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domingo, 5 de octubre de 2008

Jorge Gómez Naredo Imágenes de nuestro país

JORGE GÓMEZ NAREDO

I

A Felipe Calderón le recordaron, nuevamente, que no es presidente legítimo. Las medidas de seguridad no bastaron, la fina y delicada selección de los invitados tampoco. Durante su discurso en la entrega del Premio Nacional de la Juventud, uno de los galardonados, Andrés Leonardo Gómez Emilsson, le gritó la palabra más sediciosa y peligrosa que en este sexenio pueda pronunciarse: “espurio”. Poco después, cuando Calderón mencionaba los avances democráticos en el país, Marco Virgilio Jiménez Santiago, egresado de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, alzó la voz: “no hay libertad de expresión”. Fue retirado raudamente por varios miembros del Estado Mayor Presidencial y conducido a una habitación contigua. Finalizado el acto donde el Ejecutivo federal ensalzó una y otra vez la libertad de expresión, los dos jóvenes fueron llevados a una agencia del Ministerio Público. Nunca se supo cuál fue el grave delito que cometieron.

Este hecho demuestra la verdadera vocación de quienes hoy detentan, fraudulentamente, el Poder Ejecutivo: intolerancia y criminalización del disenso. Todos los discursos soporíferos de Calderón sobre la libertad de expresión, la apertura democrática y el derecho a pensar distinto son simple y llanamente demagogia: en los hechos, el régimen panista no soporta la diferencia, la crítica ni las voces disonantes. Esto quedó claro, demasiado claro.

II

El martes pasado, en la ciudad de Jalapa, Ramiro Guillén Tapia, presidente del Comité Pro Defensa de los Derechos Humanos en el sur de Veracruz, se prendió fuego. Estaba desesperado: había concertado 106 citas con el gobernador de la entidad, Fidel Herrera Beltrán, para hablar de una disputa ejidal que la Secretaría de la Reforma Agraria no ha solucionado. Todas las citas se las había cancelado el Ejecutivo estatal. Un día después de prenderse fuego, el activista social dejó de existir.

¿Acaso en México es necesario inmolarse para que las autoridades tomen en cuenta a la sociedad?, ¿por qué los gobiernos, que se supone deben representar y atender a los pueblos que los eligen, no lo hacen? Cuando los matafuegos lograron apagar las llamas que carcomían el cuerpo de Guillén Tapia, éste declaró: “Lo hice porque no sirve el gobierno, sólo son engaños y yo tenía que responder a mi pueblo popoluca”. Si Fidel Herrera tuviera un poco de responsabilidad, de conciencia, un significado de ética, hubiera presentado su renuncia inmediatamente después de haber conocido este hecho lamentable. Pero no lo hizo. Al contrario, busca, al terminar su gestión, escalar en la estructura de poder.

III

Las remesas que los mexicanos en Estados Unidos envían a los mexicanos en México comienzan a disminuir: respecto al año pasado han bajado 12.2%. Esto se debe a la crisis económica que se vive en el vecino país del norte. Pero dicha problemática no parece importarle al gobierno de Felipe Calderón. Se repite una y otra vez que en México no hay crisis, que en México existe una economía fuerte y sólida, que en México no habrá debacles ni devaluaciones ni inflación ni nada de nada: todo será bello, como el paraíso.

La migración hacia Estados Unidos se da porque aquí, en el país, no hay trabajo, porque cada día es más difícil obtener lo mínimo indispensable para comer, para vestir, para vivir dignamente. Por eso muchos mexicanos huyen: porque es una estrategia de sobrevivencia, el único camino (además de la delincuencia) para mantenerse, para aspirar a mejores condiciones de vida. Ante esta funesta realidad, el secretario del Trabajo y Previsión Social, Javier Lozano Alarcón, adujo que el gobierno federal está “listo” para recibir a los mexicanos que regresen al país ante la crisis económica en Estados Unidos. Sí, el empleo, según las autoridades federales, crece y mejora. Lozano Alarcón incluso arguyó que Felipe Calderón terminará su mandato “siendo auténticamente el presidente del empleo”. Vaya distancia entre las declaraciones de los panistas y la realidad que viven millones de mexicanos.

IV

Tres imágenes de un gobierno intolerante, inepto e incapaz. Tres imágenes que nos muestran un México que se cae. Tres imágenes que nos enseñan lo que hay, lo que tenemos, la insensibilidad, la vocación de represión y la falta de rumbo de las autoridades. Tres imágenes que exhiben, claramente, a la elite política mexicana. Tres imágenes que en un país democrático, libre y justo, debieron haberse extinguido ya. Tres imágenes que contradicen, rotundamente, los discursos de quienes dicen gobernar. Tres imágenes que se repiten en toda la geografía nacional. Tres imágenes que, simplemente, no deberían existir.

jorge_naredo@yahoo.com

domingo, 21 de septiembre de 2008

Jorge Gómez Naredo ::El río contaminado y la presa de Arcediano::

foto: Cesar Huerta

JORGE GÓMEZ NAREDO

Ahora resulta que, según la Secretaría de Salud Jalisco, el río Santiago es un río límpido, cristalino, sin contaminación. Después de sesudos y científicos análisis, las autoridades locales encontraron que no, que nunca, que jamás el río Santiago ha estado contaminado. Quizá un poquito, casi nada. Por él corre agua limpia, agua que no mata, agua que no afecta la salud de los pobladores que habitan cerca de la cuenca del Santiago, agua que no contiene metales pesados, metales asesinos.

Eso dicen las autoridades, eso dice el secretario de Salud Jalisco, eso asume el gobernador Emilio González Márquez. Viven en su realidad, una realidad alejada de la que experimentan miles de personas: habitan una especie de burbuja donde los problemas de los de abajo jamás son conocidos, ni siquiera escuchados, mucho menos tomados en cuenta.

Los días jueves, viernes y sábado pasados se celebró en la ciudad de Guadalajara un encuentro convocado por el Colectivo de Organizaciones Ciudadanas por el Agua (Coloca). En la conferencia magistral, Pedro Arrojo, sin ambages, dijo sobre la presa de Arcediano: “almacenar agua de esa calidad, con metales tóxicos, para darle de tomar a la gente y bombearla a un costo impresionante: nunca vi esa barbaridad y miren que he visto muchas”. Sí, la presa de Arcediano es una barbaridad, no cabe duda.

Al encuentro de Coloca asistieron también autoridades estatales y federales para dar sus puntos de vista sobre la problemática del agua. El enviado de la Secretaría de Salud Jalisco, Juan Carlos Olivares Gálvez, argumentó que ellos no son los encargados de investigar la toxicidad de las aguas del río Santiago: si lo hacen es porque son “buena gente”. El cinismo en las palabras de Olivares Gálvez es característico de las autoridades estatales y federales: ¿quiénes son entonces los encargados de investigar si las aguas del río Santiago son aptas para los humanos?, ¿acaso no es competencia de la Secretaría de Salud Jalisco la salud de los jaliscienses?

Las autoridades estatales están empecinadas en construir la presa de Arcediano. La justificación del proyecto, según argumentan, es la necesidad imperante de dotar de agua a la Zona Metropolitana de Jalisco. Pero muchos especialistas mencionan que hay otras alternativas para abastecer de agua a la ciudad. Los panistas que dicen gobernar Jalisco ni ven, ni escuchan ni toman en cuenta. David Barkin, académico de la Universidad Autónoma Metropolitana, dijo acerca del gobierno estatal en el encuentro Coloca: “no solamente es incapacidad, sino mala intención, es decir, corrupción”.

La contaminación que a diario viven los habitantes de El Salto y Juanacatlán es insoportable: conviven con ella, luchan contra ella, quieren alejarse de ella. Pero no pueden porque las aguas que les llegan están completamente contaminadas. Utilizando las palabras de Andrés Barreda, otro de los ponentes en el encuentro de Coloca, es “una vergüenza planetaria lo que ocurre en El Salto, Jalisco”. Sí, en El Salto y en Juanacatlán el río Santiago es asesino; y la gente sufre, la gente se enferma, la gente muere por vivir cerca de un afluente contaminado, contaminado en demasía, contaminado a pesar de la negativa del gobierno estatal para reconocerlo.

Y también en El Salto se criminaliza a la gente: el activista ecologista Raúl Muñoz ha sido acusado toscamente de tráfico de drogas: nada más alejado de la realidad. Pero las autoridades panistas lo acusan y lo criminalizan porque él es incómodo, porque él es parte de la realidad, esa realidad que ellos no quieren ver, esa realidad que ellos niegan, que ellos no escuchan ni toman en cuenta.

El río Santiago está contaminado y eso no lo puede negar la Secretaría de Salud. Hay evidencias claras: el niño Miguel Angel López Rocha murió cuando cayó en el río asesino, río lleno de arsénico, de metales pesados. El cáncer y enfermedades renales son comunes en El Salto: los índices de incidencia superan por mucho la media estatal. Pero para las autoridades, las aguas del río Santiago son claras, límpidas, cristalinas; eso, sin duda, es un cinismo asesino. Por otro lado, con la presa de Arcediano, quieren que esas aguas putrefactas lleguen a todas las casas de la Zona Metropolitana de Jalisco; un genocidio, sin duda.

jorge_naredo@yahoo.com

Jorge Gómez Naredo ::El río contaminado y la presa de Arcediano::

foto: Cesar Huerta

JORGE GÓMEZ NAREDO

Ahora resulta que, según la Secretaría de Salud Jalisco, el río Santiago es un río límpido, cristalino, sin contaminación. Después de sesudos y científicos análisis, las autoridades locales encontraron que no, que nunca, que jamás el río Santiago ha estado contaminado. Quizá un poquito, casi nada. Por él corre agua limpia, agua que no mata, agua que no afecta la salud de los pobladores que habitan cerca de la cuenca del Santiago, agua que no contiene metales pesados, metales asesinos.

Eso dicen las autoridades, eso dice el secretario de Salud Jalisco, eso asume el gobernador Emilio González Márquez. Viven en su realidad, una realidad alejada de la que experimentan miles de personas: habitan una especie de burbuja donde los problemas de los de abajo jamás son conocidos, ni siquiera escuchados, mucho menos tomados en cuenta.

Los días jueves, viernes y sábado pasados se celebró en la ciudad de Guadalajara un encuentro convocado por el Colectivo de Organizaciones Ciudadanas por el Agua (Coloca). En la conferencia magistral, Pedro Arrojo, sin ambages, dijo sobre la presa de Arcediano: “almacenar agua de esa calidad, con metales tóxicos, para darle de tomar a la gente y bombearla a un costo impresionante: nunca vi esa barbaridad y miren que he visto muchas”. Sí, la presa de Arcediano es una barbaridad, no cabe duda.

Al encuentro de Coloca asistieron también autoridades estatales y federales para dar sus puntos de vista sobre la problemática del agua. El enviado de la Secretaría de Salud Jalisco, Juan Carlos Olivares Gálvez, argumentó que ellos no son los encargados de investigar la toxicidad de las aguas del río Santiago: si lo hacen es porque son “buena gente”. El cinismo en las palabras de Olivares Gálvez es característico de las autoridades estatales y federales: ¿quiénes son entonces los encargados de investigar si las aguas del río Santiago son aptas para los humanos?, ¿acaso no es competencia de la Secretaría de Salud Jalisco la salud de los jaliscienses?

Las autoridades estatales están empecinadas en construir la presa de Arcediano. La justificación del proyecto, según argumentan, es la necesidad imperante de dotar de agua a la Zona Metropolitana de Jalisco. Pero muchos especialistas mencionan que hay otras alternativas para abastecer de agua a la ciudad. Los panistas que dicen gobernar Jalisco ni ven, ni escuchan ni toman en cuenta. David Barkin, académico de la Universidad Autónoma Metropolitana, dijo acerca del gobierno estatal en el encuentro Coloca: “no solamente es incapacidad, sino mala intención, es decir, corrupción”.

La contaminación que a diario viven los habitantes de El Salto y Juanacatlán es insoportable: conviven con ella, luchan contra ella, quieren alejarse de ella. Pero no pueden porque las aguas que les llegan están completamente contaminadas. Utilizando las palabras de Andrés Barreda, otro de los ponentes en el encuentro de Coloca, es “una vergüenza planetaria lo que ocurre en El Salto, Jalisco”. Sí, en El Salto y en Juanacatlán el río Santiago es asesino; y la gente sufre, la gente se enferma, la gente muere por vivir cerca de un afluente contaminado, contaminado en demasía, contaminado a pesar de la negativa del gobierno estatal para reconocerlo.

Y también en El Salto se criminaliza a la gente: el activista ecologista Raúl Muñoz ha sido acusado toscamente de tráfico de drogas: nada más alejado de la realidad. Pero las autoridades panistas lo acusan y lo criminalizan porque él es incómodo, porque él es parte de la realidad, esa realidad que ellos no quieren ver, esa realidad que ellos niegan, que ellos no escuchan ni toman en cuenta.

El río Santiago está contaminado y eso no lo puede negar la Secretaría de Salud. Hay evidencias claras: el niño Miguel Angel López Rocha murió cuando cayó en el río asesino, río lleno de arsénico, de metales pesados. El cáncer y enfermedades renales son comunes en El Salto: los índices de incidencia superan por mucho la media estatal. Pero para las autoridades, las aguas del río Santiago son claras, límpidas, cristalinas; eso, sin duda, es un cinismo asesino. Por otro lado, con la presa de Arcediano, quieren que esas aguas putrefactas lleguen a todas las casas de la Zona Metropolitana de Jalisco; un genocidio, sin duda.

jorge_naredo@yahoo.com

domingo, 7 de septiembre de 2008

Jorge Gómez Naredo ::Observaciones sobre el conflicto en la UdeG::

JORGE GÓMEZ NAREDO

Observaciones sobre el conflicto en la UdeG

La crisis amainó. Sí, la Universidad de Guadalajara parece regresar a la “normalidad”. El combate entre los dos grupos que se disputan el control de la máxima casa de estudios parece haber llegado a su fin. Carlos Briseño Torres perdió. O pronto perderá. O es muy difícil que gane. Muchos análisis se han hecho acerca de lo que se ha vivido estas últimas semanas en la UdeG. Unos se han realizado desde la óptica briseñista, otros, desde la padillista. Algunos más, sin tener filia ni fobia hacia los grupos en disputa. Valdría la pena, sin embargo, realizar algunas observaciones.

a) El enfrentamiento que devino en una crisis para la Universidad de Guadalajara no sucedió en la base, es decir, en el estudiantado, en el profesorado o en los administrativos de a pie: fue en la elite que lleva ya dos décadas dirigiendo la máxima casa de estudios de Jalisco; por ende, no arraigó en la comunidad universitaria. Es decir, la amplia mayoría de los universitarios no se decantaron por ninguno de los grupos en disputa, ya que éstos pertenecen a la elite y esa elite ha estado la mayoría de las veces alejada de la comunidad.

b) Carlos Briseño Torres siempre perteneció al Grupo Universidad. En sí, llegó a la rectoría gracias a ser uno de los hombres más leales a Raúl Padilla. Cuando se separó de éste, careció de calidad moral para atacarlo. Enarboló banderas como transparencia, democracia, legalidad y dignidad, ciertamente justas, pero en su persona había una contradicción: él, que siempre había sido parte de ese grupo, de repente se transformaba y cambiaba rápidamente la política autoritaria y las prácticas despóticas por discursos de pluralidad y democracia. Muchos no creyeron en Briseño ni en su súbita metamorfosis. Además, el grupo contrario utilizó esta contradicción para denostarlo. Y lo logró.

c) La mayoría de los estudiantes no hizo suyas las causas de Briseño ni de Padilla. Y tampoco se interesó en lo que sucedía en su universidad. Es decir, existe apatía por lo político-universitario: miles de alumnos ni se enteraron del conflicto. Parte de esta indiferencia se debió a la FEU, organización que dice representar a todo el alumnado de la UdeG pero no abona a la participación política estudiantil libre, plural y democrática. Al contrario, busca la cooptación de los jóvenes de la máxima casa de estudios de Jalisco.

d) Los académicos de la UdeG permanecieron en su mayoría callados durante todo el proceso conflictivo. La pugna interna del llamado Grupo Universidad fue, sin duda, una gran oportunidad para que los profesores e investigadores alzaran su voz, dieran su opinión y discutieran ideas sobre lo que está bien y mal en la Universidad. Pero no hubo intentos, o fueron mínimos. Parece ser que la comunidad académica tiene miedo de participar políticamente. Algunas notas periodísticas lo resaltaron: sí hay inconformidad con el estado de cosas, sí hay críticas hacia los padillistas y briseñistas (que hasta hace algunos meses eran lo mismo), pero no se alza la voz por el pánico a perder posiciones y puestos de trabajo.

e) El conflicto al interior de la UdeG (o de la elite que la domina) demostró que se precisa un cambio en la Ley Orgánica y en el Estatuto General de la máxima casa de estudios. La controvertida destitución de Briseño Torres indica que las leyes no son claras y que eso da motivo a procesos tan mal llevados y cuestionados como el que se vivió en el Consejo General Universitario (CGU) hace ya más de una semana.

f) Parece ser que la Universidad es un reflejo de la sociedad: no existe una verdadera representatividad. Los consejeros que se dieron cita en el Paraninfo de la UdeG el día en que se destituyó a Briseño, aunque formalmente representan a toda la institución, suelen tener poco contacto con la comunidad universitaria. Ahí estaba, por ejemplo, Samuel Romero Valle, que ni en el CGU ni en el Congreso estatal mantiene una relación con sus representados.

g) Para realizar un cambio en la UdeG se necesita un análisis que vaya más allá de rencores, disputas entre las elites y posiciones viscerales. No se puede negar, por ejemplo, la hegemonía de un grupo como es el encabezado por Raúl Padilla, su corporativismo, la falta de transparencia en el ejercicio de recursos públicos, su autoritarismo y un largo etcétera. Tampoco, sin embargo, se deben omitir ciertos logros que ha tenido durante los últimos años, como la FIL. Para llevar a cabo un cambio del actual estado de cosas, se precisa analizar detenidamente qué ha sucedido en la UdeG los últimos años y pensar cómo modificar lo que está mal y cómo potenciar lo que está bien.

h) El sistema por el cual se gobierna la UdeG requiere un cambio radical. Existe un problema en la representatividad. Igualmente, hay varios procesos de elección (como el nombramiento de rectores de centro, jefes de división y departamento, etcétera) que deberían ser votados por académicos, estudiantes y administrativos. Para que se llegue a una verdadera democracia en la Universidad se necesita una transformación en la forma de elegir a las autoridades. Solamente así, con cambios de fondo, se podrá decir que la UdeG es libre, plural y demócrata. Y se precisa que estas reformas se den pronto. Urgen, pues.

jorge_naredo@yahoo.com

domingo, 31 de agosto de 2008

Jorge Gómez Naredo :: La Universidad de Guadalajara: crisis sin democracia ::

foto: Cesar Huerta


La Universidad de Guadalajara: crisis sin democracia

El embrollo: lo legal y lo no legal

Ayer, la Universidad de Guadalajara amaneció en crisis y con dos rectores. El viernes pasado, el Consejo General Universitario (CGU) destituyó a Carlos Briseño Torres como rector general y en su lugar eligió a Marco Antonio Cortés Guajardo. Los consejeros universitarios que llevaron a cabo estas acciones argumentaron que Briseño Torres había cometido “faltas graves”. Según la Ley Orgánica de la UdeG, en su artículo 31, fracción VIII, el CGU tiene la facultad de “elegir al rector general, autorizar sus licencias, aceptar su renuncia y destituirlo por falta grave, en los términos establecidos por el Estatuto General”. En la polémica sesión, Carlos Briseño, en su calidad de presidente del CGU, decidió concluir la reunión por falta de acuerdo para el orden del día; sin embargo, la mayoría de los consejeros decidió lo contrario. Alfredo Peña, secretario general de la UdeG, continuó la sesión como presidente del CGU y se acordó la destitución de Briseño Torres y del vicerrector Gabriel Torres Espinoza.

¿Es posible continuar una sesión cuando el presidente del CGU la dio por concluida en contra de la mayoría de los consejeros? El Estatuto General de la Universidad de Guadalajara (un documento que aclara puntos de la Ley Orgánica) no especifica si es legal o no que el presidente del Consejo dé por finalizada una sesión si no se aprueba el orden del día. Determina que un dictamen puede ser suspendido por falta de quórum, por desórdenes, por acuerdo de dos terceras partes de los consejeros, por moción suspensiva y por receso. Pero esto es solamente para un dictamen, no para una discusión sobre el orden del día. Así pues, existe un problema: ¿fue legal o no que Briseño haya suspendido la sesión? La respuesta no es clara.

Ahora bien, ni la Ley Orgánica ni el Estatuto General de la UdeG establecen cómo (el proceso formal) y bajo qué argumentos el CGU puede destituir al rector. Tampoco indica qué se debe entender por “falta grave”. Así pues, ambos bandos (los briseñistas y los anti-briseñistas) pueden jugar con las leyes, manejarlas e interpretarlas a su antojo. Pero no hay certidumbre acerca de la legalidad: por eso hoy la Universidad tiene dos rectores y los argumentos de ambos pueden ser válidos y pueden ser, al mismo tiempo, inválidos. Un desgarriate, pues.

Lo que ha sido y es

Para nadie es una misterio lo que ha sucedido en la UdeG en las últimas dos décadas. Un grupo se ha consolidado y detenta la mayoría de los puestos de alto nivel. El líder máximo de ese grupo es Raúl Padilla López. Uno de sus hombres más cercanos hasta hace poco tiempo era Carlos Briseño Torres. Este grupo denominado “Universidad” se ha movido entre lo “positivo” y lo “negativo”. Por un lado ha formado eventos culturales tan importantes como la Feria Internacional del Libro, que es reconocida a nivel mundial y, por el otro, ha organizado un sistema corporativo que impide a otros grupos políticos tener peso dentro de la UdeG; es decir, niega pluralidad y libertad de participación al interior de la casa de estudios.

Lo social, lo político y lo universitario

Una comunidad universitaria está conformada por los cuerpos académicos, los estudiantes, los ex alumnos, las autoridades, los administrativos y todos los demás trabajadores de la institución: desde el intendente más humilde hasta el rector. Las universidades públicas son patrimonio de la sociedad, porque es ahí donde se educa a la población, donde se produce y de donde se divulga el conocimiento. Las universidades deben ser autónomas y los conflictos a los que se enfrenten precisan ser solucionados por la misma comunidad universitaria.

La participación política dentro de las universidades públicas necesita ser una constante, pues a través de ella se enseña: la democracia no puede quedar excluida de estas instituciones educativas. Por eso resulta lamentable que en la UdeG la participación política sea poca: estudiantes, académicos y trabajadores poseen mínimos espacios para desarrollar su participación política-universitaria. Quizás no los han conquistado; quizás les han sido robados; quizás no les interesen.

La elite que actualmente domina la UdeG y que en muchas ocasiones toma decisiones que van en contra de los intereses de los universitarios y de la misma Universidad, existe porque la comunidad universitaria no ha luchado por la pluralidad y la democracia dentro de la casa de estudios. El estudiantado es fácilmente manipulable. El viernes pasado, cientos de alumnos de preparatorias y centros universitarios llegaron a la rectoría para gritar y apoyar, para “echar desmadre”, pero no para participar políticamente de manera libre e informada: no sabían por qué estaban ahí. La participación de la comunidad universitaria en los asuntos que le conciernen (y también en los de su entorno sociopolítico) es imprescindible. Y ahora no se ve, o se ve débil, o muy disminuida.

La UdeG no puede estar secuestrada por una elite ni entrar en crisis por una escisión en esa misma elite. La comunidad universitaria debe reivindicar su participación política, su derecho a decidir, a tener voz y a no ser discriminada por su forma de pensar. La cuestión no es eliminar a un grupo político hegemónico para que llegue otro grupo político hegemónico. Lo principal es que existan muchos grupos en libertad de opinar, de elegir y de decidir: en pocas palabras, una verdadera democracia. Por eso hoy lo importante no es quién quede, quién sea el legítimo rector; lo importante es que sea la comunidad universitaria la que decida el futuro de la institución. Una institución, vale la pena recordar, siempre asediada por la derecha y los grupos oligárquicos, los cuales no soportan que el pueblo se eduque, piense, reflexione y critique, es decir, que el pueblo sea libre.

jorge_naredo@yahoo.com

lunes, 25 de agosto de 2008

Jorge Gómez Naredo ::Temas y contextos: el petróleo, la delincuencia y la consulta pública::

Temas y contextos: el petróleo, la delincuencia y la consulta pública

JORGE GOMEZ NAREDO

“Reforma energética, ¿y eso qué es?”, respondió una señora que salía del templo Aranzazú, ubicado en la confluencia de las calles Colón y Prisciliano Sánchez, al ser invitada a votar en la consulta pública sobre si se quiere o no la reforma energética presentada por Felipe Calderón en el Congreso de la Unión. Y así –según refirieron voluntarios que ayudaron a la celebración de dicho ejercicio democrático en el estado de Jalisco– mucha gente respondió con frases parecidas: “no sé”, “ahorita no”, “mañana vengo”, “se me olvidó la credencial en mi casa”, “no estoy enterado de ese tema”, “no me meto en política”, etcétera.

¿Por qué muchos jaliscienses no participaron en la consulta pública celebrada ayer?, ¿por qué no están informados de lo que sucede en el país, de la reforma energética?, ¿cómo explicar este ambiente de desinformación?

Los dueños de las televisoras, soldados del Ejecutivo

A diario, las televisoras repiten que hay delincuencia, que se debe hacer algo para detenerla, que el secuestro es un hecho inadmisible, que cómo es posible que el hijo del empresario Alejandro Martí muriera por la inseguridad reinante; que si los gobernantes no pueden, renuncien. Hoy, las pantallas informan sólo y exclusivamente de la “delincuencia” que se da en México. Cubren desmesuradamente las declaraciones de dirigentes de organizaciones en contra de los secuestros. Hacen análisis y siempre concluyen: más penas para que los delincuentes no salgan de la cárcel. Sin embargo, en esas sesudas reflexiones, jamás van más allá: nunca se preguntan las causas. Ni asomo de relacionar la pobreza que viven millones en el país y la falta de puestos de trabajo con el crimen, con la inseguridad. Ellos sólo quieren más penas para quienes delinquen.

Por su parte, un tema como lo que se debe o no hacer con el petróleo mexicano (que debería importar al conjunto de la población y definirá mucho el futuro de la nación) es tratado de una manera marginal. Los debates que se dieron en la Cámara de Senadores, en los cuales la mayoría de los especialistas adujo que la reforma enviada por Calderón es privatizadora y no se debe aceptar, fueron mencionados poco en los noticieros de las televisoras.

En un país donde la mayoría de la población se entera de las cuestiones políticas a través de la televisión, el sesgo que éstas impriman a sus noticias es trascendental para el comportamiento de los ciudadanos. Pese a esta desinformación, en Jalisco muchos votaron por el “no”, por no querer que se privatice Pemex, por no desear que los recursos de la nación que dotan al presupuesto de la mayoría de sus ingresos, sean regalados (con argucias mediáticas) a las empresas extranjeras.

El secuestro, un tema viejo que se convierte en nuevo

El secuestro ha sido un delito recurrente en estos últimos años. Afecta, en la mayoría de los casos, a estratos pudientes de la sociedad: empresarios, políticos, gerentes de empresas trasnacionales, gente de la oligarquía, etcétera. Durante la gestión de Vicente Fox se incrementaron los secuestros en el país. Con Felipe Calderón esta tendencia no ha cambiado. Sin embargo, hoy, cuando exactamente se celebra una discusión sobre la reforma energética y quienes ocupan el Ejecutivo federal pretenden privatizar Pemex, el secuestro se vuelve el único tema digno de la atención de los “analistas políticos” de la televisión y de la mayoría de las radiodifusoras.

El Acuerdo Nacional por la Seguridad, la Justicia y la Legalidad, signado el pasado jueves en la capital del país, donde estuvieron presentes gobernadores, líderes sindicales charros, jefes de diversas iglesias, cúpulas empresariales y dueños de medios de comunicación, además de Felipe Calderón, fue un espectáculo para que los ricos de este país se sintieran más seguros y demostraran su poder.

Este “acuerdo” no ataca las causas de la delincuencia, la cual es producida por la pobreza, la falta de oportunidades y un sistema económico que ha colocado al país en situaciones de crisis recurrentes y de imposibilidad para progresar con equidad y justicia. El cónclave de los “personajes principales” del país fue, sin duda, para evitar el secuestro, no la delincuencia; para castigar, no para solucionar. María Elena Morera, presidenta de México Unido contra la Delincuencia, una organización que se dedica a luchar contra el secuestro, lo mencionó claramente: “debemos ver en poco tiempo una importante disminución en el secuestro y no sólo grandes acuerdos que no se cumplen”. El objetivo fue claro: la lucha es contra el secuestro, no contra la inseguridad en su conjunto.

La delincuencia que afecta a los pobres, ésa no se trató. Las causas de este mal que azota al país ni se mencionaron. El secuestro fue el tema principal. Y los que suelen ser afectados por éste, es decir, los ricos de este país, demostraron que ellos mandan, que ellos son jefes, que ellos impusieron a quien está en la Presidencia y que le exigen ya, pronto, resultados.

La consulta y el petróleo

La consulta pública ha sido desprestigiada por los poderosos y por la elite política panista y priísta: que es del PRD, que los diputados decidan y la sociedad no, que ya es tarde porque los acuerdos ya están, que la gente no importa, que las preguntas están mal hechas, que no se debe preguntar al pueblo su opinión porque éste es ignorante y no sabe nada de nada. Eso dicen, eso argumentan, eso establecen.

Pero la consulta significa un ejercicio democrático. Y es así porque se le pregunta a la gente, porque deberían existir más ejercicios como éste, porque ya basta que siempre se tomen las decisiones importantes del país en una oficina lujosa con gente bien que opina siempre pensando en sus intereses particulares y no en los nacionales. Por eso es importante la consulta. Hizo falta más organización, más planeación, mayor apoyo. Pero aún así, con estos problemas, miles de personas en Jalisco acudieron a votar y dijeron no. Y lo dijeron convencidas. Por eso, por este simple hecho, los gobernantes deben mirar, escuchar y tomar en cuenta los resultados. Hacer lo contrario significa ir en contra del pueblo y de la esencia de la democracia. Lástima que los que usurparon el gobierno hace ya dos años carezcan de sentido común para pensar en la gente.

Los resultados dicen no

Son las seis de la tarde en la plaza del templo de Aranzazú. El conteo, a pesar de las gotas de agua que comienzan a caer, se inicia. A la primera pregunta: “Actualmente la exploración, transporte, distribución, almacenamiento y refinación de los hidrocarburos son actividades exclusivas del gobierno. ¿Está de acuerdo o no está de acuerdo que en estas actividades puedan ahora participar empresas privadas?”, 135 personas dijeron no y 35 sí. La segunda interrogante: “En general, ¿está de acuerdo o no está de acuerdo con que se aprueben las iniciativas relativas a la reforma energética que se debate actualmente en el Congreso?”, 107 votantes expresan no y 66 sí. Los no ganaron, pero también se observa que la costosísima campaña mediática, esa que anuncia a todas horas en radio y televisión que se precisa la reforma, que la reforma va, que es imprescindible, que nos hará mejores y que dejaremos con ella de importar gasolina, ha hecho efecto. Pero los mexicanos, abrumadoramente, expresan no a la privatización. Y si el pueblo dice no, si hay decenas de miles que expresan no, el gobierno calderonista debe respetarlo.

El petróleo, lo importante

No cabe duda que mejorar la seguridad es importante, un derecho de la sociedad, una obligación del gobierno. Pero dicho tema no debe opacar ni nublar la discusión sobre el petróleo. El gobierno de Felipe Calderón llegó a la Presidencia debiendo facturas, facturas que ha comenzado a pagar y que necesita saldar. Una de ellas, quizá la más importante, es la privatización de Pemex. Quienes lo apoyaron quieren la industria energética. Por eso es imprescindible la lucha para que el petróleo continúe siendo de los mexicanos, para que Pemex se modernice, para que se acabe la corrupción en la empresa paraestatal y funja como palanca de desarrollo.

El gobierno de Felipe Calderón ha utilizado el tema de la seguridad para desinformar a la población, para hacer de un problema constante el tema de hoy, el problema de hoy, la necesidad de hoy. Y lo ha hecho para que la reforma energética privatizadora sea aprobada silenciosamente en el Congreso de la Unión mientras se discuten cuántos años se le otorgarán a los secuestrados. Es un juego macabro, una apuesta de un gobierno insensible y agobiado. Por eso la consulta es importante; por eso el petróleo debe ser el tema de hoy; por eso la lucha necesita continuar, fortalecerse y manifestarse: porque es urgente, porque sin ella el país se acercará, todavía más, al caos. Y el caos es indeseable.

domingo, 24 de agosto de 2008

Jorge Gómez Naredo ::González Márquez, el marxista::

JORGE GÓMEZ NAREDO

González Márquez, el marxista

Emilio González Márquez retoma los textos de Carlos Marx, Federico Engels y Antonio Gramsci; los lee, los reflexiona, cavila acerca de ellos: medita. Va a Estados Unidos (un país que es visitado constantemente por el mandatario jalisciense –con cargo al erario público, por supuesto–) y allá piensa en conceptos como “modos de producción”, “capital”, “hegemonía”, “clases subalternas”, “socialismo utópico y científico”, “propiedad privada”, “conciencia de clase”, etcétera. Sin duda, un estuche de monerías nuestro gobernador. Un observador sagaz, perspicaz y sutil.

Se le ha criticado mucho. Varios se han confrontado con él. En el Congreso del Estado ha logrado lo que se pensaba imposible: unió a los distintos grupos parlamentarios en su contra. Diversos sectores de la sociedad no lo soportan ni olvidan que a los inconformes y críticos de su gestión les regaló dos frases entrañables: “me vale madre” y “chinguen a su madre”. Pero González Márquez tiene pilares importantes para mantenerse en su cargo: la Iglesia católica y el empresariado. Estas alianzas no le impiden, en sus ratos libres (además de tomar clases de Biblia), repasar lecturas de Marx, Engels y Gramsci.

Seguramente Emilio González Márquez piensa que es un hombre incomprendido: él que hace tanto por Jalisco, él que lucha día a día por la sociedad, él que está al tanto de todas las expectativas y problemas de la gente. Su interés, en todo momento (lo ha mencionado infinidad de veces), es mejorar la calidad de vida de sus gobernados. Y lo quiere hacer a través de una innovadora administración que dona dinero para aquí y para allá: dinero a Televisa, a TV Azteca y a organizaciones católicas. Sí, una manera de gobernar inteligente.

El jueves pasado, en un acto para anunciar donaciones a organizaciones que ayudan de diversas maneras a la población (y que, muchas de ellas, son cercanas a la Iglesia católica), González Márquez mencionó: “qué bueno que existen organizaciones con inspiración altruista, qué bueno que existen organizaciones con motivación religiosa. Lo que le interesa a este gobierno de Jalisco es estar con la gente que apoya al pueblo, y ojalá algún día exista el asilo Carlos Marx; ojalá algún día exista el orfanato Federico Engels, y ojalá algún día exista el instituto de apoyos a los indígenas Antonio Granchi [sic]”. No cabe duda, un gobernador marxista.

Sin embargo, existe un problema con el innovador sistema de mejoramiento de la vida de los jaliscienses a través de donaciones: ¿y el estado, dónde está? Se supone que Emilio González Márquez encabeza un gobierno que tiene la obligación de otorgar seguridad social a los ciudadanos: salud, trabajo y bienestar. Donar a instituciones que se dedican a apoyar a la sociedad es una labor necesaria. Pero, ¿dónde queda el estado para cumplir con sus obligaciones? Porque, si la sociedad se organiza y funda organismos que realizan labores que debería efectuar el estado, ¿acaso no se podría pensar en la incapacidad de ese estado o de las personas que lo dirigen?

González Márquez, con las declaraciones hechas en tono de chanza sobre un “asilo Carlos Marx”, un “orfanato Federico Engels” y un “instituto de apoyos a los indígenas Antonio Granchi [sic]”, lo único que demuestra es su ignorancia de lo que significan estos tres teóricos universales. Ni Marx ni los marxistas de hoy y ayer aprobarían un asilo de capital privado porque eso, si seguimos el Manifiesto Comunista de 1848, es “socialismo conservador o burgués”. En palabras de Marx y Engels: “Una parte de la burguesía desea aliviar los males sociales a fin de asegurar la subsistencia de la sociedad burguesa […] Los burgueses socialistas pretenden las condiciones de vida de la sociedad moderna sin las luchas y peligros que surgen necesariamente de ellas […] El socialismo burgués sólo alcanza su expresión pertinente cuando se transforma en mera figura retórica […] El socialismo burgués consiste, precisamente, en afirmar que los burgueses son burgueses…, en interés de la clase trabajadora”. González Márquez, en sus declaraciones del jueves pasado, se descubre como un mandatario que entiende poco de Marx, Engels y Gramsci y nada de lo que hoy es la izquierda y los movimientos sociales en el país. Demuestra que para él, los inconformes con su caótica manera de gobernar son marxistas, comunistas o socialistas. Nada más alejado de la realidad.

El gobernador se pavonea públicamente de su ignorancia, de su incapacidad para comprender al mundo, al país y al estado. Valdría la pena pensar, ¿de qué nos sirve un mandatario que entiende poco de la realidad social y que, además, se dedica desde su puesto a donar (o desviar) recursos públicos a organismos privados y olvida su labor principalísima como eje de la seguridad social? No cabe duda, cada día González Márquez exhibe su ineptitud para gobernar. Esto no le impide que allá, en Estados Unidos, el mandatario jalisciense rastree un asilo llamado Carlos Marx. Tendrá que buscar mucho.

jorge_naredo@yahoo.com

martes, 19 de agosto de 2008

::Jorge Gómez Naredo:: Temacapulín; la lucha de un pueblo ll y ultima

foto: Cesar Huerta


JORGE GÓMEZ NAREDO / II Y ULTIMA

Temacapulín: la lucha de un pueblo

Cuando uno llega a Temacapulín es imposible no observar la resistencia, no sentirla ni compartirla. Mantas, cartulinas y bardas pintadas dicen que aquí se queda Temaca, que no se muere ni se va, que no se inunda. Los mensajes son claros, nítidos, ineludibles: “Estamos bien ubicados. No queremos su nuevo centro de población”, “Temacapulín, pueblo que es patrimonio de la humanidad, dice no a la presa de El Zapotillo”, “Virgencita protege a tu pueblo Temacapulín”, “Piensa. No a la reubicación, no a la presa. Temaca te queremos, Temaca, te defendemos: para que se atengan Conagua y CEA”, “No a la pinche presa”, “nuestra tierra no se vende, nuestra tierra se defiende”.

Un pueblo acosado

Desde 2005, los habitantes de Temacapulín viven con angustia. No saben si ganarán o perderán, si su pueblo se quedará donde está o será reubicado. Las autoridades estatales de Jalisco y Guanajuato han intentado, según cuentan habitantes de la localidad, intimidar a los pobladores. Primero buscaron convencerlos, después dividirlos y ahora los hostigan. Porque poner a trabajar maquinaria pesada en los alrededores de Temaca es hostigamiento. Juan José Hernández Hernández, quien no quiere que su pueblo sea inundado, ha filmado varias excavadoras trabajando a algunos kilómetros de Temaca. Enojado, al mostrar los vídeos captados, dice que son “chingaderas”, que quieren intimidar a los de Temaca, pero que no lo van a lograr.

El 14 de julio de 2008, el Comité Salvemos Temacapulín, Acasico y Palmarejo emitió un comunicado donde señaló: “nos han intimidado y amenazado […] Todo esto está afectando la salud psicológica de ancianos, niños y pobladores en general. Además [la intención de construir la presa] ha congelado el desarrollo social de las comunidades que viven sumergidas en el miedo y la incertidumbre”. Sí, hoy en Temacapulín se vive intranquilidad, se respira inquietud, se experimenta zozobra. La señora María del Consuelo Carvajal menciona que “personas han muerto ya muy angustiadas. ¿Qué va a pasar con su familia, con su casa? También allá [en Acasico] nos han platicado que han muerto muchas personas. Que están enfermas, pero ya con la angustia, pues más enfermas se ponen y se han muerto”.

Varios pobladores del lugar refieren que no solamente las autoridades de Jalisco han intimidado a los habitantes de Temaca. También las de Guanajuato. De vez en cuando se ven varias camionetas con placas de ese estado (unas, incluso, con propaganda oficial) visitando a los poblados y tratando de convencerlos de los beneficios de la reubicación. Y es que el mayor provecho de la presa El Zapotillo lo tendrá dicho estado, de donde es el ex presidente Vicente Fox. Los rumores corren en Temaca y dicen, mencionan, susurran que la presa fue planeada por Fox para que su rancho, sus empresas y todas las industrias de León tengan agua. Por eso el reclamo no solamente es hacia los gobernadores de Jalisco y de Guanajuato: también es para la familia Fox.

El hostigamiento no solamente es con la insistencia de que la presa va, que la presa pronto, que la presa ya. La presión también se experimenta por medio de la angustia, de vivir tres años (desde que se anunció la edificación de la presa) sin saber qué hacer con las casas, con el pueblo: ¿construir más si ya todo, pronto, desaparecerá?, ¿meterle unos centavitos a la finca, hacer arreglos en la cancha de futbol, invertir en el pueblo? La zozobra es mucha y se respira por todos lados: especialmente los ancianos viven agobiados y esto afecta su salud. Temacapulín ha quedado paralizado en estos años de desasosiego. Así lo mencionó en enero pasado el presidente de cronistas de Los Altos de Jalisco, Miguel Angel Casillas: “hace tres años que no se invierte un costal de cemento para esta comunidad y que nadie lo dice porque no les conviene: hace tres años que nadie quiere levantar un ladrillo ni levantar un adobe”. Así intentan matar a Temaca, con presión, con angustia, con congoja y ansiedad. Pero Temaca y quienes lo habitan se aferran: quieren que su pueblo, todas las mañanas, continúe naciendo.

La batalla del 15 de junio

La Comisión Estatal del Agua (a través de un volante) “invitó” el 15 de junio de 2008 a los habitantes de Temacapulín para que se discutiera la ubicación del “nuevo centro de población”. Esta labor de “consenso” fue encabezada por Héctor Javier Castañeda Náñez, director de Cuencas y Sustentabilidad (quien al mes, percibe 84,000 pesos por su invaluable labor), y verificada por el notario público Enrique Casillas Franco, de Tepatitlán. Este último elaboró un acta donde describe, desde su perspectiva y la de la CEA, lo sucedido ese 15 de junio. El relato comienza cuando Castañeda Náñez le comunica a Casillas Franco que se había “programado” una reunión “con los habitantes y propietarios de Temacapulín, Jalisco, con el objetivo de informar a estas personas sobre las alternativas de reubicación del centro de población de la misma localidad, pues de llevarse a cabo la construcción de la presa El Zapotillo, la localidad de Temacapulín se vería afectada, por lo que desde hace tiempo ya se ha venido platicando y teniendo reuniones informativas”. Esto demuestra que la presa va y que ya se ha decidido que se inundará Temaca.

El acta continúa en una redacción como de parte bélico. Afirma el notario que Castañeda Náñez manifestó que “había mandado una avanzada, pues sabía que la reunión que se había convocado había provocado efervescencia en los habitantes”, y ésta había informado que los de Temaca habían bloqueado la carretera. Se pensaron varias alternativas para ingresar al pueblo, como si se tratara de la toma de una ciudad por un ejército. Digamos, el ejército de la CEA. Se discutió y se reflexionó. ¿Cómo era posible que los habitantes de Temaca no quisieran una reunión con las ínclitas autoridades estatales? Castañeda Náñez propuso entrar por otro acceso que no fuera el que va de Cañadas de Obregón, pero alguien advirtió que “sería burlar el cerco que tenían los habitantes de Temacapulín” y eso provocaría “agresiones físicas”.

Por fin, relata el notario de Tepatitlán, se decidió hacer frente a la amenaza del pueblo enardecido e ingresar por el acceso principal “en varios vehículos, los cuales eran resguardados por dos camionetas con elementos de la Dirección de Seguridad Pública del Estado”. La batalla, la guerra, la conflagración: estaba en marcha la “toma de Temaca” encabezada por la CEA. Cuando los miembros de la dependencia gubernamental avizoraron peligro, es decir, a la gente de Temaca que acababa de salir de una misa al aire libre para celebrar el día del padre, se apearon de sus vehículos. Héctor Castañeda, cual héroe de La Iliada y La Odisea, “tomó la decisión” de caminar rumbo al pueblo e ingresar en él. Se topó con los pobladores y comenzaron las explicaciones del por qué estaba cerrado el acceso al pueblo. Narra el notario Casillas que pudo observar “a ojo de buen cubero” que “cuando menos cuatro o cinco personas no tenían pinta de ser lugareños o pobladores de Temacapulín”. A algunos los describe nítidamente: “un hombre que traía una camiseta negra con una calavera al frente”. Seguramente portar ropa con calaveras no va con el día del padre.

Después de ingresar al poblado, el notario se dio a la tarea de recolectar datos de las personas que no tenían “pinta” de ser de Temacapulín, y les preguntó, arriesgando su físico (pues “estas personas eran las más agresivas”), de dónde eran. Su ojo avispado no falló: vivían en Guadalajara y “pertenecían a no sé qué grupo ecologista”. Sediciosos, pues, que “estan agitando a la gente”. La reunión no se celebró porque no había gente en el hotel donde la CEA había “invitado” a los pobladores. Pero siempre siguiendo su noble labor, Héctor Castañeda y sus acompañantes colocaron tres planos topográficos donde se veían los lugares para la reubicación. Los montaron, les tomaron fotos para que “quedara constancia que la intención de la CEA fue siempre la de llevar a cabo la reunión informativa para la que se había citado”, los desmontar y se fueron. Antes de salir del pueblo y subirse nuevamente a sus camionetas, describe el notario, los “manifestantes”, es decir, el pueblo perverso de Temacapulín, “se pusieron a gritar una serie de ofensas y palabras altisonantes”. En Temaca, pues, mucha gente mal educada: la CEA quería amistad e iba a conversar con ellos, a informarles, a darles el poder de decisión: decidir adónde quieren ser echados después de que su pueblo se muera, o más bien, sea asesinado.

La resistencia

Temaca resiste porque no quiere dejar de existir, porque no quiere perderse ni rendirse, porque es parte de la vida oponerse ante el poderoso y ante las injusticias. Temaca resiste a la imprudencia y la soberbia de las autoridades de Jalisco y Guanajuato, al desdén mostrado por el gobernador de Jalisco, Emilio González Márquez, y por los directivos de la CEA, encabezada por César Coll Carabias. Temaca resiste a la presión psicológica y a la visión que lo cataloga como un pueblo de migrantes pobres y fáciles de ser manipulados. Temaca resiste porque no se le pidió su opinión, porque sus habitantes no participaron en las tomas de decisiones cuando son ellos los principales afectados. Resiste porque es tiempo de resistir, de la unión y la organización, porque se toca y se maltrata la dignidad, porque se minusvalora la inteligencia del pueblo. La gente de Temaca no quiere la presa porque no se les consultó ni se les pidió su opinión al respecto. Un día llegaron y les avisaron que serían reubicados. Y no quieren ser echados de su pueblo porque piensan, sienten y están convencidos que poseen el inalienable derecho de elegir dónde vivir.

La señora Guadalupe Iñiguez está sentada en una banqueta descansando. Tiene más de 80 años de edad y todos los ha vivido en Temaca. Se cuestiona enojada al escuchar las palabras “presa El Zapotillo”: “¿por qué nos quieren echar de nuestro pueblo?” No encuentra respuestas. Menciona que les quieren “hacer unas casas de avispas, eso es lo que nos van a hacer, porque casas como las que tenemos, no”. Por eso piensa que “los del gobierno” son “unos embusteros”. Tiene un hermano en Guadalajara que trabajó mucho tiempo en “agarrar a los bandidos”, y él la tranquiliza diciéndole que no la van a hacer, que no se atreverán. Pero ella está nerviosa y enfadada con las autoridades: “va uno con el gobernador, pero no tiene palabra, ora dice que sí mañana dice que no: pos no. ¡Qué feos!” Al cuestionárseles que dos o tres pobladores de Temaca sí quieren vender sus casas y ser reubicados, alza la voz y se ríe: “dice una gente que la quieren [la presa] que porque les van a pagar en dólar, en mucho dinero. En dólar…, cállense la boca, como si uno no conociera el gobierno lo que es”.

Los de Temaca resisten, se enojan y también están dispuestos a luchar, a hacer todo lo posible para no dejar morir a su pueblo, para que no lo maten. No venden sus propiedades ni se dejan engañar con las mieles y la gloria que les ofrecen las autoridades estatales. La resistencia va y es pacífica, pero advierten, como lo hizo Gabriel Gutiérrez: “la defensa del pueblo estamos tratando de que sea pacífica, hasta ahora no hemos cerrado carreteras. […] Si en el momento en que se empieza a construir la presa, la gente opina que hay que entrarle más para adelante, pues más para adelante le vamos a entrar”. Temaca lucha, se despierta, y cuando un pueblo se levanta (hay muchas evidencias en la historia de México), los gobiernos injustos y déspotas que no miran nunca el pensar de sus gobernados suelen perder.

lunes, 18 de agosto de 2008

::Jorge Gómez Naredo:: Temacapulín; la lucha de un pueblo

JORGE GÓMEZ NAREDO / I PARTE

Temacapulín: la lucha de un pueblo

“Desde el siglo VI Temacapulín te saluda”, se lee en uno de los cerros que rodean al pueblo que Jalisco, Guanajuato y el gobierno federal pretenden desaparecer con la construcción de la presa El Zapotillo
“Desde el siglo VI Temacapulín te saluda”, se lee en uno de los cerros que rodean al pueblo que Jalisco, Guanajuato y el gobierno federal pretenden desaparecer con la construcción de la presa El Zapotillo Foto: HECTOR JESUS HERNANDEZ

¿Y si se nos muere el pueblo, si desaparece, si realmente se atreven a inundarlo y nos quedamos con nada? ¿Y si la Virgen de los Remedios, a la cual todos los días le rezamos, nos desampara y deja que el gobierno nos venza, nos gane? ¿Y si nos cansamos y no damos la lucha, si nos dividimos o nos dividen, si no logramos defender nuestro pueblo, nuestro patrimonio? Todos los días los habitantes de Temacapulín se hacen estas preguntas. Y se las hacen desde que las autoridades de Jalisco, Guanajuato y el gobierno federal decidieron que su pueblo debería desaparecer para poder edificar la presa El Zapotillo, dizque para el progreso, dizque para que todos vivamos mejor.

Temacapulín

En el municipio de Cañadas de Obregón se encuentra el pueblo de Temacapulín (o Temaca, como todo aquel que lo conoce le nombra). Es pequeño. Tiene una plaza con quiosco y bancas donadas por diversas personas o instituciones. La iglesia fue construida en el siglo XVIII y en su atrio hay árboles. Arboles frondosos. El poblado está rodeado por varios cerros. En uno de ellos se puede leer claramente: “Desde el siglo VI Temacapulín te saluda”. Las casas guardan un equilibrio arquitectónico; las calles empedradas le dan un toque campirano. Es un pueblo atractivo, lindo, bello. Tiene posibilidades de desarrollo turístico porque hay aguas termales, balnearios y hoteles.

Los habitantes de Temaca no son más de 600, pero sólo son los que viven ahí. Porque están también los habitantes de Temaca que no residen en el pueblo. Los que se fueron y se llevaron a su poblado con ellos. Los que lo cuidan desde lejos, los que lo extrañan, los que ningún día dejan de pensar en el regreso, en el ansiado retorno. Temaca es de quienes lo habitan y de quienes lo dejaron para buscar mejores condiciones de vida. Hay gente de Temaca, dice la señora María del Consuelo Carbajal, en California, Chicago, Monterrey, Veracruz, Guadalajara, en todas partes andan los de Temaca.

La migración hacia Estados Unidos es una constante en la mayoría los pueblos del país. La gente se va a buscar mejores condiciones de vida. No hay trabajo ni dinero. El campo no recibe apoyo. Ahora sembrar es una actividad cara y vender lo que se cosecha, un mal negocio. Por eso la gente se va, porque no existe ayuda ni hay interés de las autoridades para mejorar la situación de vida de millones de mexicanos que se dedican al campo. Temaca no es la excepción. La gente migra, se va. Pero se va siempre pensando en regresar; en juntar dinero, mandar dinero, retornar con dinero y vivir en paz y feliz en el pueblo en el cual nació, donde dejó sus recuerdos.

Temaca, pues, es habitado por los que están y por los que no están. Por los que se fueron para regresar y por los que se quedaron para esperar. Como Gabriel Gutiérrez, quien menciona: “tengo veinte años en Monterrey, quizá ya agarré la tonada de allá pero soy de aquí y sigo siendo de aquí, de Temaca”. Sin duda, un pueblo que vive en carne propia las consecuencias de un modelo económico neoliberal.

El conflicto

La gente de Temacapulín está enojada. Y no es para menos. Quieren desaparecer su pueblo. Los gobiernos estatales de Jalisco y Guanajuato y el federal se coordinarán para edificar la presa El Zapotillo, la cual inundará Temaca. Decidieron que los habitantes de dicho pueblo no tendrían decisión. Se irían y ya. Quizá les darían voz para que escogieran el lugar de su reubicación. Pero no más. La presa se construirá para dotar de agua a León o, más específicamente, a las grandes industrias de León. También proporcionará líquido a algunas poblaciones de Los Altos de Jalisco.

En una reunión en Guadalajara el pasado primero de agosto para detallar la construcción de la presa El Zapotillo, en la cual estuvieron presentes los gobernadores de Jalisco, Emilio González Márquez, y de Guanajuato, Juan Manuel Oliva, además del director de la Comisión Nacional del Agua (Conagua), José Luis Luege Tamargo, hubo sonrisas y apretones de manos, palabras de progreso y de unidad. El mandatario jalisciense adujo: “quien ahora tiene una vivienda no en las mejores condiciones, el compromiso es que en la reubicación pueda tener una mayor calidad de vida”. Por su parte, Luege Tamargo arguyó que “está garantizada la indemnización de la tierra, la construcción de viviendas dignas y los acuerdos absolutamente consensuados con las comunidades que se demuestre necesitan un beneficio directo al ser reubicadas”.

Sin embargo, existe un conflicto: quienes habitan en Temaca no quieren la reubicación porque no desean que su pueblo se muera, que quede inundado. No han sido “consensuados” en ningún momento por autoridad alguna sobre si están o no de acuerdo con que se les reubique. Ellos buscan seguir viviendo donde siempre han vivido, donde vivieron sus padres y sus abuelos, donde tienen sus recuerdos y su patrimonio, donde descansan sus muertos, donde han llorado y reído, donde han sufrido y gozado. Ellos quieren a Temaca y lo quieren donde está, donde siempre ha estado.

Amor y pueblo

Desde que saben las intenciones del gobierno estatal para desaparecer su pueblo, se ha revitalizado el amor al terruño. Temacapulín, para quienes habitan ahí y para quienes lo dejaron pero que piensan regresar algún día, es el ombligo del mundo: el mejor lugar para vivir. Juan Manuel Jiménez Iñiguez nació en la ciudad de México y desde pequeño lo llevaron a Temaca. Y Temaca es su patria. El cuida “unas borregas” y “limpia casas”. Su visión del conflicto es muy particular: “tienen envidia porque este pueblo tiene todos los servicios, tiene mucho turismo. ¿Dónde nos van a hacer casas como ésta, que es antigua?”, menciona al señalar una bella edificación de cantera.

Manuel de Jesús Carbajal, quien atiende el billar del pueblo y se encarga de “la seguridad de la población”, también muestra su arraigo a Temaca. Tuvo que emigrar para trabajar en un lugar con mayores oportunidades. Se fue a Manzanillo. Pero regresó y regresó contento. El pueblo es único: “no digo que vivo como rey pero aquí vivo muy a gusto, en mi pueblo”. Y es que hay una relación estrecha entre Temaca y las personas que lo han habitado. La mayoría de quienes actualmente residen ahí están en contra de que se les eche. No lo quieren porque Temaca es suyo y ellos son de Temaca. Manuel lo expresa nítidamente: “El amor que le tenemos a nuestro pueblo es grande. Nadie vende. No es lo mismo que te lleven a vivir a un rancho a vivir en tu pueblo. Nosotros no vendemos. Y defendemos”.

¿Cómo hacerles entender a las personas que han vivido toda su vida en Temaca que el progreso es necesario y que León y sus industrias precisan sacrificios? ¿Cómo decirle a una señora que nació en Temaca, creció en Temaca, se casó en Temaca, dio a luz en Temaca y quiere morir en Temaca, que de un día para otro no habrá más Temaca? ¿Cómo? Es el caso de María del Consuelo Carbajal, quien ha vivido toda su vida en Temacapulín y no se quiere ir. Está enamorada de su pueblo, vive feliz en él. Y aunque otras ciudades son hermosas y le cuentan sus familiares cómo es Estados Unidos y Monterrey, ella quiere a Temaca y se queda con Temaca. No desea abandonar sus recuerdos, el lugar en donde crecieron sus padres y sus abuelos: “ni porque nos llevaran a un palacio. Nosotros estamos viviendo aquí muy a gusto”.

Los de Temaca aman a su pueblo y ensalzan su belleza. Porque la belleza muchas veces no depende de construcciones arquitectónicas majestuosas, de edificios lujosos, de modernidad y confort. La belleza, fuera de los ámbitos académicos, es un concepto individual arraigado a lo vivido y a lo sentido. J. Guadalupe Sánchez demuestra nítidamente este proceso. Nació en Temaca, no tiene “ni un grado de escuela” y desde pequeño trabaja. Emigró a Estados Unidos y ahí se hizo de “unos centavitos”. Regresó a México y comenzó a trabajar “muy duro” en Guadalajara, donde acumuló “otros centavitos”. Hace algunos años retornó a Temaca. Cumplió su sueño: “A mí me tocó mucha suerte de venirme de vuelta a mi pueblo a morirme”. Para don Guadalupe el lugar donde nació es un paraíso: “¿Quién no se viene a vivir aquí? Qué Tepa ni qué madres de nada. Aquí es una gloria”. Por eso, empuñando las manos, espeta: “inundarlo es una tontera de nuestra nación”.

Primero la reubicación, después el consenso

¿Por qué será que los gobiernos primero deciden y después consensúan? Así sucedió en el caso de la presa El Zapotillo, pues las administraciones panistas de Jalisco, Guanajuato y la federal primero decidieron en sus oficinas lujosas que Temaca sería desaparecido y después avisaron a los pobladores la urgente necesidad de saber su opinión sobre el lugar donde serían reubicados. Nunca fueron a presentarles un proyecto y conocer su parecer. El gobernador de Jalisco, Emilio González Márquez, nunca ha visitado Temaca, pero eso no le impidió aprobar un proyecto que lo desaparece del mapa.

Días antes del 15 de junio de 2008 comenzó a circular en todo el municipio de Cañadas de Obregón un volante con el siguiente texto: “¡Atención a todos los habitantes y propietarios de Temacapulín! El gobierno del estado, a través de la Comisión Estatal del Agua (CEA), los invita a la reunión informativa para conocer las alternativas de ubicación del Nuevo Centro de Población Temacapulín y así determinar el sitio elegido. Te esperamos este domingo 15 de junio a las 12 p.m. en el hotel Temaca. ¡Tu decisión es muy importante!”. Ironía característica de las autoridades panistas: a los habitantes de Temaca se les “consultó” sobre el lugar donde deberán ser reubicados, pero jamás se les preguntó si querían o no ser reubicados.

Juan José Hernández Hernández es dueño de una fonda en Temacapulín: vende lonches, jugos, quesadillas, tacos, etcétera. Está en contra de la presa de El Zapotillo. Menciona que las autoridades, antes del 15 de junio, no habían ido a Temaca para reunirse con los habitantes del pueblo y plantearles si estaban o no de acuerdo en ser reubicados: “el gobierno aquí no viene a decirnos absolutamente nada de cómo vamos a ser afectados”. El desprecio al pueblo duele…, duele mucho. Y las autoridades panistas de Jalisco han despreciado a Temacapulín.

Según el volante repartido por las autoridades estatales, Temaca dejará de ser un pueblo y se convertirá en “Centro de Población”. No entienden que el terruño es un elemento esencial en la cultura mexicana, en la historia de nuestro país. Pertenecer a algo es importante y la mayoría de los mexicanos pertenece, además de a la nación, a su patria chica, al lugar donde nació y creció. Quienes buscan construir la presa e inundar Temaca despreciando a sus habitantes no conocen esa estrecha relación entre los pobladores y su terruño. Y tampoco conocen muchas de las consecuencias cuando, un pueblo herido, un pueblo que quiere seguir viviendo, se despierta y dice no.

Para quienes idearon la presa El Zapotillo, Temaca es un pueblo con gente que migra y que fácilmente puede ser reubicada en las puntas de los cerros. No ven más allá. Sin embargo, para desagrado de las autoridades, los habitantes de Temaca piensan, sienten, saben y se organizan. Quieren a su terruño, la tierra que los mira y que siempre los ha mirado. La lucha que dan es por amor: aman a su pueblo y desean que se mantenga en pie, que no se muera, que no quede sepultado por las aguas que llenarán las tuberías de las industrias leonesas, mientras ellos…, ellos son reubicados en lugar infértil y alejado de sus raíces. Mutilados, pues.

domingo, 17 de agosto de 2008

Jorge Gómez Naredo :: El cinismo de los de arriba ::

JORGE GÓMEZ NAREDO

El cinismo de los de arriba

Mucho cinismo, demasiado cinismo, un montón de cinismo. El gobernador, los jefes de los partidos políticos y la elite del empresariado jalisciense hablan en nombre de la sociedad, del pueblo, de la gente, del bien del estado: juntos defendiendo lo que beneficiará a la entidad. Pero todo es cinismo, demasiado cinismo, un montón de cinismo.

Emilio González Márquez decidió presentar ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación una controversia constitucional contra la reforma electoral del estado de Jalisco. Y lo hizo, dijo, por el bien de la sociedad, porque él “escucha los reclamos ciudadanos que exigen un manejo eficiente del gasto, y porque debemos hacer que esta administración pública se oriente, cada vez más, a criterios y reglas de austeridad”. Eso mencionó, eso argumentó, eso concluyó. Pero la realidad lo desmiente. El gobierno que encabeza se ha caracterizado por infinidad de pifias y por el despilfarro de los recursos públicos: pingues donaciones a Televisa, TV Azteca y a la Arquidiócesis de Guadalajara, gatos excesivos, sueldos millonarios para la alta burocracia, viajes al extranjero, etcétera. ¿Dónde está la austeridad? Mucho cinismo, demasiado cinismo, un montón de cinismo.

González Márquez ni escucha ni ve “los reclamos ciudadanos”. Ahí están los pobladores de Temacapulín que dicen no a la construcción de la presa El Zapotillo, que reclaman y reclaman y nunca son escuchados. También diversas organizaciones ciudadanas han mostrado su inconformidad hacia las actitudes autoritarias del gobernador, y éste: calla, no escucha. ¿Dónde queda, pues, la sensibilidad hacia “los reclamos ciudadanos”? ¿No será que el gobernador entiende como ciudadanía sólo y exclusivamente a unos cuantos empresarios?

Los partidos políticos están en crisis, de ello no cabe duda. Se supone que fungen como vías por los cuales la gente puede acceder a diversos cargos de representación popular, pero esto no pasa. Se alejan cada día más de los piensos ciudadanos, de lo que quiere y desea el pueblo. Esta crisis, sin embargo, no les impide buscar mayores recursos económicos y defenderlos con tesón y ahínco, ese mismo tesón y ese mismo ahínco que les falta cuando se trata de defender los intereses supremos del pueblo. Los líderes de los partidos políticos se dicen cercanos a la gente: hablan y hablan y en sus discursos ensalzan a la gente, la representan, tienen un compromiso con ella. Mucho cinismo, demasiado cinismo, un montón de cinismo.

Los miembros de la elite empresarial jalisciense también se dicen representantes de la sociedad. Ellos son los ciudadanos, ellos luchan por las causas justas y ellos tienen el derecho a ser escuchados y siempre tomados en cuenta por las autoridades. Hablan de democracia y de justicia, de honestidad y de lucha contra la corrupción. Se inconforman contra la ley electoral que aumenta el presupuesto a los partidos políticos, pero no mencionan palabra alguna cuando se sabe que ellos, los honestos entre los más honestos, reciben como “subsidios” borbotones de dinero de las arcas públicas.

Pablo Lemus, líder de la Coparmex Jalisco, al conocer la decisión de González Márquez de interponer una controversia constitucional contra la ley electoral del estado, declaró: “El señor gobernador ha decidido jugar en la cancha de los ciudadanos y no de los partidos políticos. El gobernador se dio cuenta de las graves afectaciones que tenía esta reforma electoral, que a todas luces va en contra del espíritu democrático de la reforma electoral federal, al tener graves afectaciones en el presupuesto estatal, dando mayores recursos para los partidos políticos, [lo] que definitivamente descuidaría los proyectos productivos y sociales del estado”. Sí, ellos, la elite empresarial, un bastión en la defensa de la democracia. Ellos, que no observaron ninguna irregularidad en el proceso electoral fraudulento de 2006 y que cada tres años invierten dinero en candidatos para, cuando éstos accedan al poder, tengan un trato preferencial (digamos, de gente bien, de gente VIP). Ellos, los demócratas. Mucho cinismo, demasiado cinismo, un montón de cinismo.

La elite jalisciense (la empresarial y la política) está en guerra. Pero una guerra interna, entre ellos mismos. Todos se dicen representantes de la sociedad, todos argumentan actuar por el bien de la gente, del pueblo. Sin embargo, nunca le preguntan a la sociedad su parecer: qué piensa, qué quiere, qué desea. Claramente, los de arriba demuestran mucho cinismo, demasiado cinismo, un montón de cinismo.

jorge_naredo@yahoo.com

sábado, 16 de agosto de 2008

Jorge Gómez Naredo -Opinión-

JORGE GÓMEZ NAREDO

Una telenovela de controversia y tema electoral

Jalisco se ha convertido en escenario de una telenovela donde varios actores se diputan el papel principal. Todos salen a escena, gritan, quieren atención, desean establecer su preponderancia, decir, ufanos: “aquí yo mando”. Al primer actor se le conoce como “poder legislativo” o “Congreso”, el cual está conformador por diputados que elaboraron un reforma electoral donde desviaron (legalmente, claro está) millones de pesos a los partidos políticos. El segundo, pletórico de “gente bien”, podría denominarse el “club del progreso y el bienestar económicos”. Está conformado por un empresariado que amenaza con irse de Jalisco si se aprueban las modificaciones hechas por el poder legislativo. En un arranque de furia (y de sinceridad), dicho actor reclamó a su subordinado su incapacidad para poner orden en la casa. El tercer histrión, protagonizado por Emilio González Márquez, un día dice sí y el otro no. Este cambio de ideas quizá se deba a que todas las decisiones que toma están regidas por “la luz de la ética” y el deber con su “conciencia”.

El problema surgió cuando el poder legislativo decidió aprobar una ley que incrementó en 253 millones de pesos anuales los ya pingues presupuestos de los organismos políticos. Los miembros de la élite empresarial jalisciense dijeron no, declararon no, decidieron que no. Convertidos rauda e inconcebiblemente en luchadores sociales, “llamaron a la sociedad” a acompañarlos en la batalla para impedir el atraco a las arcas públicas. Este desenfreno justiciero fue matizado, prontamente, al saberse que esos ínclitos personajes de la vida económica, que tanto bien le hacen al pueblo, recibían de las mismas arcas públicas más de 200 millones de pesos en “subsidios”. Dicho dato no los inmutó. Como adalides de la honestidad y la equidad prosiguieron su lucha con ahínco.

Emilio González Márquez, el tercer actor, ha querido por todos los medios posibles congraciar al empresariado. Primero intentó vetar la ley y su falta de capacidad se lo impidió. Se enemistó con el Congreso, pero decidió establecer una tregua: como en las batallas épicas, llamó a la concordia, a la paz y la reconciliación, y ya entrado en amor (murmuraron las malas lenguas en su momento), cabildeó la creación de nuevas plazas a cambio de apoyar la aplicación de la millonaria reforma electoral. Por este rumor hasta se enemistó con el segundo actor, el empresariado, en especial con uno de sus líderes, Pablo Lemus. En un arranque de lacrimosa ternura, reclamó González Márquez: “¿En dónde está su amor al estado y su deseo de generar empleo aquí, para los jaliscienses? No, yo no me dejo presionar. ¡Pablo Lemus miente!”.

Sin embargo, dos días después, en el clímax de esta historia llena de congojas, el gobernador decidió siempre sí entablar la controversia constitucional, ya que, “estoy empeñado en hacer las cosas correctas, dentro de nuestras capacidades, y siempre sin desviarnos de los principios y valores que debe tener el servicio público”. Así pues, el empresariado logró su objetivo: el subordinado cumplió las órdenes.

Esta historia de telenovela sucede en Jalisco, y los actores están muy bien delimitados. Cada uno quiere preponderancia y mandar al otro. Por un lado, el Congreso, que no representa a la sociedad, sino a las élites de los partidos políticos. Por otro, el empresariado, que invierte cada tres años en las campañas electorales de sus nuevos subordinados y eso, piensa, le da derecho a ordenar. Por último, aparece González Márquez, que juega al sí y al no. No sabe qué hacer y cuando se decide a hacer algo, lo hace mal y a destiempo.

La cuestión aquí es preguntarse, ¿el pueblo de Jalisco, dónde queda?, ¿dónde la sociedad que dicen representar los diputados y el gobernador? González Márquez acata las ordenanzas de un empresariado voraz. A ellos sí hace caso, a ellos sí escucha, a ellos sí los ve. La mayoría de los diputados en el Congreso obedecen los mandatos de sus líderes partidarios y los defienden a capa y espada. Lo que verdaderamente demuestra este conflicto digno de cualquier telenovela es el fracaso de la democracia representativa en el estado. Porque, la sociedad, el pueblo, la gente de a pie, ¿dónde queda?, ¿dónde está su opinión sobre un tema tan importante como una reforma electoral y de participación ciudadana?, ¿dónde?

domingo, 10 de agosto de 2008

Jorge Gómez Naredo Delincuencia y secuestros: problemas de fondo



JORGE GÓMEZ NAREDO

Delincuencia y secuestros: problemas de fondo

Felipe Calderón ha decidido aumentar las penas a quienes secuestran. Serán castigados con cadena perpetua. No setenta ni ochenta ni cien años. No. ¡Cadena perpetua! Así de simple. Quien habita en Los Pinos lo anunció días después de haberse dado un inusitado seguimiento periodístico al secuestro y asesinato del joven Fernando Martí Haik, hijo de un acaudalado empresario dueño de tiendas deportivas.

Quienes maten o mutilen al secuestrar, quienes rapten menores de edad o quienes siendo policías se enrolen en las filas de los secuestradores, serán castigados con cadena perpetua. Ya nunca saldrán de la cárcel. Eso dijo Calderón, eso prometió, eso intenta. Pero, ¿será una medida efectiva? En las pantallas de televisión, en muchas radiodifusoras y en varios periódicos, los siempre aplaudidores de las medidas gubernamentales han dado apoyo a la decisión del panista.

Sin embargo, habría que reflexionar y observar muchas aristas en todo lo referente a la inseguridad. Para los grandes empresarios, políticos de “realce” y demás miembros de la élite mexicana, la delincuencia tiene como componente principal el secuestro porque ellos son el blanco. Si bien es cierto también los clase medieros (e incluso los estratos populares) han comenzado a sufrir los estragos del secuestro, los ricos de este país son los que tienen mayor posibilidad de sufrir uno. Por eso llevan escoltas, viajan siempre con preocupación y asistir a un evento se convierte en una odisea. Algunos se compran helicópteros para sentirse más seguros y sus hogares tienen son vigiladas como si fueran sucursales de la Casa Blanca. Cuando una organización delictiva secuestra a un miembro de una familia (política y/o económicamente) poderosa, los gobernantes se ponen a temblar: los reclamos serán muchos y deben ser escuchados.

La medida pretendida por Felipe Calderón, es decir, cadena perpetua a secuestradores, fue más una estrategia mediática que una acción efectiva y eficaz. Actualmente las penas por secuestro varían de 30 a 60 años. Si a ellas se les agregan más delitos o agravantes, se puede dar el caso de un delincuente sentenciado a 70 años de cárcel. Es decir, una cadena perpetua. Eso para los secuestradores y también para algunos luchadores sociales, como los líderes del pueblo de San Salvador Atenco, quienes fueron sentenciados injustamente a más de 60 años de reclusión.

A diario, decenas de mexicanos muere debido a la inseguridad y la violencia. Asesinatos, robos, extorsiones, etcétera. Esas cifras siempre pasan desapercibidas en los discursos oficiales y en las pantallas de televisión. Pero cuando sucede algo a un potentado, los medios de comunicación y los políticos dicen “basta” y espetan un “hasta aquí”. ¿Por qué vale más el hijo de un empresario que el hijo de un obrero? Si se habla de delincuencia que se hable de toda la delincuencia, de la que afecta a los ricos y a los pobres, de la que lacera al trabajador y al gerente. De toda.

Ahora bien, ¿por qué la seguridad no es un asunto netamente punitivo? La actual administración piensa que con mayores penas y más años en la cárcel los delincuentes no actuarán. Es un absurdo. La delincuencia existe porque hay pobreza, porque hay carestía, por las grandes desigualdades económicas y porque no hay trabajo, no hay dinero. Las opciones de miles de mexicanos ante el fracaso económico nacional son la migración y la delincuencia (sea ésta relacionada con el tráfico de drogas o con otra actividad ilícita). Si no se ataca la carestía, si no se da trabajo digno y si la desigualdad económica continúa agrandándose, la delincuencia persistirá.

El ex senador y actual coordinador de la bancada priísta en la Cámara de Diputados, Emilio Gamboa Patrón, abogó, a título personal, por la pena de muerte a secuestradores. Poco se discute, sin embargo, la corrupción, los bajos salarios de las policías y las fallas del sistema judicial mexicano. Si estos problemas no se resuelven, tampoco habrá resultados positivos en el combate a la delincuencia.

La cadena perpetua o una improbable pena de muerte no son soluciones a la descomposición social. Lo que se necesita es mejorar la calidad de vida de los mexicanos y erradicar la insultante desigualdad económica en el país. Si no existe una política eficaz para solucionar estos lastres, la delincuencia continuará, al igual que la migración de miles de connacionales hacia Estados Unidos. Sin embargo, a Felipe Calderón, que llegó al poder gracias a un fraude electoral, no se le ven capacidades para enfrentar tan graves conflictos que están, incluso, exasperando a quienes lo impusieron en la Presidencia.

jorge_naredo@yahoo.com

jueves, 7 de agosto de 2008

El Lobby -MAURICIO FERRER -

El Lobby

MAURICIO FERRER

Indiferencia y silencio=pecados sociales

“No seas cómplice de los pecados sociales con tu indiferencia y tu silencio”, es la advertencia que lanzan los pobladores de Temacapulín a través de la Internet, ante la amenaza de que el pueblo desaparecería del mapa de Jalisco debido a la construcción de la presa El Zapotillo.

El Movimiento en Defensa de Temacapulín ha traspasado el entorno local. Más allá de los famosos macheteros de “San Mateo Atenco” que dice el gobernador de Jalisco, Emilio González Márquez, ya tiene detectados en la zona, la lucha social de los de Temaca ha cruzado fronteras gracias al ciberespacio.

El sitio es la fiel reproducción del boletín impreso “Temacapulín de los Remedios”. Es el “informativo electrónico” hecho por el presbítero Gabriel Espinoza Iñiguez, el señor cura del poblado, quien nada tiene que ver con el cardenal de Guadalajara, Juan Sandoval Iñiguez, aun cuando el apellido sea el mismo.

“Antes que la destrucción nos alcance”, inicia en letras rojas la portada del sitio www.temacapulin.com.mx. Y antes de que una acción apocalíptica llegue a Temaca –no de la mano de Dios, sino de la del PAN–, el presbítero ironiza sobre la construcción de El Zapotillo que, “paradójicamente, quiere, ahogando nuestro patrimonio, mejorar nuestras tradiciones”.

“Paradójico, porque en sentido contrario al del poeta debemos estar ciegos, pues no vemos lo que tan gran proyecto nos beneficia”, prosigue.

“Paradójico que haya que perjudicar al pueblo para beneficiar al pueblo. Entonces se cumple aquello de que: si antes había guerras, era por el egoísmo de algunos, y si ahora ya no las hay, ¿es por el egoísmo y vanidad de las mayorías?”, cuestiona el religioso.

Para el párroco local, los culpables de la desaparición de Temacapulín tienen nombre: gobiernos federal y estatal, la Comisión Nacional del Agua (Conagua) y la Comisión Estatal de Agua (CEA).

“Están traicionando a Temaca haciéndole grandes promesas, como el Gran Hermano de tiempos no tan lejanos del comunismo, que repartía la riqueza, pretexto de la justicia social, pero en realidad pocos eran los beneficiados y lo que a todos y todas seguro les tocaba era la miseria”, asegura.

En esto último no concuerdo con el religioso al asegurar que, el “satánico” comunismo tenga que ver con las políticas actuales. Si bien el comunismo tendrá sus errores, no ha sido un sistema implementado en el país como para achacarle los males nacionales.

Al contrario, la instauración de las políticas emanadas del neoliberalismo son las que han producido un sinfín de situaciones: medio ambiente destruido, desarrollo urbano caótico, desigualdad social, pobreza extrema, violación flagrante a las garantías individuales, etcétera, etcétera.

El neoliberalismo es como la Matrix. Sí, como la película. Se vive en una especie de software donde todo es desarrollo: computadoras, ropa de marca, celulares, iPhone, Blackberrys, etcétera. Un estado donde la familia –sobre todo la proveniente de la clase media– es el núcleo donde la manipulación neoliberal ha encontrado suelo fértil: vivienda a pagos, auto en abonos, ropa y electrónicos a 18 meses sin intereses, crédito en universidad privada a pagar a 10 años posteriores a la graduación; espejismos que, aunque ciertamente otorgan más comodidad, alejan de las verdaderas tradiciones nacionales, deshumanizan al consumidor de la suerte del otro que no tiene para un plato de frijoles y nos esclavizan al pago mínimo de tarjetas bancarias que bien, como mínimo, nos hacen tenerlas unos cinco años para alcanzar a pagarlas.

Cuando uno despierta del sueño Matrix, ve que todo está jodido: que aun cuando tenga algo de dinerito, sigue uno debiendo y debiendo y debiendo. Que por más carro que uno traiga, la ciudad es un relajo y avanza uno más rápido en camión. Así, cientos de situaciones que nos dejan ver un futuro que nunca llegará.

Y tiene razón el presbítero en hacer ruido ante la indiferencia y el silencio. Una película francesa titulada El odio, realizada en la década de los años 90, presenta esa desesperanza que enfrentan las clases desprotegidas, olvidadas de los gobiernos y vistas por las clases ricas como una amenaza, por lo menos con el simple hecho de rozar su piel.

La cinta refleja tres formas diferentes de ver la vida por tres jóvenes de los suburbios franceses: un árabe, un negro y un judío. Son tres formas de acobijar el odio hacia quienes los fustigan, los juzgan y los niegan, aunque sean parte de la realidad.

Pero en Francia es otro asunto. Lo mismo en Inglaterra, en cualquier país de Europa. Cualquier atentado contra la garantía de uno solo tiene la respuesta de miles, de millones. Lo mismo sucede en países sudamericanos como Argentina, Chile, cuyas dictaduras les han dado las herramientas a sus ciudadanos para luchar por lo que creen que afecta al bienestar común. Pero, ya lo decíamos en este mismo Lobby, ¿qué carajos puede importarnos Temaca?

En lo personal, mucho. Es un hecho que demostraría una vez más el aplastamiento del poderoso sobre el débil; que demostraría una vez más la impunidad; que demostraría una vez más que los políticos hacen lo que creen que “es mejor para Jalisco”; que demostraría una vez más la pasividad que tenemos como sociedad. Pero que podría demostrar también de qué estamos hechos y hasta dónde se puede soportar tanto desagravio.

“Son Judas traidores. A Cristo lo vendieron por 30 monedas de plata. A Temaca lo quieren vender por una presa que Jalisco quiere regalar a Guanajuato, y para justificar dicen que es proyecto federal, cuando sabemos bien que los 25 metros añadidos a la cortina los propuso Jalisco con el argumento de darle agua a Los Altos y a Guadalajara. Por un lado amarran navajas, pero con hábito de San Gestas “...sálvate y sálvanos”; y por el otro reparten la miseria de falta de soluciones que generen buena vecindad y progreso para todos”, concluye en el ciberespacio Espinoza Iñiguez, el párroco que no es nada de Sandoval Iñiguez.

domingo, 3 de agosto de 2008

Jorge Gómez Naredo -Opinión-

ORGE GÓMEZ NAREDO

El empresariado: los nuevos luchadores sociales

Ahora resulta que uno de los sectores políticamente más retrógrados de Jalisco se ha convertido en el adalid de las causas justas y progresistas de la sociedad, en el defensor de la ciudadanía. Sí, los empresarios, que siempre buscan mayores beneficios económicos y luchan denodadamente por su “derecho” a mantener en la miseria a sus trabajadores, han puesto un hasta aquí al gobernador. José María Andrés Villalobos, presidente de la Cámara Nacional de Comercio de Guadalajara (Canaco), ha dicho: “No somos políticos ni tenemos pretensiones, por lo que hacemos un llamado a la sociedad para hacer un alto. No podemos caer en una dictadura del Poder Legislativo, es todavía mucho más grave, porque son actualmente 40 dictadores que lanzan la piedra y esconden la mano y no tenemos a quién hacer responsable”. Vaya, la sociedad entera debería estar agradecida. Por fin, los empresarios se han convertido en nuestros salvadores: los esperados Mesías de traje y corbata han llegado a estas tierras.

¿Qué dijo la Canaco en 2004, cuando la policía, bajo órdenes de Francisco Ramírez Acuña, golpeó, humilló y encarceló a cientos de jóvenes que solamente se manifestaron por un mundo más justo?, ¿cuál fue la reacción de la Canaco cuando, en Jalisco y en todo México, se organizó un fraude electoral (es decir, cuando se violentaron los avances democráticos en el país) para impedir que Andrés Manuel López Obrador llegara a la Presidencia de la República?, ¿dónde ha estado la Canaco en las luchas ciudadanas contra la construcción de la presa de Arcediano, un proyecto que llenará las tuberías de las casas tapatías con agua putrefacta y peligrosa para la salud?, ¿acompañó la Canaco a los ciudadanos que salieron a las calles para impedir que el gobernador continuara regalando dinero público a la Iglesia católica?, ¿acaso la Canaco se ha unido a los vecinos del parque Morelos que luchan por el derecho de vivir donde han vivido siempre, de habitar las casas que siempre han habitado?, ¿los miembros de la Canaco han asistido y apoyado a los pobladores de Temacapulín, pueblo que, además de ser pobre, ha cometido el peligroso delito de fundarse cerca de donde se construirá la presa de El Zapotillo?, ¿dónde está la Canaco en la lucha que millones de mexicanos están dando para impedir la privatización de Pemex? Pero ya, ahora, pronto, están trabajando por defender los derechos de la sociedad, la cual, entera, debería estar agradecida. Por fin, los empresarios se han convertido en nuestros salvadores: los esperados Mesías de traje y corbata han llegado a estas tierras.

Javier Gutiérrez Treviño estuvo anteayer en la conferencia de prensa donde los empresarios jaliscienses amenazaron con dejar de invertir en la entidad si no se daba marcha atrás a la reforma electoral. Quizá Gutiérrez Treviño sea el icono de esos empresarios comprometidos con la sociedad, sensibles a las causas más nobles del pueblo. Por ejemplo, cuando el niño Miguel Angel López Rocha murió intoxicado por fuertes cantidad de arsénico que ingirió de las aguas del río Santiago, negó que éstas estuvieran contaminadas y dijo que él se tomaría un “buche” del pestilente río para demostrarlo. También se ha preocupado siempre por el pensar de la sociedad y ha dado consejos, muchos consejos. A los del parque Morelos les dijo: no insistan en sus demandas, porque les va a pasar como “aquellos ‘amigos’ de los machetes con el aeropuerto, que quisieron presionar tanto al gobierno que al último se quedaron sin miel y sin jícara”. Sí, ahí está, nítida, clara y diáfana la estrecha relación de este grupo con el pueblo. La sociedad entera debería estar agradecida. Por fin, los empresarios se han convertido en nuestros salvadores: los esperados Mesías de traje y corbata han llegado a estas tierras.

La reforma electoral aprobada en el Congreso local, sin duda, es un exceso respecto al incremento del financiamiento a los partidos políticos. De eso no cabe la menor duda. Pero también no incentiva la participación ciudadana a pesar de crear el Instituto Electoral y de Participación Ciudadana. Aquí los empresarios no dicen nada, callan, hacen silencio. Pero estas nimiedades no les impiden convertirse ahora en los nuevos adalides de la ciudadanía. En palabras de Pablo Lemus, de la Coparmex: “Hay dos caminos, el de un régimen de partidos o [uno] de ciudadanos”. Es decir, los ciudadanos son ellos y la ciudadanía dirá lo que ellos digan. Esa es su concepción, su manera de ver el mundo. Ellos, que no miran al pueblo y cuando lo miran, lo hacen con desprecio; ellos, que siempre buscan no incrementar los salarios de sus trabajadores; ellos, que piensan que por tener el capital todos les deben rendir pleitesía; ellos, que amenazan con irse con su dinero (y dejar sin trabajo a muchos jaliscienses) porque han iniciado una lucha contra el gobernador y el Poder Legislativo; ellos, que se creen dueños de México, ahora se han transformado en los caudillos de la democracia. Por eso, no cabe duda, la sociedad entera debería estar agradecida. Por fin, los empresarios se han convertido en nuestros salvadores: los esperados Mesías de traje y corbata han llegado a estas tierras.

jorge_naredo@yahoo.com