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martes, 19 de agosto de 2008

::Jorge Gómez Naredo:: Temacapulín; la lucha de un pueblo ll y ultima

foto: Cesar Huerta


JORGE GÓMEZ NAREDO / II Y ULTIMA

Temacapulín: la lucha de un pueblo

Cuando uno llega a Temacapulín es imposible no observar la resistencia, no sentirla ni compartirla. Mantas, cartulinas y bardas pintadas dicen que aquí se queda Temaca, que no se muere ni se va, que no se inunda. Los mensajes son claros, nítidos, ineludibles: “Estamos bien ubicados. No queremos su nuevo centro de población”, “Temacapulín, pueblo que es patrimonio de la humanidad, dice no a la presa de El Zapotillo”, “Virgencita protege a tu pueblo Temacapulín”, “Piensa. No a la reubicación, no a la presa. Temaca te queremos, Temaca, te defendemos: para que se atengan Conagua y CEA”, “No a la pinche presa”, “nuestra tierra no se vende, nuestra tierra se defiende”.

Un pueblo acosado

Desde 2005, los habitantes de Temacapulín viven con angustia. No saben si ganarán o perderán, si su pueblo se quedará donde está o será reubicado. Las autoridades estatales de Jalisco y Guanajuato han intentado, según cuentan habitantes de la localidad, intimidar a los pobladores. Primero buscaron convencerlos, después dividirlos y ahora los hostigan. Porque poner a trabajar maquinaria pesada en los alrededores de Temaca es hostigamiento. Juan José Hernández Hernández, quien no quiere que su pueblo sea inundado, ha filmado varias excavadoras trabajando a algunos kilómetros de Temaca. Enojado, al mostrar los vídeos captados, dice que son “chingaderas”, que quieren intimidar a los de Temaca, pero que no lo van a lograr.

El 14 de julio de 2008, el Comité Salvemos Temacapulín, Acasico y Palmarejo emitió un comunicado donde señaló: “nos han intimidado y amenazado […] Todo esto está afectando la salud psicológica de ancianos, niños y pobladores en general. Además [la intención de construir la presa] ha congelado el desarrollo social de las comunidades que viven sumergidas en el miedo y la incertidumbre”. Sí, hoy en Temacapulín se vive intranquilidad, se respira inquietud, se experimenta zozobra. La señora María del Consuelo Carvajal menciona que “personas han muerto ya muy angustiadas. ¿Qué va a pasar con su familia, con su casa? También allá [en Acasico] nos han platicado que han muerto muchas personas. Que están enfermas, pero ya con la angustia, pues más enfermas se ponen y se han muerto”.

Varios pobladores del lugar refieren que no solamente las autoridades de Jalisco han intimidado a los habitantes de Temaca. También las de Guanajuato. De vez en cuando se ven varias camionetas con placas de ese estado (unas, incluso, con propaganda oficial) visitando a los poblados y tratando de convencerlos de los beneficios de la reubicación. Y es que el mayor provecho de la presa El Zapotillo lo tendrá dicho estado, de donde es el ex presidente Vicente Fox. Los rumores corren en Temaca y dicen, mencionan, susurran que la presa fue planeada por Fox para que su rancho, sus empresas y todas las industrias de León tengan agua. Por eso el reclamo no solamente es hacia los gobernadores de Jalisco y de Guanajuato: también es para la familia Fox.

El hostigamiento no solamente es con la insistencia de que la presa va, que la presa pronto, que la presa ya. La presión también se experimenta por medio de la angustia, de vivir tres años (desde que se anunció la edificación de la presa) sin saber qué hacer con las casas, con el pueblo: ¿construir más si ya todo, pronto, desaparecerá?, ¿meterle unos centavitos a la finca, hacer arreglos en la cancha de futbol, invertir en el pueblo? La zozobra es mucha y se respira por todos lados: especialmente los ancianos viven agobiados y esto afecta su salud. Temacapulín ha quedado paralizado en estos años de desasosiego. Así lo mencionó en enero pasado el presidente de cronistas de Los Altos de Jalisco, Miguel Angel Casillas: “hace tres años que no se invierte un costal de cemento para esta comunidad y que nadie lo dice porque no les conviene: hace tres años que nadie quiere levantar un ladrillo ni levantar un adobe”. Así intentan matar a Temaca, con presión, con angustia, con congoja y ansiedad. Pero Temaca y quienes lo habitan se aferran: quieren que su pueblo, todas las mañanas, continúe naciendo.

La batalla del 15 de junio

La Comisión Estatal del Agua (a través de un volante) “invitó” el 15 de junio de 2008 a los habitantes de Temacapulín para que se discutiera la ubicación del “nuevo centro de población”. Esta labor de “consenso” fue encabezada por Héctor Javier Castañeda Náñez, director de Cuencas y Sustentabilidad (quien al mes, percibe 84,000 pesos por su invaluable labor), y verificada por el notario público Enrique Casillas Franco, de Tepatitlán. Este último elaboró un acta donde describe, desde su perspectiva y la de la CEA, lo sucedido ese 15 de junio. El relato comienza cuando Castañeda Náñez le comunica a Casillas Franco que se había “programado” una reunión “con los habitantes y propietarios de Temacapulín, Jalisco, con el objetivo de informar a estas personas sobre las alternativas de reubicación del centro de población de la misma localidad, pues de llevarse a cabo la construcción de la presa El Zapotillo, la localidad de Temacapulín se vería afectada, por lo que desde hace tiempo ya se ha venido platicando y teniendo reuniones informativas”. Esto demuestra que la presa va y que ya se ha decidido que se inundará Temaca.

El acta continúa en una redacción como de parte bélico. Afirma el notario que Castañeda Náñez manifestó que “había mandado una avanzada, pues sabía que la reunión que se había convocado había provocado efervescencia en los habitantes”, y ésta había informado que los de Temaca habían bloqueado la carretera. Se pensaron varias alternativas para ingresar al pueblo, como si se tratara de la toma de una ciudad por un ejército. Digamos, el ejército de la CEA. Se discutió y se reflexionó. ¿Cómo era posible que los habitantes de Temaca no quisieran una reunión con las ínclitas autoridades estatales? Castañeda Náñez propuso entrar por otro acceso que no fuera el que va de Cañadas de Obregón, pero alguien advirtió que “sería burlar el cerco que tenían los habitantes de Temacapulín” y eso provocaría “agresiones físicas”.

Por fin, relata el notario de Tepatitlán, se decidió hacer frente a la amenaza del pueblo enardecido e ingresar por el acceso principal “en varios vehículos, los cuales eran resguardados por dos camionetas con elementos de la Dirección de Seguridad Pública del Estado”. La batalla, la guerra, la conflagración: estaba en marcha la “toma de Temaca” encabezada por la CEA. Cuando los miembros de la dependencia gubernamental avizoraron peligro, es decir, a la gente de Temaca que acababa de salir de una misa al aire libre para celebrar el día del padre, se apearon de sus vehículos. Héctor Castañeda, cual héroe de La Iliada y La Odisea, “tomó la decisión” de caminar rumbo al pueblo e ingresar en él. Se topó con los pobladores y comenzaron las explicaciones del por qué estaba cerrado el acceso al pueblo. Narra el notario Casillas que pudo observar “a ojo de buen cubero” que “cuando menos cuatro o cinco personas no tenían pinta de ser lugareños o pobladores de Temacapulín”. A algunos los describe nítidamente: “un hombre que traía una camiseta negra con una calavera al frente”. Seguramente portar ropa con calaveras no va con el día del padre.

Después de ingresar al poblado, el notario se dio a la tarea de recolectar datos de las personas que no tenían “pinta” de ser de Temacapulín, y les preguntó, arriesgando su físico (pues “estas personas eran las más agresivas”), de dónde eran. Su ojo avispado no falló: vivían en Guadalajara y “pertenecían a no sé qué grupo ecologista”. Sediciosos, pues, que “estan agitando a la gente”. La reunión no se celebró porque no había gente en el hotel donde la CEA había “invitado” a los pobladores. Pero siempre siguiendo su noble labor, Héctor Castañeda y sus acompañantes colocaron tres planos topográficos donde se veían los lugares para la reubicación. Los montaron, les tomaron fotos para que “quedara constancia que la intención de la CEA fue siempre la de llevar a cabo la reunión informativa para la que se había citado”, los desmontar y se fueron. Antes de salir del pueblo y subirse nuevamente a sus camionetas, describe el notario, los “manifestantes”, es decir, el pueblo perverso de Temacapulín, “se pusieron a gritar una serie de ofensas y palabras altisonantes”. En Temaca, pues, mucha gente mal educada: la CEA quería amistad e iba a conversar con ellos, a informarles, a darles el poder de decisión: decidir adónde quieren ser echados después de que su pueblo se muera, o más bien, sea asesinado.

La resistencia

Temaca resiste porque no quiere dejar de existir, porque no quiere perderse ni rendirse, porque es parte de la vida oponerse ante el poderoso y ante las injusticias. Temaca resiste a la imprudencia y la soberbia de las autoridades de Jalisco y Guanajuato, al desdén mostrado por el gobernador de Jalisco, Emilio González Márquez, y por los directivos de la CEA, encabezada por César Coll Carabias. Temaca resiste a la presión psicológica y a la visión que lo cataloga como un pueblo de migrantes pobres y fáciles de ser manipulados. Temaca resiste porque no se le pidió su opinión, porque sus habitantes no participaron en las tomas de decisiones cuando son ellos los principales afectados. Resiste porque es tiempo de resistir, de la unión y la organización, porque se toca y se maltrata la dignidad, porque se minusvalora la inteligencia del pueblo. La gente de Temaca no quiere la presa porque no se les consultó ni se les pidió su opinión al respecto. Un día llegaron y les avisaron que serían reubicados. Y no quieren ser echados de su pueblo porque piensan, sienten y están convencidos que poseen el inalienable derecho de elegir dónde vivir.

La señora Guadalupe Iñiguez está sentada en una banqueta descansando. Tiene más de 80 años de edad y todos los ha vivido en Temaca. Se cuestiona enojada al escuchar las palabras “presa El Zapotillo”: “¿por qué nos quieren echar de nuestro pueblo?” No encuentra respuestas. Menciona que les quieren “hacer unas casas de avispas, eso es lo que nos van a hacer, porque casas como las que tenemos, no”. Por eso piensa que “los del gobierno” son “unos embusteros”. Tiene un hermano en Guadalajara que trabajó mucho tiempo en “agarrar a los bandidos”, y él la tranquiliza diciéndole que no la van a hacer, que no se atreverán. Pero ella está nerviosa y enfadada con las autoridades: “va uno con el gobernador, pero no tiene palabra, ora dice que sí mañana dice que no: pos no. ¡Qué feos!” Al cuestionárseles que dos o tres pobladores de Temaca sí quieren vender sus casas y ser reubicados, alza la voz y se ríe: “dice una gente que la quieren [la presa] que porque les van a pagar en dólar, en mucho dinero. En dólar…, cállense la boca, como si uno no conociera el gobierno lo que es”.

Los de Temaca resisten, se enojan y también están dispuestos a luchar, a hacer todo lo posible para no dejar morir a su pueblo, para que no lo maten. No venden sus propiedades ni se dejan engañar con las mieles y la gloria que les ofrecen las autoridades estatales. La resistencia va y es pacífica, pero advierten, como lo hizo Gabriel Gutiérrez: “la defensa del pueblo estamos tratando de que sea pacífica, hasta ahora no hemos cerrado carreteras. […] Si en el momento en que se empieza a construir la presa, la gente opina que hay que entrarle más para adelante, pues más para adelante le vamos a entrar”. Temaca lucha, se despierta, y cuando un pueblo se levanta (hay muchas evidencias en la historia de México), los gobiernos injustos y déspotas que no miran nunca el pensar de sus gobernados suelen perder.

lunes, 18 de agosto de 2008

::Jorge Gómez Naredo:: Temacapulín; la lucha de un pueblo

JORGE GÓMEZ NAREDO / I PARTE

Temacapulín: la lucha de un pueblo

“Desde el siglo VI Temacapulín te saluda”, se lee en uno de los cerros que rodean al pueblo que Jalisco, Guanajuato y el gobierno federal pretenden desaparecer con la construcción de la presa El Zapotillo
“Desde el siglo VI Temacapulín te saluda”, se lee en uno de los cerros que rodean al pueblo que Jalisco, Guanajuato y el gobierno federal pretenden desaparecer con la construcción de la presa El Zapotillo Foto: HECTOR JESUS HERNANDEZ

¿Y si se nos muere el pueblo, si desaparece, si realmente se atreven a inundarlo y nos quedamos con nada? ¿Y si la Virgen de los Remedios, a la cual todos los días le rezamos, nos desampara y deja que el gobierno nos venza, nos gane? ¿Y si nos cansamos y no damos la lucha, si nos dividimos o nos dividen, si no logramos defender nuestro pueblo, nuestro patrimonio? Todos los días los habitantes de Temacapulín se hacen estas preguntas. Y se las hacen desde que las autoridades de Jalisco, Guanajuato y el gobierno federal decidieron que su pueblo debería desaparecer para poder edificar la presa El Zapotillo, dizque para el progreso, dizque para que todos vivamos mejor.

Temacapulín

En el municipio de Cañadas de Obregón se encuentra el pueblo de Temacapulín (o Temaca, como todo aquel que lo conoce le nombra). Es pequeño. Tiene una plaza con quiosco y bancas donadas por diversas personas o instituciones. La iglesia fue construida en el siglo XVIII y en su atrio hay árboles. Arboles frondosos. El poblado está rodeado por varios cerros. En uno de ellos se puede leer claramente: “Desde el siglo VI Temacapulín te saluda”. Las casas guardan un equilibrio arquitectónico; las calles empedradas le dan un toque campirano. Es un pueblo atractivo, lindo, bello. Tiene posibilidades de desarrollo turístico porque hay aguas termales, balnearios y hoteles.

Los habitantes de Temaca no son más de 600, pero sólo son los que viven ahí. Porque están también los habitantes de Temaca que no residen en el pueblo. Los que se fueron y se llevaron a su poblado con ellos. Los que lo cuidan desde lejos, los que lo extrañan, los que ningún día dejan de pensar en el regreso, en el ansiado retorno. Temaca es de quienes lo habitan y de quienes lo dejaron para buscar mejores condiciones de vida. Hay gente de Temaca, dice la señora María del Consuelo Carbajal, en California, Chicago, Monterrey, Veracruz, Guadalajara, en todas partes andan los de Temaca.

La migración hacia Estados Unidos es una constante en la mayoría los pueblos del país. La gente se va a buscar mejores condiciones de vida. No hay trabajo ni dinero. El campo no recibe apoyo. Ahora sembrar es una actividad cara y vender lo que se cosecha, un mal negocio. Por eso la gente se va, porque no existe ayuda ni hay interés de las autoridades para mejorar la situación de vida de millones de mexicanos que se dedican al campo. Temaca no es la excepción. La gente migra, se va. Pero se va siempre pensando en regresar; en juntar dinero, mandar dinero, retornar con dinero y vivir en paz y feliz en el pueblo en el cual nació, donde dejó sus recuerdos.

Temaca, pues, es habitado por los que están y por los que no están. Por los que se fueron para regresar y por los que se quedaron para esperar. Como Gabriel Gutiérrez, quien menciona: “tengo veinte años en Monterrey, quizá ya agarré la tonada de allá pero soy de aquí y sigo siendo de aquí, de Temaca”. Sin duda, un pueblo que vive en carne propia las consecuencias de un modelo económico neoliberal.

El conflicto

La gente de Temacapulín está enojada. Y no es para menos. Quieren desaparecer su pueblo. Los gobiernos estatales de Jalisco y Guanajuato y el federal se coordinarán para edificar la presa El Zapotillo, la cual inundará Temaca. Decidieron que los habitantes de dicho pueblo no tendrían decisión. Se irían y ya. Quizá les darían voz para que escogieran el lugar de su reubicación. Pero no más. La presa se construirá para dotar de agua a León o, más específicamente, a las grandes industrias de León. También proporcionará líquido a algunas poblaciones de Los Altos de Jalisco.

En una reunión en Guadalajara el pasado primero de agosto para detallar la construcción de la presa El Zapotillo, en la cual estuvieron presentes los gobernadores de Jalisco, Emilio González Márquez, y de Guanajuato, Juan Manuel Oliva, además del director de la Comisión Nacional del Agua (Conagua), José Luis Luege Tamargo, hubo sonrisas y apretones de manos, palabras de progreso y de unidad. El mandatario jalisciense adujo: “quien ahora tiene una vivienda no en las mejores condiciones, el compromiso es que en la reubicación pueda tener una mayor calidad de vida”. Por su parte, Luege Tamargo arguyó que “está garantizada la indemnización de la tierra, la construcción de viviendas dignas y los acuerdos absolutamente consensuados con las comunidades que se demuestre necesitan un beneficio directo al ser reubicadas”.

Sin embargo, existe un conflicto: quienes habitan en Temaca no quieren la reubicación porque no desean que su pueblo se muera, que quede inundado. No han sido “consensuados” en ningún momento por autoridad alguna sobre si están o no de acuerdo con que se les reubique. Ellos buscan seguir viviendo donde siempre han vivido, donde vivieron sus padres y sus abuelos, donde tienen sus recuerdos y su patrimonio, donde descansan sus muertos, donde han llorado y reído, donde han sufrido y gozado. Ellos quieren a Temaca y lo quieren donde está, donde siempre ha estado.

Amor y pueblo

Desde que saben las intenciones del gobierno estatal para desaparecer su pueblo, se ha revitalizado el amor al terruño. Temacapulín, para quienes habitan ahí y para quienes lo dejaron pero que piensan regresar algún día, es el ombligo del mundo: el mejor lugar para vivir. Juan Manuel Jiménez Iñiguez nació en la ciudad de México y desde pequeño lo llevaron a Temaca. Y Temaca es su patria. El cuida “unas borregas” y “limpia casas”. Su visión del conflicto es muy particular: “tienen envidia porque este pueblo tiene todos los servicios, tiene mucho turismo. ¿Dónde nos van a hacer casas como ésta, que es antigua?”, menciona al señalar una bella edificación de cantera.

Manuel de Jesús Carbajal, quien atiende el billar del pueblo y se encarga de “la seguridad de la población”, también muestra su arraigo a Temaca. Tuvo que emigrar para trabajar en un lugar con mayores oportunidades. Se fue a Manzanillo. Pero regresó y regresó contento. El pueblo es único: “no digo que vivo como rey pero aquí vivo muy a gusto, en mi pueblo”. Y es que hay una relación estrecha entre Temaca y las personas que lo han habitado. La mayoría de quienes actualmente residen ahí están en contra de que se les eche. No lo quieren porque Temaca es suyo y ellos son de Temaca. Manuel lo expresa nítidamente: “El amor que le tenemos a nuestro pueblo es grande. Nadie vende. No es lo mismo que te lleven a vivir a un rancho a vivir en tu pueblo. Nosotros no vendemos. Y defendemos”.

¿Cómo hacerles entender a las personas que han vivido toda su vida en Temaca que el progreso es necesario y que León y sus industrias precisan sacrificios? ¿Cómo decirle a una señora que nació en Temaca, creció en Temaca, se casó en Temaca, dio a luz en Temaca y quiere morir en Temaca, que de un día para otro no habrá más Temaca? ¿Cómo? Es el caso de María del Consuelo Carbajal, quien ha vivido toda su vida en Temacapulín y no se quiere ir. Está enamorada de su pueblo, vive feliz en él. Y aunque otras ciudades son hermosas y le cuentan sus familiares cómo es Estados Unidos y Monterrey, ella quiere a Temaca y se queda con Temaca. No desea abandonar sus recuerdos, el lugar en donde crecieron sus padres y sus abuelos: “ni porque nos llevaran a un palacio. Nosotros estamos viviendo aquí muy a gusto”.

Los de Temaca aman a su pueblo y ensalzan su belleza. Porque la belleza muchas veces no depende de construcciones arquitectónicas majestuosas, de edificios lujosos, de modernidad y confort. La belleza, fuera de los ámbitos académicos, es un concepto individual arraigado a lo vivido y a lo sentido. J. Guadalupe Sánchez demuestra nítidamente este proceso. Nació en Temaca, no tiene “ni un grado de escuela” y desde pequeño trabaja. Emigró a Estados Unidos y ahí se hizo de “unos centavitos”. Regresó a México y comenzó a trabajar “muy duro” en Guadalajara, donde acumuló “otros centavitos”. Hace algunos años retornó a Temaca. Cumplió su sueño: “A mí me tocó mucha suerte de venirme de vuelta a mi pueblo a morirme”. Para don Guadalupe el lugar donde nació es un paraíso: “¿Quién no se viene a vivir aquí? Qué Tepa ni qué madres de nada. Aquí es una gloria”. Por eso, empuñando las manos, espeta: “inundarlo es una tontera de nuestra nación”.

Primero la reubicación, después el consenso

¿Por qué será que los gobiernos primero deciden y después consensúan? Así sucedió en el caso de la presa El Zapotillo, pues las administraciones panistas de Jalisco, Guanajuato y la federal primero decidieron en sus oficinas lujosas que Temaca sería desaparecido y después avisaron a los pobladores la urgente necesidad de saber su opinión sobre el lugar donde serían reubicados. Nunca fueron a presentarles un proyecto y conocer su parecer. El gobernador de Jalisco, Emilio González Márquez, nunca ha visitado Temaca, pero eso no le impidió aprobar un proyecto que lo desaparece del mapa.

Días antes del 15 de junio de 2008 comenzó a circular en todo el municipio de Cañadas de Obregón un volante con el siguiente texto: “¡Atención a todos los habitantes y propietarios de Temacapulín! El gobierno del estado, a través de la Comisión Estatal del Agua (CEA), los invita a la reunión informativa para conocer las alternativas de ubicación del Nuevo Centro de Población Temacapulín y así determinar el sitio elegido. Te esperamos este domingo 15 de junio a las 12 p.m. en el hotel Temaca. ¡Tu decisión es muy importante!”. Ironía característica de las autoridades panistas: a los habitantes de Temaca se les “consultó” sobre el lugar donde deberán ser reubicados, pero jamás se les preguntó si querían o no ser reubicados.

Juan José Hernández Hernández es dueño de una fonda en Temacapulín: vende lonches, jugos, quesadillas, tacos, etcétera. Está en contra de la presa de El Zapotillo. Menciona que las autoridades, antes del 15 de junio, no habían ido a Temaca para reunirse con los habitantes del pueblo y plantearles si estaban o no de acuerdo en ser reubicados: “el gobierno aquí no viene a decirnos absolutamente nada de cómo vamos a ser afectados”. El desprecio al pueblo duele…, duele mucho. Y las autoridades panistas de Jalisco han despreciado a Temacapulín.

Según el volante repartido por las autoridades estatales, Temaca dejará de ser un pueblo y se convertirá en “Centro de Población”. No entienden que el terruño es un elemento esencial en la cultura mexicana, en la historia de nuestro país. Pertenecer a algo es importante y la mayoría de los mexicanos pertenece, además de a la nación, a su patria chica, al lugar donde nació y creció. Quienes buscan construir la presa e inundar Temaca despreciando a sus habitantes no conocen esa estrecha relación entre los pobladores y su terruño. Y tampoco conocen muchas de las consecuencias cuando, un pueblo herido, un pueblo que quiere seguir viviendo, se despierta y dice no.

Para quienes idearon la presa El Zapotillo, Temaca es un pueblo con gente que migra y que fácilmente puede ser reubicada en las puntas de los cerros. No ven más allá. Sin embargo, para desagrado de las autoridades, los habitantes de Temaca piensan, sienten, saben y se organizan. Quieren a su terruño, la tierra que los mira y que siempre los ha mirado. La lucha que dan es por amor: aman a su pueblo y desean que se mantenga en pie, que no se muera, que no quede sepultado por las aguas que llenarán las tuberías de las industrias leonesas, mientras ellos…, ellos son reubicados en lugar infértil y alejado de sus raíces. Mutilados, pues.

jueves, 7 de agosto de 2008

El Lobby -MAURICIO FERRER -

El Lobby

MAURICIO FERRER

Indiferencia y silencio=pecados sociales

“No seas cómplice de los pecados sociales con tu indiferencia y tu silencio”, es la advertencia que lanzan los pobladores de Temacapulín a través de la Internet, ante la amenaza de que el pueblo desaparecería del mapa de Jalisco debido a la construcción de la presa El Zapotillo.

El Movimiento en Defensa de Temacapulín ha traspasado el entorno local. Más allá de los famosos macheteros de “San Mateo Atenco” que dice el gobernador de Jalisco, Emilio González Márquez, ya tiene detectados en la zona, la lucha social de los de Temaca ha cruzado fronteras gracias al ciberespacio.

El sitio es la fiel reproducción del boletín impreso “Temacapulín de los Remedios”. Es el “informativo electrónico” hecho por el presbítero Gabriel Espinoza Iñiguez, el señor cura del poblado, quien nada tiene que ver con el cardenal de Guadalajara, Juan Sandoval Iñiguez, aun cuando el apellido sea el mismo.

“Antes que la destrucción nos alcance”, inicia en letras rojas la portada del sitio www.temacapulin.com.mx. Y antes de que una acción apocalíptica llegue a Temaca –no de la mano de Dios, sino de la del PAN–, el presbítero ironiza sobre la construcción de El Zapotillo que, “paradójicamente, quiere, ahogando nuestro patrimonio, mejorar nuestras tradiciones”.

“Paradójico, porque en sentido contrario al del poeta debemos estar ciegos, pues no vemos lo que tan gran proyecto nos beneficia”, prosigue.

“Paradójico que haya que perjudicar al pueblo para beneficiar al pueblo. Entonces se cumple aquello de que: si antes había guerras, era por el egoísmo de algunos, y si ahora ya no las hay, ¿es por el egoísmo y vanidad de las mayorías?”, cuestiona el religioso.

Para el párroco local, los culpables de la desaparición de Temacapulín tienen nombre: gobiernos federal y estatal, la Comisión Nacional del Agua (Conagua) y la Comisión Estatal de Agua (CEA).

“Están traicionando a Temaca haciéndole grandes promesas, como el Gran Hermano de tiempos no tan lejanos del comunismo, que repartía la riqueza, pretexto de la justicia social, pero en realidad pocos eran los beneficiados y lo que a todos y todas seguro les tocaba era la miseria”, asegura.

En esto último no concuerdo con el religioso al asegurar que, el “satánico” comunismo tenga que ver con las políticas actuales. Si bien el comunismo tendrá sus errores, no ha sido un sistema implementado en el país como para achacarle los males nacionales.

Al contrario, la instauración de las políticas emanadas del neoliberalismo son las que han producido un sinfín de situaciones: medio ambiente destruido, desarrollo urbano caótico, desigualdad social, pobreza extrema, violación flagrante a las garantías individuales, etcétera, etcétera.

El neoliberalismo es como la Matrix. Sí, como la película. Se vive en una especie de software donde todo es desarrollo: computadoras, ropa de marca, celulares, iPhone, Blackberrys, etcétera. Un estado donde la familia –sobre todo la proveniente de la clase media– es el núcleo donde la manipulación neoliberal ha encontrado suelo fértil: vivienda a pagos, auto en abonos, ropa y electrónicos a 18 meses sin intereses, crédito en universidad privada a pagar a 10 años posteriores a la graduación; espejismos que, aunque ciertamente otorgan más comodidad, alejan de las verdaderas tradiciones nacionales, deshumanizan al consumidor de la suerte del otro que no tiene para un plato de frijoles y nos esclavizan al pago mínimo de tarjetas bancarias que bien, como mínimo, nos hacen tenerlas unos cinco años para alcanzar a pagarlas.

Cuando uno despierta del sueño Matrix, ve que todo está jodido: que aun cuando tenga algo de dinerito, sigue uno debiendo y debiendo y debiendo. Que por más carro que uno traiga, la ciudad es un relajo y avanza uno más rápido en camión. Así, cientos de situaciones que nos dejan ver un futuro que nunca llegará.

Y tiene razón el presbítero en hacer ruido ante la indiferencia y el silencio. Una película francesa titulada El odio, realizada en la década de los años 90, presenta esa desesperanza que enfrentan las clases desprotegidas, olvidadas de los gobiernos y vistas por las clases ricas como una amenaza, por lo menos con el simple hecho de rozar su piel.

La cinta refleja tres formas diferentes de ver la vida por tres jóvenes de los suburbios franceses: un árabe, un negro y un judío. Son tres formas de acobijar el odio hacia quienes los fustigan, los juzgan y los niegan, aunque sean parte de la realidad.

Pero en Francia es otro asunto. Lo mismo en Inglaterra, en cualquier país de Europa. Cualquier atentado contra la garantía de uno solo tiene la respuesta de miles, de millones. Lo mismo sucede en países sudamericanos como Argentina, Chile, cuyas dictaduras les han dado las herramientas a sus ciudadanos para luchar por lo que creen que afecta al bienestar común. Pero, ya lo decíamos en este mismo Lobby, ¿qué carajos puede importarnos Temaca?

En lo personal, mucho. Es un hecho que demostraría una vez más el aplastamiento del poderoso sobre el débil; que demostraría una vez más la impunidad; que demostraría una vez más que los políticos hacen lo que creen que “es mejor para Jalisco”; que demostraría una vez más la pasividad que tenemos como sociedad. Pero que podría demostrar también de qué estamos hechos y hasta dónde se puede soportar tanto desagravio.

“Son Judas traidores. A Cristo lo vendieron por 30 monedas de plata. A Temaca lo quieren vender por una presa que Jalisco quiere regalar a Guanajuato, y para justificar dicen que es proyecto federal, cuando sabemos bien que los 25 metros añadidos a la cortina los propuso Jalisco con el argumento de darle agua a Los Altos y a Guadalajara. Por un lado amarran navajas, pero con hábito de San Gestas “...sálvate y sálvanos”; y por el otro reparten la miseria de falta de soluciones que generen buena vecindad y progreso para todos”, concluye en el ciberespacio Espinoza Iñiguez, el párroco que no es nada de Sandoval Iñiguez.

miércoles, 30 de julio de 2008

Temacapulín no es “San Mateo Atenco”

Foto: Zorro Tapatio

El Lobby

MAURICIO FERRER

Temacapulín no es “San Mateo Atenco”

“Yo sé que hay gente interesada en que no se haga, sé que hay extranjeros que tienen un interés que no conozco y que están ahí, los he visto pero no tengo los nombres, no sé qué interés tengan; sé que llevaron ya a los macheteros de San Mateo (sic) Atenco, pero sé también, porque estamos hablando con los verdaderos pobladores, que tienen interés en cambiarse, siempre y cuando el gobierno del estado les cumpla”, fueron las declaraciones que el pasado jueves 24 de abril lanzó al aire el gobernador de Jalisco, Emilio González Márquez.

Excelente fue la observación que hizo mi compañero de bancada jornalero, Juan Carlos G. Partida, quien sabiamente le puso el famoso “sic” entre paréntesis al inexistente caso de “San Mateo Atenco” que dijo el mandatario.

Fueron igual o peor las reacciones de algunos camaradas periodistas que, días posteriores le preguntaban a cuanto funcionario se encontraban por los macheteros de “San Mateo Atenco”.

El caso de los de “San Mateo Atenco” pasó a ser criminalizado incluso por la prensa sobre la presencia de éstos en Temacapulín, en el municipio de Cañadas de Obregón, que fueron, no explícitamente, pero casi casi se les ha calificado de “sonsacadores” de los habitantes del lugar, peligrosos “aborígenes” que sólo por la intervención de “extranjeros macheteros” fueron “manipulados” con el argumento de la defensa de su tierra ante el “progreso” que acecha a la región con la construcción de la presa El Zapotillo.

En Jalisco, bastión panista por excelencia, es difícil creer que los pobladores de un pequeño sitio del estado piensen y actúen de manera independiente a través de los machetes. No, si lo hacen, es porque vienen o macheteros de “San Mateo Atenco” o “chilangos”, ya lo dijo alguna vez el ex mandatario estatal Francisco Ramírez Acuña aquel memorable 28 de mayo.

Jalisco, progresista, no puede presentar a unos cuantos rijosos, es la manera en que las autoridades se hacen de la vista gorda y no quieren ver lo que ahí está: movimientos sociales en lucha ante la depredación de las políticas neoliberales.

Temacapulín no es San Mateo Atenco, definitivamente. Pero sus habitantes ya tienen listos los machetes al puro estilo de San Salvador Atenco, lo hemos repetido desde este Lobby según los testimonios que nos han hecho llegar quienes han ido a documentar el enojo de la gente ante la magnánima obra El Zapotillo.

Y tal cual San Salvador Atenco, aquel memorable hecho de la administración foxista, en el que campesinos defendieron sus tierras ante la expropiación de las mismas para la construcción de un aeropuerto, en Temacapulín están dispuestos a todo, incluso al derramamiento de sangre.

¿Cómo lo sabe el gobernador? El aparato de “inteligencia” ya se puso a rodar. Es lógica la infiltración de personal del gobierno estatal en los grupos locales. Se puede esperar la expropiación y, ante la reacción del poblado, la represión.

Pero Temacapulín es bravo. Barrio Bravo. Ahí, aunque la presencia de la Iglesia es notoria, pues cuenta con un templo de más de 250 años, Dios no es como lo pinta el cardenal Juan Sandoval Iñiguez.

Años atrás hubo un caso de un párroco que, debajo de la sotana otorgaba el indulto a un menor que padecía síndrome de Down. Se llamaba Rafael Córdoba y al parecer se lo tragaron las puertas del mismo infierno luego de que los hechos del ataque sexual que provocó al menor de 14 años salieran a la luz en 2004.

La gente en ese entonces estaba enfurecida. Igual que ahora. Ya para entonces se habían dado otros dos incidentes con religiosos. Cuando la Iglesia quiso calmarlos con la presencia nada más y nada menos que de Norberto Rivera, con una misa en el templo, aparecieron algunos grafitis en autobuses que iban con acarreados desde Lagos de Moreno: “No quieran tapar el sol con un dedo”, se podía leer en los vehículos. Cuatro años más tarde, los de Temaca piden lo mismo: “que no les tapen el sol con un dedo”. Ahora es, “que no les ahoguen su hogar con una presa”.

Con El Zapotillo quedará bajo el agua uno de los poblados más antiguos de Jalisco, un templo de casi un cuarto de milenio y cientos de historias que han pasado de boca en boca por los cronistas del lugar. Pero eso no importa, ¡qué más da que se pierda la historia si con el progreso estaremos a la altura de las grandes regiones del mundo!

Al gobernador le ha importado un bledo la situación que viven los lugareños. El pasado 27 de junio tenía una reunión con ellos, según él mismo se comprometió. De eso hay cintas que demuestran su acuerdo.

Nada. Nadie salió de Casa Jalisco. Ni siquiera Herbert Taylor. Ahí en la casa que no paga renta cada mandatario por 6 años, que la pagan los impuestos de los jaliscienses, nadie sale cada que alguien va a dejar una queja o una invitación para que lo escuchen sobre su problema: los de Temaca, los de El Salto, los del Parlamento de Colonias. Las puertas de Casa Jalisco sólo se abren a los políticos, los empresarios, los hombres de mundo y negocios.

La gente común no tiene acceso al espacio donde el mandatario cabildea y negocia las políticas que afectan a todos. En Casa Jalisco no entra la chusma, menos los de “San Mateo Atenco”.

• lobby.lajornadajalisco@gmail.com

domingo, 22 de junio de 2008

Temacapulín








Temacapulín

Un pueblo semi-desierto en apariencia, es una de las poblaciones como muchas otras, olvidadas por las autoridades en los diferentes niveles de gobierno. Sus habitantes tienen que abandonar sus tierras en busca de empleo, la gran mayoría emigrando con rumbo a Estados Unidos y otros hacia poblaciones aledañas y ciudades como Guadalajara y Monterrey. Se marchan dejando atrás sus raíces, su pueblo, sus hogares y costumbres, con la esperanza de algún día regresar a casa y reencontrarse con su mágico pueblo.

La tranquilidad abunda, sus calles siempre limpias te invitan a transitar por ellas, la gente se conoce y entre todos conforman un pueblo con mucha paz y armonía. Doña Isaura siempre les recuerda a los visitantes los más de 50 años que tiene el pueblo de tranquilidad, pues en el transcurso de este tiempo nunca nadie ha muerto a causa de balazos.

El gobierno les asegura y promete progreso, esto si aceptan la reubicación, los habitantes le recuerdan que ellos fueron los que llegaron a terminar con el progreso, puesto que la comunidad comenzaba a crecer cuando empezaron a preparar el proyecto de la mega presa del Zapotillo.

A Temacapulín, el fantasma de las presas lo persigue desde hace mucho tiempo, la historia habla de un mega proyecto que se tenia contemplado en los años 50' la famosa presa de la izquierda que nunca llego.

Sus habitantes están angustiados, saben que no volverán a encontrarse con unas tierras tan fértiles como estas, con su tranquilidad, sus aguas termales que son visitadas por miles de turistas, pero sobre todo eso con su fe, ya que su iglesia-basílica esta próxima a cumplir 250 años de existencia.


Una sola mirada, diferentes visiones.

miércoles, 18 de junio de 2008

Temacapulín no se vende


ADIOS TEMACA.


Voy a dejar tu pena que tanto adoro,
tu pena que se viste de luces blancas,
que alumbraron la noche de mis recuerdos
y de mis ansias...
Voy a dejar tu pena,
voy a dejar el alma...
El alma que sono tantas estrofas
y que tu pena canta.
?Quien cuidara tu Cristo...?
?Quien prendera tu lampara...?
Tu lampara y tu Cristo que alumbraron
sobre la noche inmensa de mi alma...
Voy a dejar tu pena... tu pena amiga
de las nubes que pasan...
que tiene tantas frondas como sus anos,
que tiene tantos nidos como sus obras.
Ha terminado el sueno
de mi noche de ayer, unica blanca...
y hay que decirte “ADIOS” desde la cumbre
de mi inmenso dolor. ?Adios, Temaca!
? Hijo de la vejez de mis martirios...!
?Hijo de mis entranas...!
Voy a perder de vista tu Camposanto
de viejas tapias
que enarbola sus cruces sobre lo excelso
de tu montana.Voy a dejar tus cumbre,
voy a dejar el alma...
el alma que sono tantas estrofas,
y tus tumbas que hablan...
?Para que sone tanto? La tumba aquella
que paso por mis ojos iluminada;
la cruz de piedra que forjo la mente;
la envejecida lapida;
Mi corona de muertos y siempre viva,
mi yedra azul, mi triste pasionaria,
la claridad de mis estrellas propias
y el dolor de los pobres que no aman...
Es decir, ?que todo es
Mas no lo quizo Dios. Mi tumba es otra
y otra sera la rama
donde suspensa quedara mi lira
que ha temblado el dolor... ?Adios, Temaca!
?Hijo de la vejez de mis martirios...!
?Hijo de mis entranas...!
Voy a dejar llorando tu Cementerio
de viejas tapias...
Voy a dejar tus tumbas,
voy a dejar el alma...
el alma que sono tantas estrofas
y tus tumbas que hablan.
Cuando lento y callado se alce el lucero
de la palida niebla de tus montanas...
cuando en haz de renuevos y de armonias,
desataron tus frondas la Serenata
de los vientos sonoros que alli dejaron
suspendidas las arpas;
cuando tenga el sabido retonos nuevos
que humedezcan tus aguas,
o vayan de tus frondas a columpiarse
los rayos de la luz y las calandrias;
entonces, por piedad, cuando eso sea,
piensa en el sonador, que en hora aciaga
ha dejado tu Cristo
y ha dejado tu lampara...
tu lampara y tu Cristo que alumbraron
sobre la noche inmensa de mi alma.
Si llegase a pasar alguna estrella
por tu cielo sin luz, en su mirada,
que acaso venga a iluminar tu Cristo,
te enviare el corazon: ?Adios Temaca...!
Adios, ultimo sueno
de mi noche de ayer, unica blanca.

Alfredo R. Plascencia