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miércoles, 22 de julio de 2009

domingo, 19 de octubre de 2008

JORGE GÓMEZ NAREDO Entre buenos y malos: González Márquez y su visión del mundo




La Jornada Jalisco

Emilio González Márquez, el miércoles pasado, definió claramente su ideario, su pensar y su forma de ver el mundo. Pocas veces un discurso muestra tanto a una persona y a su manera de percibir la realidad. En el marco de la entrega de apoyos a policías y a familiares de elementos policiacos muertos en cumplimiento de su deber, González Márquez describió nítidamente lo que él (y por ende, su gobierno) entiende por “lucha contra el narcotráfico”.

Con voz quebrada, el gobernador de Jalisco mencionó que estamos en guerra: “ésta es una guerra en contra de los que lucran con la salud de nuestra gente”. Ya lo mencionó Raúl Torres en la siempre fresca e inteligente columna El lobby: ¿acaso los hospitales particulares no lucran con la salud de la sociedad? Más allá de su corta visión sobre lo que significa “lucrar con la salud de nuestra gente”, González Márquez advierte que Jalisco está en guerra. Surgen preguntas, muchas preguntas: ¿cuándo se declaró?, ¿quién aprobó que se iniciara?, ¿por qué si se empezó la guerra desde hace tiempo, hasta ahora se informa a la ciudadanía?

El gobernador aclaró que “Jalisco está aportando sangre para mejorar la seguridad de nuestro estado”. ¿Esta es la finalidad de la guerra? Es muy fácil mencionar que los policías mueren, que son héroes: es muy fácil organizar actos para entregar apoyos pecuniarios a quienes han perdido a sus hijos, a sus parejas, a sus padres. Es muy fácil porque esas palabras las menciona alguien que no tiene que lidiar siempre con el narcotráfico en las calles. Es muy fácil rendir homenaje a los caídos cuando no se es uno de ellos, cuando no se tienen familiares que han sido ejecutados por la violencia ante la incapacidad de las autoridades para detenerla.

Cercano al paroxismo, González Márquez arguyó que hay dos bandos y nada más: los buenos y los malos. Y que los espectadores, quienes protestan, quienes disienten, quienes ven otras formas de combatir al narcotráfico, son parte de los malos, de los “cómplices”. Así pues, todos somos delincuentes en potencia. Sus palabras no dejan lugar a dudas: “Hay dos bandos, nadie es espectador, quien quiere ser sólo espectador, se convierte en cómplice”.

En el bando de los malos están los que “agreden a Jalisco”, los narcotraficantes, los que participan en el crimen organizado. Pero también están en ese bando los “timoratos”, los que no denuncian, los que no previenen, quienes no abonan a la formación de “una sociedad con valores”. Los policías que no estén dispuestos “a dar su sangre por Jalisco”, se ubican en el bando de los malos, de los que dañan al estado.

El bando de los buenos está encabezado (no podría ser de otra manera) por el gobernador de Jalisco, quien todos los días ofrece su sangre y su vida por el bien de la entidad. Lo acompañan todos los demás secretarios: dispuestos siempre a derramar su sangre en las tierras de Jalisco para que florezca la esperanza, el bienestar y la seguridad. Sí, el gabinete de González Márquez es un gabinete, digamos, de héroes que están dispuestos a inmolarse por la sociedad. En este bando de los buenos también (ya en segundo término) está “el pueblo de Jalisco que quiere confiar en el uniforme y en la placa [de los policías], el que se atreve a denunciar, el que no hace la vista a un lado cuando ve a esa punta del iceberg que es el narquito de colonia”. Sí, el pueblo bueno, el pueblo que no protesta, el pueblo que no disiente, el pueblo que no duda de sus autoridades, el pueblo que no tiene sentimientos de inconformidad.

En su discurso del miércoles pasado, González Márquez divide a la sociedad en dos: buenos y malos. Los buenos, son los que apoyan al gobierno (es decir, a él); los malos, los que no siguen sus indicaciones y, claro, el narcotráfico endemoniado. ¿Cómo hacerle entender al gobernador que la sociedad es más compleja de lo que él piensa y que el problema del narco es profundo y no se soluciona con una guerra?, ¿cómo hacerle comprender a González Márquez que no se trata de derramar sangre, sino de actuar de manera inteligente e integral?, ¿cómo explicarle que la sociedad jamás ha estado divida entre buenos y malos?, ¿cómo?

González Márquez nos dice que estamos en guerra y que, o somos buenos, o somos malos. Nos menciona un sólo camino: “el que se riega con sangre para que florezca un Jalisco más seguro”. Este pensamiento es peligroso: criminaliza a quienes no concuerdan, a quienes plantean disenso, a quienes miran otras soluciones distintas a aquellas de la autoridad. La pregunta es: quienes no piensan como González Márquez, ¿son del bando de los malos? No cabe duda: nos dirigimos a un camino directo (y sin paradas) al autoritarismo, un autoritarismo disfrazado de “guerra contra el narcotráfico”.

jorge_naredo@yahoo.com

sábado, 9 de agosto de 2008

Mónica Pérez Taylor -This is Mexico-

Alumbró con su linterna al interior de la camioneta y ordenó: hágase para este lado, ¿de dónde vienen?, ¿a dónde van?, ¿qué traen en la cajuela?


This is Mexico



Mónica Pérez Taylor

9 Ago. 08
MURAL/REFORMA

Para Agustín del Castillo, periodista ambiental de Público/Milenio, por haber ganado el Premio para América Latina de REUTERS-UICN


Pasaba de la media noche del sábado 24 de mayo. Nos detuvieron en un retén: "Bájese y muéstreme sus papeles", dijo el que mandaba, mientras los otros cinco gorilas, con ojos inyectados en sangre, revisaban el interior de nuestra camioneta. Todo en orden, hasta que un policía exclamó: "-¡pero qué barbaridad!, trae usted su licencia vencida: lo lamentamos, pero aquí, en el Estado de México, nos tenemos que llevar el vehículo. "-P...pe...pero...". -"Si quiere ahorita mismo le traigo el reglamento de tránsito".

"-Oiga, suplicó Jorge, vengo con la familia, mire la hora que es y vamos a celebrar el cumpleaños de mi suegra en Cuernavaca. Háganos un favor y déjenos ir". "-Pues precisamente, vamos arreglándonos, por el bien de su familia, porque de aquí nos lo llevamos detenido junto con el vehículo y a ver qué hacen sus familiares, porque a esta hora ni camiones ni taxis pasan por aquí y que se me hace que ni llegan a la fiesta".

Se trataba de un falso retén, como el que secuestró al joven Martí. Eran seis bestias camufladas, protegidas del intenso frío con gruesas chamarras, guantes y pasamontañas, armados hasta los dientes y en dos apantallantes pick-ups. Era la Policía del Estado de México.

Dentro de la camioneta dilucidábamos: "-¿cuánto creen que nos saquen? -Unos mil pesos. -No, hombre, de menos unos 4 mil. -Hay que anotar los números de las patrullas. -Pero es que no se ven -¿Y si les tomamos fotos? -¡Nooo! -¿Cuánto dinero traes? -¿Y si te bajas a ver qué discuten? -¡Nooo!".

Estábamos aterrados y al pendiente de cómo montoneaban estos uniformados a Jorge, quien temblaba de frío y de impotencia. Mejor se puso de modo. Nos extorsionaron, pero logramos salir íntegros y con suficiente dinero para continuar el viaje. "-This is Mexico", exclamó mi hija a su novio estadounidense. ¡Qué vergüenza! y ¡qué miedo!

En este país nadie está a salvo. Ni los hijos de prominentes empresarios con todo y su carísimo blindaje y protección ni la gente común y corriente. La espiral de violencia gira y gira hacia el abismo y no habrá fin a la inseguridad ni a la corrupción mientras no logremos derrotar tanto cinismo e impunidad.

México es el paraíso de la delincuencia organizada, bien representada en toda la estructura institucional. Las cárceles se llenan de pobres y de tontos, mientras los criminales de saco y corbata han tomado las riendas del País. La OEA asegura que la mitad de los Municipios en México están tomados por el narco. Y el 30 por ciento de la tierra cultivable, también. Creo que se quedan cortos.

En la masacre de seis personas ocurrida en Ciudad Guzmán ejecutaron a dos hermanitas de 7 y 8 años, pero no merecieron condolencias ni desplegados, pues resultó más rentable mediática y políticamente el caso Martí. ¿Está consciente la familia Martí que Calderón está sacando raja política de su horrible tragedia?

Ni modo, diría Calderón, les advertí que habría muchas muertes en mi guerra contra el narco. Claro, hasta que la víctima es hijo de un influyente y respetado empresario es que la sociedad pone el grito en el cielo. Calderón fue a presentar sus condolencias a la oligarquía y omitió mencionar que, "aunque no lo parezca, le vamos ganando la guerra al crimen organizado", porque ahí sí lo linchan.

El joven Martí es uno más de los miles de muertos inocentes de esta inútil guerra, pues desde que Calderón llegó malamente al poder el secuestro se ha incrementado en 60 por ciento, y el primer lugar lo ostenta el Estado de México. ¿Qué tal que en el velorio donde se reunían los dueños de México hubiera mencionado las otras miles de vidas inocentes perdidas y diera a la tragedia su justa dimensión? Como una especie de homenaje a tantos mártires anónimos, sobre todo los niños y las niñas como Fernando Martí. Calderón siempre tuvo las manos sucias, pero ahora las tiene llenas de sangre.

Tenemos el deber de mencionar a los otros menores de edad caídos en esta guerra -una guerra civil, la define la ex Canciller Olga Pellicer- y por los que tampoco nadie se conduele: 8 menores asesinados en la segunda semana de julio, lo que suma cerca de 70 niños y niñas inocentes caídos en el fuego cruzado de esta guerra que, como vemos, sólo beneficia al crimen organizado.

Pienso que los mexicanos ya estamos secuestrados en nuestro propio país. Somos rehenes de una mafia disfrazada de "gente bien".

"-Me felicita a su suegra", nos dijo un tipo del retén antes de dejarnos ir.

Estoy segura que con el dinero que nos robaron se fueron al burdel y a consumir más alcohol y drogas. Yes. This is Mexico.

miércoles, 25 de junio de 2008

El Ejército en Jalisco, ¿solución al narcotráfico?

JORGE GÓMEZ NAREDO

El Ejército en Jalisco, ¿solución al narcotráfico?

Con la llegada de Felipe Calderón a la Presidencia (un arribo ilegítimo, marcado por un fraude electoral) se inició una supuesta guerra contra el narcotráfico, en la cual lo importante no fueron la planeación, el estudio de la situación y la erradicación de las causas, sino el despliegue de una campaña mediática. La intención fue legitimar la gestión del panista. En las pantallas de televisión aparecieron espots donde se observaba a elementos castrenses en tareas policiacas. Los noticiarios anunciaban que el Ejército entraría a diversos estados de la República y que con eso el crimen organizado recibiría duros golpes. Se utilizaron símbolos arraigados en la conciencia popular para relacionar a las fuerzas militares con el bien: los jugadores del popular equipo de futbol del Guadalajara se fotografiaron con efectivos castrenses, rodeados de tanquetas militares y todos llenos de sonrisas. Lo importante era dar la imagen de control de la situación, de legitimidad y de mano dura. La estrategia, claro está, no funcionó.

Los cárteles de la droga están en guerra y las estrategias del gobierno federal para erradicar el narcotráfico han resultado un fracaso total. No se han atacado las causas del problema. El crimen organizado recluta a diario decenas de mexicanos que viven en la pobreza, que están dispuestos a jugarse la vida por tener una vida digna, aunque no sea legal y se corran varios peligros. La falta de oportunidades ha provocado que un ejército de personas viva del tráfico de sustancias ilícitas. Esas causas, esos problemas, el gobierno federal no los ha buscado erradicar.

Al mismo tiempo, si existe un mercado en Estados Unidos, un negocio redituable, tampoco se erradicará el narcotráfico en México. La lucha contra el crimen organizado relacionado con las drogas no es tarea solamente de México, sino también de Estados Unidos. Si allá, en el país vecino, no se hace nada para disminuir los altos consumos de sustancias ilícitas, acá, en nuestro país, seguirá habiendo personas dispuestas a salir de la pobreza para surtir de droga a los consumidores estadunidenses.

La administración de Felipe Calderón ha apostado a la estrategia punitiva, a utilizar las armas para erradicar el crimen organizado. Y lo ha hecho con el Ejército, no con los encargados de dicha labor: las policías. Con el Ejército en las calles se corren muchos riesgos: desde la vinculación entre elementos castrenses y narcotraficantes hasta la violación sistemática de los derechos humanos por parte de los efectivos militares.

En la mayoría de los estados de la República existe la presencia de diversos cárteles de la droga. Jalisco no es la excepción. Pero el combate a este problema no debe ser través del Ejército, se precisa una estrategia integral donde se planteen las causas profundas del crimen organizado y donde no solamente se apueste a lo punitivo, al combate frontal, a las armas. Hacerlo así es recorrer un camino destinado al fracaso y la estrategia federal que se ha seguido a partir de la llegada de Felipe Calderón a la Presidencia lo demuestra claramente.

En Jalisco, varios panistas han pedido la intervención del Ejército para combatir al narcotráfico. El coordinador de los diputados blanquiazules, Jorge Salinas Osornio, pidió la presencia del Ejército en labores preventivas y de inteligencia. Por su parte, el alcalde de Guadalajara, Alfonso Petersen Farah, arguyó: “Que entre el Ejército. Creo que a todos nos da mucho más tranquilidad, y me parece que a todos nos da obviamente mucho más oportunidad de poder sentirnos más protegidos”. La pregunta es, ¿quiénes ganan con la presencia del elementos castrenses vigilando las calles de la ciudad?, ¿a quiénes brindarán seguridad y tranquilidad?

Se equivoca el alcalde tapatío: con la entrada del Ejército a vigilar las calles de la Zona Metropolitana de Guadalajara no se tendría más tranquilidad. Al contrario, habría más miedo por parte de la ciudadanía ante posibles abusos de elementos castrenses (como ya ha sucedido en varios estados de la República). Además, se supone que los gobiernos federal, estatal y municipales tienen policías encargadas de combatir el narcotráfico. ¿Dónde están?, ¿para qué les pagan?

Es preocupante la actitud de varios funcionarios públicos y “representantes populares” que piden la rápida entrada del Ejército a Jalisco. La solución no es enfocarse solamente en las tareas punitivas y olvidar las causas profundas del problema. Como mencionó el académico Dante Haro Reyes el viernes pasado en un foro sobre seguridad en la Universidad de Guadalajara: “el ejército es la última frontera, recurrir a él significa que no tenemos nada, sólo un grito desesperado”.

jorge_naredo@yahoo.com

miércoles, 6 de junio de 2007

Reseña y fotos pendientes de la conferencia de " El Físgon" en la UAM-X



El Jueves pasado se llevo acabo la Conferencia “Los Empresarios en el Poder” A cargo de Rafael Barajas “El fisgón” en la Universidad Autónoma Metropolitana unidad Xochimilco.

Después de una semblanza de la trayectoria del caricaturista, dio inicio la conferencia.

El primer punto que toco fue “La guerra contra el narcotráfico”; explico la importancia del narcotráfico, ya que se encuentra en una de las principales 3 fuentes de divisas del país junto con: el petróleo y las remesas, por lo cuál es un gran negocio, y el hecho de que sea ilegal eleva mucho más el costo de la droga.

Pero entorno al narcotráfico gira otros factores como lo son el Político, el Policiaco y el Empresarial que ayudan a su sustento y por supuesto Estados Unidos que es el principal consumidor.

Mencionó que la economía esta regida por la droga, citó casos especiales como Vietnam y los plantíos en Camboya, el caso Irán – Contra, y la reciente introducción del cultivo de amapola por parte del ejercito estadounidense en Afganistán.

Criticó el uso del ejército para la supuesta “lucha contra el narcotráfico”, ya que como mencionó es la última carta que debe usar el gobierno, pues su uso provoca violencia. El gobierno espurio se ha valido de esto para ganar una legitimidad que no ganó en las urnas, haciendo una campaña publicitaria para manipular a las masas, la técnica es buscar un enemigo en común para unir al pueblo en contra de este y para Calderón su pretexto fue el narcotráfico, para así conseguir la militarización del país y nadie diga nada, al contrario acostumbrarse.

Se refirió a México como el país de los monopolios, pues hay monopolios en la producción de cementos (CEMEX) , maíz ( Monsanto- Maseca), Telefonía ( Telmex-Tecel), y el dúopolio Televisivo ( Televisa y TV Azteca).

Monopolios que fue evaden impuestos o hacen un pago mínimo de estos, grandes monopolios y dio ejemplos como: Bimbo con el 3.2%, Grupo CARSO 3.7% y grupo ALFA pagó menos de 8 mil pesos el año pasado, mientras los maestros (haciendo referencia a los de la UAM) pagaron 25 % de su ingreso.

Acerca del Estado Benefactor, mencionó que a partir de la implantación del modelo neoliberal y TLC (Tratado de Libre Comercio) se ha deteriorado y el golpe más fuerte para que desaparezca por completo es la Ley del ISSSTE, ya que el Estado deja tener alguna obligación con el trabajador. El salario mínimo y el fraude electoral del 2 de Julio de 2006, son otra evidencia que el Estado Benefactor -que surgió en los años 30- esta en decadencia. Por lo contario el proyecto de FECAL da beneficios a un grupo empresarial convirtiendo su gobierno en un régimen de “Liberalismo Autoritario” pues es violento y ocupa al ejercito para sus fines; como antecedente más cercano a este régimen cito el caso de Chile con Augusto Pinochet.

Concluyó diciendo que los movimientos sociales -Atenco, Oaxaca, Minera Sn Xavier-son criminalizados por el gobierno “usurpador”, mientras los delincuentes de “cuello blanco” viven en total impunidad.