes notables se cuidan de cualquier postura comprometedora y recurren a los eufemismos: los enfrentamientos, los atentados, los secuestros, los asesinatos, la barbarie toda se llama evento; los narcos y sus sicarios son La Gente, La Maña, Las Comadres de Gloria, Los de la Letra. Para el Ejército son simples agresores.
La prensa es una parodia de sí misma. Primeras planas llenas de gacetillas, interiores rellenados con boletines. La página policiaca se atiene a los accidentes de tránsito; en otras condiciones, nadie sabría lo mal que se maneja en Tamaulipas. Radio y televisión son inocuas. Si ya la corrupción era consustancial al periodismo local, la guerra de los cárteles dividió lealtades. Algunos pagaron el precio: ocho reporteros fueron secuestrados el 8 de marzo; cinco de ellos aún no aparecen. Ahora todos están bajo la misma amenaza: plata o plomo. ¿Servir a unos o a otros? Mejor nadar de muertito, bendita sea la grilla local que permite reportear otras cosas. La Gente tiene sus voceros, reporteros que trabajan para ellos. Te llaman a la redacción; te dicen esto sí, esto no. Los narcos son los verdaderos editores de los periódicos, los jefes de información de los noticieros. A veces no nos tienen que hablar, ya sabemos de qué o de quiénes no tenemos que publicar nada. Hay listas, pero no alcanza. El problema es que no sabes realmente con quién estás hablando, sobre quién estás escribiendo. Vives con miedo a equivocarte.
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Los narcos presumen que son los buenos, lo malo es que no se sabe cuáles. La guerra entre El cártel del Golfo y Los Zetas no se limita al control de las plazas, va por las conciencias de quienes preferirían subordinárseles a cambio de recuperar un poco de paz. Emiten boletines de prensa para limpiar su imagen y denostar a sus enemigos; ejercen la censura previa en los medios y tiran línea a conveniencia; distribuyen volantes casa por casa y esparcen rumores en las redes sociales. La propaganda arraiga percepciones.
Una mujer arrastra la tristeza por la carretera. ¿Qué hace por aquí solita? ¿No sabe que es peligroso?, le preguntan los narcos desde su camioneta rotulada CDG o Z-40, da lo mismo. Llorosa, explica que le acaban de robar su auto y la abandonaron ahí. Súbase, le dicen. El carro era viejo, pero era todo lo que tenía. Es maestra, gana una miseria. Se conduelen. Le abren una maleta repleta de dólares. Métale la mano, agarre lo que quiera, la invitan. Tome más, todo lo que pueda, y cuente lo que aquí pasó. La historia tiene media docena de versiones, según la facción a la que favorece. En una, son dos mujeres jóvenes a las que ayudan a recuperar su troca y matan a los rateros. En todas, los narcos hacen justicia a los pobres.
Hasta la extorsión tiene una cara benevolente. Los narcos controlan toda la economía informal de las plazas que dominan intermitentemente, ora unos, ora los otros. Igual antes tenían que pagar mordidas al policía, al inspector. La Maña hizo una simplificación administrativa: Desde hoy sólo me pagan a mí, y yo me encargo de lo demás. Ningún funcionario vuelve a molestarlos.
Las costumbres se han perdido en Tamaulipas. Los paseos se limitan; las reuniones, mejor en casa. Se come en restaurantes por negocios. Se maneja con el radio apagado para escuchar a tiempo cualquier balacera. Se viste diferente: ni botas ni cinturón de hebilla ancha ni sombrero. Nada que asemeje al estereotipo del narco. Las camionetas y deportivos nuevos y más caros se quedan en las cocheras y se adquieren carritos modestos para el uso diario.
Los negocios cierran temprano, incluso en ciudades donde la violencia aún no es endémica. Si el bullicio del centro de la capital del estado se apaga a las nueve de la noche, en los pueblos la puesta de sol marca el toque de queda. La gente se guarda en su casa a veces más temprano. Algunas comunidades de la frontera chica no se han vaciado sólo porque se quedaron los que no pueden irse del otro lado del Río Bravo o a ninguna otra parte.
Trasladarse de un punto a otro del estado es un volado que nadie quiere perder. En los retenes militares las preguntas de rutina son pocas: ¿De dónde viene? De Victoria ¿A dónde va? A Valle Hermoso ¿Es de Tamaulipas? Sí, señor. ¿A qué se dedica? Soy profesor. Las respuestas y el tono adecuados reciben un lacónico “Pásele”. Viajar en un sedán polvoso ayuda.
Los bloqueos de los narcos son más rudos. No paran a todos, nomás a los que les parecen raros. Placa de otro estado equivale a semáforo rojo. Moverse en una suburban o una cuatro por cuatro es invocar la desgracia. Más vale convencerlos de que no representas ninguna amenaza, aunque cada vez es más difícil. La guerra tiene nuevos actores. La respuesta de Los Zetas a la alianza entre el cártel del Golfo, el cártel de Sinaloa y La Familia michoacana ha sido reclutar maras salvatruchas. Los refuerzos vienen de Honduras o El Salvador. Son jóvenes, todos tatuados. Se va a poner peor. La sociedad está a dos fuegos y lucha por su vida sin armas. Pero hay quienes están pasando a otra fase y construyen pequeños ejércitos privados. Quienes tienen con qué, ya lo están haciendo. Conozco a un empresario de Tampico que contrató a una docena de mercenarios israelíes. Estamos a un tris de que esta guerra delimitada entre cárteles se convierta en una guerra civil, todos contra todos.
jueves, 24 de junio de 2010
¡Mexicanos pecho a tierra!
La violencia del crimen organizado, la cultura del narcotráfico, la psicosis de los operativos, las persecuciones de los sicarios, se han metido a las aulas de México. Desde hace algunos años, los mexicanos hemos visto imágenes de niños que son levantados en vilo para sacarlos de una zona de riesgo, a padres de familia asustados que se arremolinan en las entradas de las escuelas para recoger a sus hijos, a maestras que cargan pequeños y se resguardan contra las paredes de las calles, patios escolares vacíos por el ausentismo de quienes tienen miedo de toparse con los criminales.
Las fotos galerías del pánico en las instituciones educativas recorren distintas zonas del país: los estados del Norte, el Bajío, el Pacífico. Ahora somos testigos de la existencia de protocolos de seguridad para los estudiantes, de gobiernos que ceden al miedo y por decreto adelantan el cierre del calendario escolar, autoridades que adelantan las vacaciones de verano para que los niños se queden seguros en sus casas. Es la política del miedo y de la impotencia ante una de las responsabilidades de las autoridades: garantizar la seguridad de los ciudadanos.
Tijuana, Baja California, nos dio las primeras imágenes de niños que corrían entre agentes federales, locales y militares que empuñaban rifles de alto poder. Los escolapios huyen con sus manos en los oídos. Los agentes toman a los menores y los sacan de la zona de peligro; en una mano llevan el fusil y en otra a los pequeños. “Más de tres horas duró el fuego cruzado entre sicarios del cártel de los Arellano Félix y efectivos policíacos y militares, con saldo de un presunto delincuente muerto, cuatro detenidos y cuatro agentes heridos; en el operativo decomisaron un arsenal. En la casa donde los criminales se encontraban se hallaron seis personas ejecutadas. En medio de las balas desalojaron un kínder”, resume en enero de 2008 la portada de un diario editado en la ciudad de México.
Ciudad Juárez, Chihuahua, nos ofreció una nueva estampa del terror en octubre de 2009: una escuela de los suburbios se ha convertido en una suerte de orfanato. Decenas de niños han perdido a sus padres en medio de la guerra contra el narcotráfico, en medio de las sangrientas disputas de los cárteles de la droga, de los ajustes entre las bandas del crimen organizado. Otros chicos del mismo colegio juegan a ser sicarios; llevan pistolas de plástico y someten a sus compañeros de clase. Las autoridades escolares se asustan, pero no dicen nada. Los maestros son objeto de extorsiones y tienen miedo.
Tepic, Nayarit, nos aportó en junio 2010 un nuevo elemento del miedo de las autoridades ante el avance de los grupos criminales. El gobernador priísta Ney González decretó el fin del ciclo escolar con tres semanas de anticipación frente a los hechos de violencia que se han registrado en el estado. La Secretaría de Educación Pública federal se opuso, quizá como una manera de no ceder la plaza ante las amenazas del crimen organizado, pero el mandatario estatal no dio un paso atrás. La medida se tomó frente a la “psicosis y pánico que se originó (el fin de semana pasado) en la entidad”, argumentó Olga Margarita Uriarte Rico, secretaría de Educación Pública estatal.
Monterrey, Nuevo León, cerró una parte del círculo en junio de 2010 con la confección de un Manual y Protocolo de Seguridad Escolar, que contiene medidas de protección civil en caso de accidentes, incendios, fugas de gas, amenazas de bomba, contingencias meteorológicas disturbios y despliegues de las fuerzas de seguridad. Por primera vez, las autoridades locales ofrecieron a los profesores una serie de recomendaciones, acciones preventivas en caso de un escenario de violencia del crimen organizado:
“Al escuchar detonaciones en el perímetro escolar, el maestro de inmediato ordenará asumir la posición de agazapado o pecho a tierra para todos los alumnos. Aquellos niños con capacidades diferentes serán ayudados de inmediato por el maestro o los compañeros más próximos. En todo momento el maestro calmará a los alumnos para que no entren en pánico. En ningún momento se permitirá la salida del salón hasta el arribo de una autoridad o el directivo lo indique. Evitar que por la curiosidad de los niños se asomen a las ventanas. Si existen padres de familia, ingresarlos al área más cercana a los alumnos. Evitar contacto visual con los agresores. Evitar tomar video o fotografías (si la persona es vista haciendo esta acción puede provocar a los delincuentes)”.
Las fotografías de los últimos años nos dejan ver una terrible realidad: la convivencia con una nueva cultura impuesta por el crimen organizado, en un país donde los niños y los adultos tenemos que tirarnos pecho a tierra para salvar algo del pedazo de México que nos queda.

