viernes, 29 de febrero de 2008

Huelga UAM

Editorial
UAM: a quién le sirve la huelga

Cuando la huelga que mantiene paralizada a la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) está por cumplir un mes, no parece haber manera de acercar las posiciones sindicales y las de la rectoría de esa institución pública de educación superior; más bien se ponen de manifiesto intentos de sectores no identificados por prolongar el paro laboral.

Sólo de esa forma puede entenderse la irrupción que tuvo lugar ayer en el local de Coapa en el que tenía lugar una ronda de negociaciones entre representantes del Sindicato de Trabajadores de la Universidad Autónoma Metropolitana (SITUAM) y funcionarios de la casa de estudios. Un pequeño grupo de individuos que afirmaron ser estudiantes de la UAM agredieron físicamente, sin justificación alguna, a funcionarios de la universidad, a los dirigentes sindicales y a informadores que cubrían el encuentro, y lograron interrumpir las pláticas.

Resulta claro, a estas alturas, que el desencuentro entre autoridades universitarias y la dirigencia sindical, que desembocó en el paro de labores iniciado el pasado primero de febrero, ha resultado muy oneroso para los trabajadores, para la institución y para los estudiantes, y que es urgente lograr acuerdos para ponerle fin a la brevedad. En tal circunstancia, el empeño por reventar las negociaciones, tan desembozado como inexplicable, lesiona por igual a los tres sectores.

En otros movimientos laborales universitarios del pasado se ha puesto de manifiesto una solidaridad estudiantil abierta y fraterna hacia los asalariados en huelga. En el incidente referido no hubo solidaridad sino agresión, aunque no resulta claro si los agresores son, efectivamente, estudiantes uameros víctimas de una deplorable intoxicación ideológica, o si se trató de un grupo de choque ajeno a la institución.

Sea cual fuere la identidad de los atacantes, su acción beneficia, en forma objetiva, a los intereses neoliberales, clasistas y reaccionarios que pugnan por la erosión y la desarticulación de las instituciones públicas de educación superior, para los cuales resulta redituable que el conflicto laboral en la UAM se prolongue de manera indefinida para justificar, así, su abandono presupuestal.

Son varias las voces del grupo gobernante que han pretendido presentar a la UNAM, a la UAM y a otras universidades públicas como nidos de revoltosos, cotos de sindicalistas holgazanes y privilegiados y refugio de educandos mediocres que abandonan el estudio para dedicarse a la grilla, un retrato doloso y falso. Los actos de provocación como el ocurrido ayer parecen, en este contexto, intentos por aportar a tal retrato alguna pincelada de verosimilitud.

Es urgente, pues, que la autoridad universitaria y la dirigencia sindical sean capaces de aislar a los provocadores y que superen a la brevedad sus diferencias, a fin de que la UAM retome sus actividades cuanto antes.

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